Wednesday, January 25, 2006

Eugenio Chang-Rodríguez: Presentación a Identidad(es) del Perú en la literatura y las artes

Me es grato hacer uso de la palabra en el Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores para presentar Identidad(es) del Perú en la literatura y las artes. He aceptado participar en este acto cultural en parte porque está vinculado con Ottawa, ciudad que aprecio desde que la visité hace algunos años cuando evalué el programa de postgrado en Estudios Hispánicos de su Universidad y a la que, por compromisos contraídos previamente, en 1996 no pude volver cuando el Embajador Óscar Maúrtua de Romaña, nuestro actual Canciller, me invitó a dictar unas conferencias en esa ciudad.
Como otros latinoamericanos, los peruanos estamos acosados por la problemática de la identidad, tema central del libro que comentamos. ¿Quiénes somos? ¿A qué parcela cultura pertenecemos? ¿De qué manera nuestra pertenencia a una u otra cultura, o a varias, determina nuestro sistema de valores y actitudes? ¿Cómo se sustentan nuestras reflexiones frente a los desafíos diarios de la vida? Los autores de las ponencias recogidas en este tomo tratan de contestar estas y otras preguntas al ocuparse de las obras literarias y artísticas con moderna metodología y estrategia crítica.
Hoy me permito resaltar brevemente algunos de los dieciocho trabajos que más han concitado mi atención, en particular los vinculados con la identidad andina trasladada a los Estados Unidos por centenares de miles que integran su población hispanohablante. Autollamada “latina”, esta población, por ser tan numerosa ocupa el tercer lugar en el mundo, después de México y España. En su ponencia Ulises J. Zevallos (Ohio State University) trata de los múltiples planos de la identidad “andina”. Aplicado a nuestra patria, el vocablo “andino”, tan caro al historiador Franklin Pease, abarca a los habitantes de las tres regiones geográficas del país, que constituyen la mayoría de los 233 926 peruanos registrados en el censo estadounidense de 2000. Según cálculos bien fundamentados, su número ha crecido a medio millón en 2006. Los testimonios de tres de ellos han sido recogidos por Zevallos para mostrar cuánto de sus creencias, valores y competencia lingüística retienen en su nuevo hábitat.
Quienes hemos residido en la Unión Norteamericana por varias décadas, podemos complementar los datos proporcionados en este ensayo. En la década de los años 1940 vivían en el área metropolitana de Nueva York unos cuantos miles de peruanos, en su mayoría residentes legales. Algunos, estudiaban en universidades y colegios. En las décadas siguientes, llegaron veintenas de miles más, particularmente al Estado de Nueva Jersey. Aun así, en el 2006 los peruanos no son tan numerosos como los mexicanos, ecuatorianos y colombianos ni, por supuesto, los caribeños, aunque algunos exageren su número sin la apropiada documentación.
Se ha afirmado que antes de los años de 1970, salir del Perú era entonces "casi privilegio de las clases altas y de los profesionales liberales". Emigrar del Perú era "sinónimo de prestigio, especialmente cuando los destinos eran Europa y EE. UU." afirma un antropólogo social 1. En los decenios siguientes, la ola migratoria se incrementó, principalmente por la explosión demográfica, el deterioro económico y la inseguridad social acentuada por el terrorismo. Varios ensayos de la última sección del volumen que presentamos se ocupan de esta etapa migratoria.
En el proceso de adaptación a la sociedad norteamericana, los peruanos profesionales y económicamente mejor establecidos han desarrollado una reacción defensiva agrupándose en instituciones sociales y profesionales. Los de menor éxito económico han constituido organizaciones religiosas y deportivas paralelas. Es un mérito que un centenar de instituciones peruanas en los Estados Unidos desde 1985 se reúna anualmente en diferentes ciudades de Norteamérica y el Perú, como lo harán en Lima del 19 al 22 de febrero de este año, bajo la presidencia de Julio Salazar, recientemente condecorado por nuestra Cancillería 2.
El otro trabajo del libro que comentamos es “Identidad: Ciro Alegría y Manuel Scorza”. En esta comunicación Alix Camacho (State University of NY, campus de Oneonta) recuerda cómo por medio de la literatura los dos grandes narradores se propusieron integrar al indio a la nación peruana. Algunos de sus párrafos sintetizan las características de la narrativa de Ciro Alegría, sobre las cuales tuve la oportunidad de conversar e intercambiar correspondencia tal como consta en Entre dos fuegos, que se presentará mañana en la Sala Miguel Grau del Congreso de la República. En efecto, Ciro Alegría intentó darle identidad al indígena por medio de sus novelas, cuentos y poesía. Acató el mandato de la modernidad que exige la unificación y homogeneización de los miembros integrantes de la sociedad. Sus esfuerzos se plasman en La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1941). Alix Camacho explica cómo estas obras realistas ofrecen un discurso moderno y dinámico que proyecta los problemas del amerindio en el ámbito nacional creando “universos imaginarios” que dan la impresión de ser reales” 3. Efectivamente, el gran novelista del norte del Perú consiguió sus objetivos configurando el texto con nueva norma de composición, lenguaje y estilo con el fin de mostrar la heterogeneidad de los personajes y revelar su identidad; puso en contrapunto el pasado idílico del mundo incaico, de la comunidad campesina y el doloroso presente; resaltó las diferencias entre explotadores y explotados, blancos y amerindios, mestizos y cholos; todos ellos personificados no como individuos aislados sino como productos de un grupo, colectividad, comunidad o clase social. La verosímil descripción del sujeto en el contexto de la narrativa de Alegría es crucial en la explicación de su identidad.
Alix Camacho es menos convincente en su análisis del neoindigenismo de Manuel Scorza, donde la objetividad es reemplazada por la subjetividad. El autor descuida algunos aspectos fundamentales señalados en nuestro volumen Proyección de lo indígena en las literaturas de la América Hispánica 4. Camacho menciona brevemente la multiplicidad de enfoques y exagera cuando afirman “El tema de la identidad pierde la importancia que le dio el discurso indigenista porque ahora el autor se preocupa de dar a conocer los hechos que causaron la marginación” (p. 59). El artículo enfoca mejor la estructura atemporal de la narrativa de Scorza, al unir el pasado, el presente y el futuro ante la imposibilidad de establecer una cronología en sus libros, según confesión propia (p. 61). Siguiendo un contexto histórico en el que interviene la dimensión mágico‑mítica de su poesía, Scorza publicó La guerra silenciosa, saga integrada por Redoble por Rancas (1970), Historia de Garabombo, el invisible (1972), El jinete insomne (1976), Cantar de Agapito Robles (1976) y La tumba del relámpago (1978) 5.
Como lo he sostenido en otras oportunidades 6, una atmósfera mágica y un lirismo simbólico‑alegórico nutren la realidad de las primeras novelas de Scorza. Aunque rehusó ser considerado autor indigenista, Scorza, como José María Arguedas en Todas las sangres (1964), contribuyó a ampliar la técnica del neoindigenismo. En su versión narrativa, Scorza utiliza algunos rasgos de los escritores del Boom 7. Su experimentación técnica le permite representar más cabalmente el mundo de los comuneros, porque al utiliza el punto de vista de los protagonistas y recurre a los mitos muestra la realidad andina desde dentro.
Como testigo de los hechos, Scorza teje los hilos narrativos, cual si estuviera componiendo una balada popular con timbre patético-satírico. La historia de la expoliación y su secuela de penurias se amplía en sus cinco novelas ligadas entre sí. Empero, el texto de las cuatro primeras novelas es contradictorio. En su intento de resolver la contradicción, en la quinta novela del ciclo el autor opta por la modernidad occidental. A pesar de ello, en las cinco obras narrativas se alternan capítulos que narran simultáneamente dos o más historias de diferentes épocas. Esa fragmentación se desarrolla en el tiempo no-lineal, característico de la cosmovisión mítica del indígena, y le permite al autor incorporar algunos mitos fundamentales 8. Con todo, esta visión no constituye el substrato de su narración, como en Los ríos profundos y en El zorro de arriba y el zorro de abajo de José María Arguedas. Consciente de la deficiencia, Scorza recurre al realismo mágico o inventa mitos literarios para representar la cultura indígena. A menudo, los mitos se encuentran intercalados en el texto con el propósito de representar la perspectiva de los dirigentes indígenas empeñados en emplearlos como armas de resistencia revolucionaria.
Para concluir, mencionaré la última ponencia del libro que presentamos. Escrita por Paolo de Lima, el trabajo se ocupa de la violencia política en el Perú, la globalización y la poesía en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Cubre de 1980 a 1992, cuando aparecieron los “tres tristes tigres”, editores de la efímera revista de poesía Trompa de Eustaquio y ganadores de algunos premios literarios. Paolo de Lima analiza un poema de cada uno de estos “tigres”, en el cual resalta la realidad político-social y el fenómeno de la violencia, expuesta recientemente por la Comisión de la Verdad presidida por Salomón Lerner.
Agradecemos y felicitamos a los editores por haber reunido en el volumen que presentamos importantes aportaciones al tema fundamental de la identidad en la literatura y las artes de nuestra patria.

..................

1 Teófilo Altamirano, Éxodo: peruanos en el exterior (Lima: PUCP, 1992), 61.

2 Una síntesis de la organización y temas debatidos en las cuatro primeras convenciones se encuentra en el segundo capítulo de Teófilo Altamirano, Los que se fueron: peruanos en los Estados Unidos (Lima: PUCP, 1990). Sobre las tres convenciones siguientes, consúltese por el mismo autor Éxodo, 11-123.

3 Antonio Cornejo Polar: “La narrativa de Ciro Alegría: diseño general”, p. 374.

4 Eugenio Chang-Rodríguez y Alfredo Roggiano, eds Revista Iberoamericana: Proyección de lo indígena en las literaturas de la América Hispánica. 50.127 (1984): 337-624.

5 Entrevistado en Madrid por un profesor de la Universidad Complutense, Scorza le declaró: “Yo considero que La tumba del relámpago es el libro épico en el sentido más profundo de la palabra, es el más maduro, y quizá, mi mejor libro. Ahí, los personajes han llegado a acceder a lo épico, pero partiendo de la novela lírica y onírica; todo está al servicio de la tragedia; es una tragedia la que se pinta allí en términos clásicos” (José Julio Perlado, "Manuel Scorza: «Sobre la irrealidad total, he puesto la realidad absoluta»" Entrevista inédita (1979 publicada en Internet).

6 En “Revaloración de la narrativa de Manuel Scorza”, mi ponencia en el Congreso de Narrativa Peruana de Madrid (junio de 2005), por ejemplo.

7 Ibíd.

8 E.g. el fragmento de Dioses y hombres de Huarochirí en el capítulo 35 de Garabombo, el invisible y el mito de Inkarrí, al comienzo de La tumba del relámpago.