Monday, October 08, 2007

Encuentro con Blanca Varela

Encuentro con Blanca Varela[1]

Por Yolanda Pantín

Hablar de poesía

Durante la semana que duró la invitación que la trajo a Caracas para dictar el veredicto del Premio Internacional de Poesía Juan Antonio Pérez Bonalde en Agosto de 1996, escuché hablar a Blanca Varela. Fueron pocas las veces que me permitió acotar algo al río de su conversación. No me importó, yo quería escucharla. Me fascinaba descubrir en sus relatos y, sobre todo, en las anécdotas domésticas, triviales, banales, llenas de mínimos detalles: el tipo de ropa que le gusta, dónde la compra, cuántas veces a la semana se arregla el cabello, el carácter de sus hijos, tan diferentes, en la mención a sus nueras, sus nietas, sus empleadas, a Szyszlo, a su madre, a sus hermanas, los signos terribles de su poesía, la implacabilidad de su mirada. Tenía la intención de hacerle una entrevista literaria pero oyéndola hablar tuve casi la certeza de que cualquier cosa que me dijera, sin que mediara un mínimo de intimidad entre nosotras, iban a ser lecciones aprendidas a lo largo de la vida, lugares comunes de un discurso mayor del que descree. “Las mujeres —le escuché decir— hemos abordado temas más modestos, menos importantes”.
“Soy una persona terriblemente previsible, siempre he sido así”, me decía mientras revisaba cada una de las gavetas de la cómoda del hotel. Parecía tener miedo de dejar algo; revisó sus maletas y sus papeles varias veces.
Lo único que en el trayecto llamó su atención de una ciudad que no conocía, un momento de asombro, fue el verde de las colinas que se derraman desde Caracas hacia el aeropuerto Simón Bolívar en Maiquetía. “Qué bonito” me dijo. Traté de recordar en sus libros momentos de celebración. No pude entonces. El cielo, testigo de su feroz interpelación a un dios muy cruel, parece cubrir con calma indiferencia aquel “oscuro laberinto profundo” que puede ser la vida. Un cielo semejante al de algunos de los poemas de su coterráneo y contemporáneo Jorge Eduardo Eielson que leía entonces con mucho interés y admiración. Pero viéndola contemplar el hermoso paisaje no dejé de pensar en otro de sus versos: “el suplicio comienza con la luz”.
En Maiquetía buscamos un lugar tranquilo para seguir conversando. Blanca huía del ruido, de la gente. Encontramos refugio en uno de esos restaurantes que son iguales en todos los aeropuertos del mundo. El hecho de que no hubiese café la confundió. Mientras tomaba el refresco que pidió a cambio, sacaba la cuenta de las horas que podía dormir y descansar antes de salir al día siguiente para Chile atendiendo otra invitación. Estaba cansada, la noche anterior había dormido poco. Odiaba verse así, pálida, ojerosa. Cuando nos despedimos, al fin, frente a la aduana, lo último que me dijo con aquella elegancia que nace del hartazgo, del enorme fastidio que parece producirle la humanidad, sin muchos aspavientos, sin demasiada efusión, fue: “Adiós Yolanda, sé feliz”.
Entonces, al llegar a mi casa, para que no se perdiera lo vivido y las palabras no se las llevara el viento, escribí este retrato que en su momento ella me autorizó publicar:

Retrato de memoria

Yo vivo en una casa muy grande, de tres pisos, frente al océano. A veces, tarde en la noche, mi hijo Vicente que vive justo debajo de mí, me llama por teléfono y me pregunta: ¿Qué haces, Varela? Me llama así, Varela. Yo le digo: nada, estoy viendo televisión. Entonces él me invita a tomar un whisky para ver la luna desde su terraza, una vista preciosa.
Desde la ventana de mi oficina miro a un terreno baldío. El otro día estaba una criatura como de once años rodeada por un grupo de niños que aspiraban pegamento. Escribí un poema llamado “Ternera acosada por tábanos”. Un buen título, ¿no? Es terrible.
Yo he tenido una vida espléndida, no me puedo quejar. He viajado por el mundo entero, he vivido en París, en Nueva York, en Washington, pero quise regresar al Perú. Elegí vivir en la pobreza.
No sé, he leído mucha poesía…soy una buena lectora de poesía. A veces veo que hay poetas que son demasiado “poetas”, ¿me entiendes? Muy pendientes de lo estético… eso me distancia un poquito. Yo no hago concesiones. Mis poemas nacen de otra cosa.
Veo que en la poesía venezolana hay muchas referencias a los asuntos familiares: los padres, los tíos, los hermanos, la casa solariega. Yo también tengo mi retrato de familia, pero ya sabes cómo es.
Cuando mi hijo Lorenzo tenía catorce años, pasaba al lado mío y no me veía, como si yo no existiera, como si fuese transparente. No sabes cómo me dolía. Entonces escribí “Casa de cuervos”.
Yo miento mucho. Pero miento en las cosas pequeñas, es curioso, en las cosas que no tienen importancia, digo mentiras tontas; te dije que el lunes es el cumpleaños de mi madre, pero no es así, es el cumpleaños de una de mis nietas. No se por qué te dije eso. Quien no miente es la poesía, ¿cierto?
Me llevo estupendamente bien con mi madre. Es una mujer fantástica. Tiene noventa y un años y todavía usa tacones. Además, huele a rosas. Se ha casado tres veces, una mujer muy fuerte, llena de vitalidad. Es una especie de gloria patria, la gente la adora, sus cumpleaños son fiestas nacionales, escribe poemas populares, canciones. Mi madre me admira mucho, está muy pendiente de mí. Yo la mimo. Cuando voy de viaje le llevo cosas preciosas. La última vez que fui a Nueva York, le compré un traje de paillete, no pude evitarlo, un traje negro, una maravilla.
Mi padre era un hombre muy fino, el primer marido de mi madre. De una vieja familia de la oligarquía venida a menos, gente que no trabajó nunca en la vida, que se fueron comiendo la herencia hasta quedar prácticamente sin nada. Era de verdad un hombre muy refinado. Cuando yo salía era él quien me hacía las uñas. A los quince años comencé a fumar. Mi padre un día me abrió la cartera y vio la caja de cerillas. ¿Sabes qué hizo? La sacó y sin decir palabra, metió dentro del bolso un encendedor de oro, muy bello. Así era mi padre.
Un sicoanalista amigo mío, un hombre brillante, Max Hernández, me dijo que yo era más padre que madre. Qué curioso, ¿no?
Yo he sido una mujer muy seductora. A veces me miraba en el espejo y me encantaba, ese brillo de la mirada. Hasta que no me gusté más. Cuando era joven e iba a las fiestas, me fijaba en el hombre más guapo de la reunión, y ¿puedes creerlo? enseguida estaba al lado mío y me invitaba a bailar. Pero siempre resultaban tan aburridos…
No me gustan las mujeres pero tampoco me gustan los hombres. A ver ¿qué clase de hombres me gustan a mí? Odio a los hombres con las uñas arregladas, me horroriza la idea de que una mano así me toque. Es extraño, pero cuando era joven y vivía en París, me gustó un hombre pequeño, feo, con una pelusa en la cabeza y gotas de sudor sobre el labio. Yo no podía creerlo, qué me está pasando, pero me gustaba, tenía algo.
Me gusta mucho la pintura de Bacon, esas figuras borradas. Hace poco fui a ver una exposición de él en Nueva York y me tuve que salir de la sala. No lo pude resistir.
Yo no digo lisuras, pero ahora me gustaría decir: Carajo. ¿Ustedes dicen carajo? Quiero irme al quinto coño. No quiero despedirme de nadie, odio las despedidas.
Mi nieta Manuela me imita, qué graciosa. ¿Cómo hace tu abuela? le preguntan. Y ella tuerce un poquito la boca, ese rictus que yo tengo. ¿Te fijaste? Lo hace perfecto.
Cuando niña, la boca de los adultos me daba asco. Me besaban y yo inmediatamente me secaba la mejilla.
A las mujeres les gusta que les regalen perfumes, ¿no? Yo uso un perfume muy raro de Guerlain, un perfume difícil de conseguir.
No hemos hablado casi de poesía. Hace poco en Lima, invité a mi casa a un grupo de poetas. Una de ellas las previno: Blanca Varela es una señoritinga, nos va a ofrecer whisky, ya verán. Bueno, les ofrecí whisky, vino, vodka, lo que ellas quisieron. ¿Sabes de qué hablamos toda la tarde? Pues de hombres, de cosas de mujeres.
¿Te gustaron las cosas que leí de Ejercicios materiales? Yo creo que no voy a escribir más así, creo que toqué un límite, me da miedo caer en una retórica del horror, por decir algo. Son poemas tremendos, cuando digo que Dios es una mosca que mato contra la pared. Qué bruta ¿no? Ese poema lo escribí en cama, con un resfriado terrible. Agarré un papel y lo escribí. Al día siguiente lo pasé a máquina, un poco para saber qué era lo que había hecho. Y me gustó, le corregí muy pocas cosas.
Lo que escribí después de ese libro es diferente, se llama El libro de barro. Sentí la necesidad de hacer un recuento de mi vida. El libro vino solo, como suele suceder, sin que yo lo buscara. Estaba en una casa de playa con unas amigas que me invitaron a pasar con ellas unos días. Cuando llegamos me dieron un cuarto para mí sola: Blanca quiere estar sola. Se los agradecí muchísimo. Yo me iba en las tardes a mirar el océano. Entonces, un día, hundí las manos en la arena y sentí que estaba tocando algo muy antiguo. En ese libro hago por primera vez mención a mi padre cuando digo: “mi padre sonríe”. Y es que en mi poesía hay mucha ternura.

El poso

Leo este retrato muchos años después aunque conservo intacta la emoción que me animó hacerlo. Del trato con Blanca Varela surgió el permiso para publicar en la editorial Pequeña Venecia de Caracas, el poemario Ejercicios Materiales que había salido antes en Lima. Luego recibí por correo un ejemplar de El libro de barro. Y ocurrió el accidente donde murió su hijo Lorenzo. La otra vez que nos vimos fue en Lima en 1999, el mismo año que publicó Concierto animal. Estuve un rato en su casa frente al océano hasta que un grupo de poetisas nos fuimos junto con ella a la casa de Giovanna Pollarollo para seguir hablando de las cosas de la vida, como hacemos las mujeres cuando nos reunimos.
Tengo una deuda personal con Blanca Varela, una deuda de la que ella en su lucidez me previno al decirme que tenía la certeza de que al pagarla la iba a matar simbólicamente dentro de mí. Le debo en intención, al menos, como tantas amigas, desconfiar de las palabras, no prodigarlas, no dejarse encantar ni encandilar por bellos edificios verbales. Ser compasiva y cruel, al mismo tiempo, cuando nos ha tocado a nosotras mismas romper nuestra imagen frente al espejo y con ello los mitos que sostienen nuestra condición de madres, de amantes y de hijas para rehacer nuestras rotas identidades. Así, la mayor deuda que podemos tener con esta poeta es su riguroso ascetismo, su trato ético con las palabras, y la libertad de atreverse a ver “más allá de las cosas, de los objetos, de los gestos”; saber regresar de los frecuentes viajes al fondo de sí misma (“aquella región muy delgada, muy peligrosa a veces” —como le dijo a Edgar O’Hara[2]), “con pequeños objetos, con restos extraños, con fragmentos de cosas misteriosamente irreconocibles…”.
Blanca fue muy generosa al permitirme en esos diálogos en Caracas volver la vista para reconocer al padre. Esa extraordinaria posibilidad que deviene en otra forma de escritura cuando se abren otras puertas, pude verla en los poemas de El libro de barro que leí entonces como una invitación al desprendimiento. Recuerdo cómo me llamó la atención la frase “mi padre sonríe” y el hecho —según su relato— de que ese poemario hubiese surgido cuando hundió la mano en la arena y tocó algo misterioso y extraño. Ese “frágil huesecillo de la estirpe” que la poeta encontró al azar un día que fue a la playa con sus amigas, es también lo menor, lo deleznable, lo que nadie se detendría jamás a considerar, pero donde ella pensó la posibilidad de una respuesta a su angustioso requerimiento. Es verdad que Concierto animal cierra esa puerta, pero también es cierto que en ese libro la poeta encontró el “hueso” de la escritura.
Así, volviendo a la deuda que muchos tenemos con Blanca Varela, quisiera agregar algo. Yo creo que parte del trabajo de un poeta consiste en olvidar todo lo que ha leído, todo lo que ha amado intensamente, para que quede la escritura como un poso donde las voces se confunden y no le pertenecen a nadie. Si eso no se hiciera, deslastrarse de los recuerdos y de los poemas que nos han marcado con la misma intensidad que una relación amorosa, sería imposible igual vivir que escribir (si se entiende como escritura eso que llaman —equívocamente— tener “voz propia”).

[1] Publicado en Silva Santisteban, Rocío y Mariela Dreyfus. Nadie sabe mis cosas. Ensayos sobre la poesía de Blanca Varela. Lima: Fondo Editorial del Congreso, 2007. Una versión abreviada apareció originalmente en El Libro Actual 20, 1996-1997, Caracas.
[2] O’Hara, Edgar. “El recuerdo del recuerdo. Entrevista con Blanca Varela”. La Gaceta del Fondo de Cultura Económica. Nueva época. Nº 178. México D.F., octubre de 1985.


En la foto: FIL Guadalajara 2005, donde se ofreció un tributo a Blanca Varela, quien fue representada por su hijo Vicente de Szyszlo. De pie: Giovanna Pollarolo, Mariela Dreyfus, Patricia Alba. Sentadas: Rossella Di Paolo, Carmen Ollé, Rocío Silva Santisteban.

Kurosawa’s Dreams

Por Raúl Zurita
(Translation by Anna Deeny)


KUROSAWA'S DREAM 143

Like shame that possessed me then I began
to dream. The lagoon is yellowish and beyond the
salt promontories that encircle it is the ocean.
The beach entrance is called Punta de Lobos and the
salt mines are nearby. We cross the lagoon in a
boat led by a barefooted oarsman and I feel the
clamor of the gigantic breakers thrashing
at least 50 feet away. During the dictatorship the
place became popular because Pinochet had
turned it into one of his summer resorts and now
it is a surfer’s paradise. Neither the mines nor the
lagoon have survived and I had forgotten them
completely. Some days following the death of my
grandmother I remembered them: the boatman rowed
in front of me and behind him there were walls of salt.
I am five years old, my sister is three and we are with
my grandmother. Born in Italy, in Rapallo, she
arrived to Chile with my mother still a child. Both
were widowed two days apart. My mother,
then my grandmother. It was a short summer.
My mother, my grandmother, my sister. My grandmother
died in 1986. I survived a dictatorship, but not
the shame. Many years later, when it was
my turn, her face came down upon me like
a white mountain of salt. I wanted to write it, but
the words, like smoldering entrails, arrived
dead to my fingers. My name: Akira Kurosawa.



KUROSAWA'S DREAM 144

Today Buenos Aires has disappeared. In a few more
hours all of the cordillera cities will fall and
before the end of the day the avalanche of white
bodies will overcome the Andes and Santiago will
disappear. It is inevitable and my father has come back
to wait with us. His face shows signs of
fatigue and he looks much older than he should
at 31. He told us that he had come back and
nothing more. Some days before, my grandparents
had returned, my mother’s parents. I have been
observing them, they don’t speak to each other and
have merely returned. Unlike my father, they look
younger, but they have the same tired expression.
It’s good that the family reunites, says my
mother who’s now alone with my father.
I hear someone cry. Mama or my father who’s come back,
I don’t know. My grandparents have also left and
once in a while they watch me. Veli is not who I
remembered her to be and has no memories of
my grandfather. He wears a worn blue aviator
uniform and I know it is the one Veli kept at home.
It has begun to snow. For many days now the
television shows only images of the multitudes
each time greater clasping each other over the
snows of the Andes. The end is imminent and
I light the watchman’s candle. It’s very cold.
Someone was telling me that Kurosawa is
a word written with letters of snow and of the end.



KUROSAWA'S DREAM 145

The end has come. The white crevices extend
themselves open in the horizon and as I awake
I know that I’d been in the cordillera. I made
coffee and decided to wait. Some time ago
I sold Olivetti typewriters and it didn’t
surprise me to come across the sales team
again. We were a group of twelve and
Dezerega assigned territories. He was our boss.
The fact that several had died already, including
Dezerega didn’t surprise me either. I finished
my coffee and remembered how he tried to defend me when
they threw me out. The room where we met in the
mornings was like a classroom, with
lined up desks and Dezerega’s up front. I think
that I began to respect Dezerega, also Luis
Cerda, the guy covered for me and would wait for me
to take off to the bowling alley for a cup coffee. I saw Luis
Cerda not long ago. He had dozens of typewriters
piled up in his room, some Lettera 32s that are
grey. He said they were leftovers and that
it didn’t matter because no one uses typewriters
anymore. Today is already too late. The repression has been
ferocious and they have thrown the bodies over the sea and the
mountains. As I get up I notice that I cannot
move my arms that are frozen below the snow.
Kurosawa, I said, I was just a typewriter
salesman and now I’m dead and it snows.



KUROSAWA'S DREAM 146

The stars transformed themselves into that rose glow of
early morning and soon it will be light out. For
several days now I have only slept short whiles in
the midst of a torrent of images from which I
awaken startled. I was standing, several
inches from a promontory of ice that
transparent managed to reveal infinities of faces
that moved their lips as if they attempted to say
something. One of the faces was Víctor Jara’s the
singer and it surprised me that he was there because
I knew he had been killed in a Chilean stadium.
As I woke up, on the radio they were playing La
plegaria del Labrador and my survival
instincts made me get up right away to turn it
off. The song didn’t come from there because the
radio had broken some time ago, but the
music continued. I dressed and went out. The day brightened
and the song appeared to emerge from everywhere. As
I looked around not far away I saw a chain of
the other summits and realized that he was
dangling from the one that should be jutting out. The voice of
Víctor Jara now completely covered the summits
of The Andes and I wanted to cry but could not. The ice
cap covered me impeding any
movement and I could only move my lips.
Wake up and look at your hands, I sang softly.
On the other side, someone with my face watched me.



PAPA HAS RETURNED

The mountain summit retreated vanishing
inside the sky and I definitely knew my father
would die. I remembered that a long time ago
it did not snow over Santiago and I told myself that I had
already lived enough, that I already was much
older than he and that I was fine. I thanked him for
having waited 55 years to come back because at
57 I could take it. I picked out his clothes and began
to dress him. My shirts were a little big for him
and while lifting his head to put on the one that
seemed best I felt the first wave of
tears behind my eyes struggling to get out.
I told myself again that father died 55 years ago, at
31 years of age, exactly the 16th of February, and that
maybe I missed him, but it’s not something that
I would have thought much about. I didn’t know when
he came back. He moved into my guest room and for the
last years we’ve been able to speak some. Now he had
died and I dressed him while my mother and my
sister waited in the living room. When I opened the
door to tell them that they could come in the fury
of the wind and hail thrashed me stunning me and
blind I ran across the field. Kurosawa, I yelled,
he returned to die again with me. As I opened
my eyes above me I saw the dizzying white of
the summit and much further below the first lights of
the city illuminating. Only then could I cry.

Sunday, October 07, 2007

Luis Hernández 4

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Luis Hernández 3

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Luis Hernández 2

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Luis Hernández 1

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Wednesday, October 03, 2007

Foto Feria Barcelona 2

Los Príncipes de Asturias y Girona con el Embajador del Perú en España, José Luis Pérez Sánchez Cerro. Stand Perú.

Foto Feria Barcelona

Inauguración oficial del salón internacional del libro -Liber- presidida por Los Príncipes de Asturias y Girona.

Tuesday, October 02, 2007

Mujer bonita, mujer ballena

Por Jack Martínez*

Alonso Cueto cuenta con un nuevo reconocimiento literario: el de finalista del concurso Planeta-Casa de América de Narrativa Iberoamericana 2007, por la novela El susurro de la mujer ballena. De ella se ha dicho, entre muchas cosas, que se trata de la mejor novela de Cueto en los últimos años. Pero lo cierto es que la comparación entre ésta y sus antecesoras más conocidas (La hora azul y Grandes miradas) resulta un tanto inapropiada si se considera que El susurro... no es una novela que encierra un argumento –ni un escenario– marcado por la violencia política vinculada con el terrorismo en las décadas finales del siglo XX. El susurro..., lejos de ello, es un melodrama situado en Lima, en que el elemento sentimental de los personajes adquiere dimensiones preponderantes.
Se trata de una historia de amor-odio entre las dos protagonistas: Verónica, periodista madura, bella y exitosa; y Rebeca, la "mujer ballena", de cuerpo descomunal, torpe, antisocial y rica. La tensión se instala a través del reencuentro de estos dos personajes después de muchos años (ellas fueron compañeras de colegio y en ese entonces compartieron momentos de íntima amistad, entre lecturas y canciones). El recuerdo del lejano pasado conlleva a despertar un suceso desagradable y traumático en la "mujer ballena", suceso humillante provocado por quien fuera en aquel tiempo su única y mejor amiga: Verónica.
Esta última percibe un comportamiento extraño de parte de la "mujer ballena" tras el reencuentro inicial y evade las constantes apariciones de Rebeca, quien con un halo de misterioso accionar mantiene latente una doble faceta: la amiga nostálgica que desea volver a ser querida, y la ex amiga que guarda aún un gran resentimiento y busca el momento propicio para la venganza. En este punto, resalta el dominio de la voz narrativa femenina (Verónica) por parte del escritor. Sin embargo, este mérito, con el que ya antes ha contado Cueto, se ve opacado por los no pocos errores gramaticales en los diálogos, que abstraen al lector de la atmósfera construida en la ficción y, por tanto, de la ilación en la narración.
El susurro... se centra, pues, en los encuentros y desencuentros de estas mujeres, con esporádicas intervenciones de otros personajes como el solitario padre de Verónica, su amante, su marido o sus pretendientes y colegas. La trama, en gran medida, se reduce al conflicto entre la "mujer ballena" y la bella periodista. Se trata de una situación que se muestra insuficiente a lo largo de las más de 300 páginas, y desemboca en escenas fácilmente predecibles: todos los contratiempos, líos y problemas de Verónica estarán ligados exclusivamente a la intervención, directa o indirecta, de Rebeca. Así, la monotonía se instala en varios capítulos de la novela.
Sin embargo, al lado opuesto se encuentra la descripción de los escenarios –en su mayoría lugares cerrados–, que contribuye a la concentración de las acciones y, en consecuencia, al desarrollo de los diálogos decisivos para el desenlace. A excepción de algunas calles de Miraflores o San Isidro, la novela se desarrolla en espacios como el interior de un avión, una limosina, cafés, centros de convenciones y la redacción del diario en que labora la periodista. Esto constituye uno de los principales méritos de la novela en pos de lograr la verosimilitud.
Sobre estas conversaciones, que son de carácter atípico, pero van acorde con el comportamiento patético de la "mujer ballena", se erige la trama. En los diálogos se exteriorizan los sentimientos y resentimientos de ambas mujeres, obedeciendo a la característica propia del melodrama como género. El susurro... pertenece a ese tipo de novelas en que lo afectivo guía el accionar de los protagonistas. Una temática recurrente en la literatura y que tiene gran aceptación entre un número considerable de lectores, pero tomada, en este caso, desde una perspectiva particular que deja de lado el amor convencional de pareja para dar lugar al conflicto y la íntima amistad entre dos mujeres.
El susurro de la mujer ballena presenta el tópico que enlaza el presente con un pasado desde el que se arrastra una cuenta pendiente. De allí parte y culmina la historia. En suma, una novela de trama elemental en la que confluye un lenguaje ágil, con algunos momentos intensos y otros que caen en los baches de lo esperado.

* Publicado en semanario Variedades Nº 99 de El Peruano. Semana del 1 al 7 de octubre.

Saturday, September 29, 2007

JALLA 2008 - Convocatoria

El Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos (CECLA) y el Departamento de Literatura de la Universidad de Chile, en colaboración con el Departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile y los departamentos respectivos de la Universidad de Concepción, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad Alberto Hurtado, más la división de Pensamiento y Cultura del Doctorado en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago de Chile, llaman a través de esta convocatoria a la participación en las VIII Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana (JALLA 2008). Este evento tendrá lugar en Santiago de Chile, entre los días 11 y 15 de agosto de 2008.

Las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana van a haber cumplido quince años cuando esta reunión se lleve a cabo. Iniciadas en el año 1993 en La Paz, Bolivia, y continuadas posteriormente, con intervalos de dos años, en Tucumán, Quito, Cusco, Santiago de Chile, Lima y Bogotá, son sin duda las reuniones de latinoamericanistas más importantes que se realizan en nuestra región. Son, como su nombre lo indica, jornadas andinas de literatura, pero a lo largo de los años el espacio que han ido cubriendo es el de América Latina en su totalidad y, desde el punto de vista disciplinario, el espacio de sus preocupaciones actuales excede con mucho el ámbito restringido de la literatura. Llamamos, por lo tanto, a entender las jornadas que se realizarán en Santiago en el 2008 en estos términos, como jornadas culturales de un modo amplio y cuyo foco es Latinoamérica como un todo. En este mismo sentido, invitamos a participar a los interesados en los temas que esta propuesta involucra cualquiera sea su lugar de proveniencia.

Además, JALLA 2008 en Santiago de Chile, ha sido pensada como un evento académico pero con la participación de otros agentes culturales. Su título será “Latinoamericanismo y Globalización”, llevados por el deseo de abordar con especial interés las prácticas de la cultura regional en un momento en que ellas se enfrentan a una alternativa de alcances planetarios, a un nuevo y debatible proyecto universalizante en cuya concepción los latinoamericanos poco o nada es lo que hemos podido decir. Nos preocupa, en consecuencia, el lugar del quehacer cultural latinoamericano y de los saberes que se ocupan de ese quehacer en el marco de un proyecto globalizador cuya meta última no es otra que el borramiento de las diferencias.

En cuanto a su organización, JALLA 2008 se desarrollará mediante un ciclo de cinco conferencias magistrales, ponencias y actividades artísticas. Entre estas últimas, se cuentan lecturas de poesía y representaciones teatrales. Un temario básico, pero no restrictivo, para la elaboración de ponencias es el siguiente:

1.- Teoría cultural y literaria en América Latina.
2.- Historia cultural y literaria latinoamericana.
3.- Saberes locales, regionales y globales
4.- Estudios indígenas
5.- Estudios afroamericanos
6.- Estudios de género
7.- Discursos migrantes
8.- Estudios culturales
9.- Oralidad y discursos performativos
10.- Memoria y patrimonio


Las propuestas de mesas y ponencias deberán ser enviadas vía correo electrónico a jallachile2008@uchile.cl, las primeras hasta el viernes 14 de diciembre de 2007 y las segundas hasta el viernes 14 de marzo de 2008. Las propuestas de ponencias deberán incluir el título, el resumen (máximo 250 palabras, formato word) y el nombre y afiliación institucional del/la ponente. Las propuestas de mesas deberán incluir el título de la misma, nombre y afiliación institucional del organizador/a, títulos y resúmenes de las ponencias (máximo cuatro ponencias por mesa) y afiliación institucional de cada uno de los/las ponentes. La extensión de las ponencias no deberá ser mayor a 9 cuartillas a doble espacio, lo que equivale a 2500 palabras y 20 minutos de lectura. Los/las participantes deberán enviar a nuestro correo electrónico, antes del 10 de Julio de 2008, una archivo en word de su trabajo para la publicación de las Memorias. Dicho trabajo deberá atenerse a las normas editoriales internacionales.


Valor de la Inscripción.

Inscripción de Estudiantes: US $ 20
Ponentes procedentes de América Latina: US $ 60
Ponentes del resto del mundo: US $ 100
Asistentes: US $ 40


Comité Organizador.

Grínor Rojo, Presidente del Comité. Director y Profesor del Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos y del Departamento de Literatura de la Universidad de Chile.

Irmtrud König, Directora del Departamento de Literatura de la Universidad de Chile.

Alicia Salomone, Profesora del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Departamento de Literatura de la Universidad de Chile.

Patricio Lizama, Director del Departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Gilberto Triviños, Director del Departamento de Literatura de la Universidad de Concepción.

Adolfo de Nordenflycht, Director del programa de Postgrado en Literatura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

María Teresa Johansson, Directora del Departamento de Literatura de la Universidad Alberto Hurtado.

Ana Pizarro, Coordinadora y Profesora de la División de Pensamiento y Cultura del Doctorado de Estudios Americanos de la Universidad de Santiago de Chile.


Para contactos:
María José Giménez A.
Coordinación General JALLA 2008
jallachile2008@uchile.cl

Thursday, September 27, 2007

La cuarta espada 5

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La cuarta espada 4

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La cuarta espada 3

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La cuarta espada 2

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La cuarta espada 1

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Kymper 11b

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Kymper 19

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Kymper 17

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Kymper 3

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Kymper 2

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Kymper 1

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Wednesday, September 26, 2007

O tempo e as palavras

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Friday, September 21, 2007

Leopoldo nos pasea s.e.u.o.

Por Raúl Mendizábal

Esta vez Manuel pone particular interés en que su libro se presente como objeto y, sin poder ni querer negarnos a la invitación, ingresamos a él por sus aspectos gráficos, donde una cuidada edición de Cecilia Podestá nos muestra a un Leopoldo ya anciano, al relator, quien con una mirada ceñuda y apariencia kabukis, indirectas en su orientalidad y mascaraje, nos remontan a un futuro incierto donde sólo los años de la vejez pueden fijar algunas pocas verdades que son las que suscriben Pessoa y Macedonio Fernández en los bellísimos epígrafes, tal vez ni siquiera pocas verdades, si no quizás la única: lo eternos que podemos llegar a ser cuando nos hemos conocido y amado.
Frente a tan serio planteamiento, el lector se prepara, obligado a tomar distancia reflexiva cuando Leopoldo cuenta en el poema inicial que ya tiene 100 años, la sorpresa es que no sólo esta preguntándose por dónde comenzar a morir sino sobre todo por dónde comenzar a vivir. ¿Quién, si no ha vivido intensamente, puede plantearse esta clase de preguntas?, ¿Un niño de 10 años por ejemplo, como los que se precian, que tiene todo en sus manos sin que nadie se de cuenta, y más importante aún, que no le importa?. ¿O es a otro Leopoldo a quien deben interesarle estas minucias? ¿Al de 50 años que en un origami desarrugado que semejan 100 para aceptarlos debe tener en cuenta el prestigio y el acreditamiento?.
Entre el espontaneísmo y el cálculo social necesario se debaten otros Leopoldos en medio del deseo, el temor a la muerte y su bonus de sabiduría cuando se trabaja en la aceptación, la ataraxia, la plenitud de las facultades y fuerzas, el azar, un relativismo proliferante y los logros, entre otros.
Todo y nada en la vida de un hombre que esta dispuesto a un retorno asegurado por la trascendencia que brinda el amor cumplido, insisto, quizás la única verdad. Después de todo y tanto, el summa summarum de los poetas del 80, entre los que Manuel Liendo es un digno representante, es que, salvo el amor todo es ilusión.
A la tarea conclusiva de este primer poema capital contribuyen aquellos del amor en sus vertientes mas poderosas (filial, fraternal, inicial, amical, docente, nostálgico) y más al alcance y en el radio propio de elección de un individuo normal pero no normado, regular pero camuflado, que no le entra a la metafísica del lenguaje, ni a la elucubración lingüística o al ad efesios formal e innecesario cual arquitecto que diseña para el tablero y no para un cliente con quien debe convenir previamente, llámese en este caso, un lector de esos que Montalbetti decía que siempre hay uno por lo menos en algún lugar a tener en cuenta.
Y en vuelta de tuerca, poesía vindicativa y reinvinticativa, poesía local, barrial, sanantonina, pa' que te lo sepas, pues.
¿Más? Leopoldo y los sueños, usados como portal para las transmigraciones, locales y temporales, de cuyas disloques hay que regresar distinto, pero entero y ojalá mejor. Marmitas evolutivas al igual que las contemplaciones de la noche y el mar.
¿Y más? Hasta de taquito: cuando hasta el fastidio por recibir encargos de viajes cuenta, contribuyendo a la organicidad de la visión y el relato.
¿Quién sino un hombre de 50 desdoblados años vividos en tenaz y honestísimo desbrozamiento poético, de mirada computadora, como decíamos los locals miraflorinos en los 70s, puede efectuar estos maridajes, en donde saltar desde la caricia al perro hasta la preocupación por las finanzas no suponga escándalo alguno.
Esfera pues, como en la viñeta, cuyos puntos están en todas partes y el centro en ninguna, conteniendo paz finalmente, debida a la fe profesada al amor y a la poesía a pesar de sus incertidumbres y a la imprevisibilidad de la vida.
Miraflores 21 de setiembre del 2007

Un esperado libro que viene desde la primera noche

Sobre Rehenes del tiempo (2007) de Walter Curonisy

Por Héctor Hernández Montecinos

Las inclusiones y exclusiones son un tema frecuente en lo que ha sido denominado como la historia de la literatura, desde siempre hasta siempre. Autores, libros, poéticas, encuentros que han sido, o querido ser, silenciados desde las más diversas fuerzas, tanto literarias, morales, económicas, sociales, etc. No se sabe lo que es estar adentro o afuera de algo, el poeta está siempre afuera, desde las convenciones morales hasta de los lugares del poder político; hay excepciones lamentables. Estar adentro implica aceptar una historización de la escritura y desde allí articularse como autor. Todo este exordio es el contexto para presentar a un autor peruano que por edad pertenecería a la generación del 60, pero por su obra y su espectral presencia se ha desencasillado de tales rótulos; es más, podríamos decir que la obra múltiple de este poeta lo hace pertenecer a todas las generaciones y tradiciones literarias.
Walter Curonisy (Lima, 1940) acaba de presentar su obra poética de toda una vida, Rehenes del tiempo, en la cual se reúnen todos los libros que el autor ha mantenido en un estoico secreto por más de un cuarto de siglo. En esta hermosa edición proyectada por el autor bajo el sigiloso cuidado de Elvira Roca Rey, se nos abre un imaginario desbordante, irónico, místico y de una sagacidad en el uso y abuso de la palabra que otros autores próximos a su edad ni siquiera pensaron en abordar. Mircea Eliade, Nietzsche, Jesucristo, Marx, Buson, Catulo, Melville, Pessoa, Cervantes son personajes de esta gran novela poética que deambula por Perú, Portugal, España, Japón, Israel, entre muchísimos lugares más. Desesperadamente nómade y trashumante esta poesía no se calla y se impone ante cualquier normatividad, tanto las de ayer, las de hoy e incluso las que vendrán porque a ciencia cierta Curonisy es un vidente ciego.
Desde cada uno de sus poemas el tiempo ha sido abolido y los únicos rehenes son los mismos textos, pero no rehenes del tiempo sino que del movimiento que este libro impele. Entre el autor y el lector puro movimiento. Entre el ojo y la mano puro movimiento. Entre la portada y la contraportada puro movimiento. Sin duda, este libro que ha permanecido más de dos décadas en los estantes del autor, hoy se nos presenta como una revelación, como un testigo presencial de los grandes momentos de la literatura como materialidad, como síntoma y como hiperlectura. Rehenes del tiempo es uno de los tesoros que la poesía peruana contemporánea tenía reservado para este momento.
Por otro lado, Walter Curonisy que fue uno de los pioneros en el teatro, la televisión y el cine en Perú, es uno de los poetas que suele llamarse místicos, porque desde su voluntario silencio ha creado una idea de Dios Poético por donde deambula su órbita de autores tan importantes como Allen Ginsberg, quien fue amigo de Curonisy durante su estadía en Lima en los años 60, a tal punto que los versos finales de su Reality sandwiches son la constatacion de una fraternidad poética que el Curonisy ha sabido construir y mantener con otros autores como Carlos Germán Belli, Cronwell Jara, Ricardo González Vigil, Luis Eduardo García, Santiago Aguilar y poetas jóvenes que ven en él a una parte entrañable del siglo 20 peruano.
Rehenes del tiempo es un libro a todas luces sorprendente por su multiplicidad de registros, de voces, de máscaras que dialogan, susurran, gritan y enmudecen al mismo tiempo. La construcción de los poemas está tan brillantemente efectuada que la voluminosidad del libro se anula como cantidad, y por tal, quizá esta gran obra tenga el peligro de ser silenciada, pero para cualquier buen lector no se debiera pasar la oportunidad de escarbar en este tesoro poético que se inaugura frente a nuestros ojos. Walter Curonisy y quienes hicieron posibles la existencia de este libro le han hecho un favor inmenso a la literatura peruana y latinoamericana. Un grandioso libro de un autor que ha optado por su digno silencio, su autoexilio en Huanchaco y su oficio de escritor, artífice y mago.

Tuesday, September 18, 2007

Programa Feria del Libro de Barcelona

PERÚ, PAÍS INVITADO DE HONOR

PROGRAMACIÓN CULTURAL Y PROFESIONAL

ORGANIZADA POR LA COMISIÓN NACIONAL PERUANA



Martes, 25 de septiembre

Ciclo de Cine Peruano

18:00 El destino no tiene favoritos, película dirigida por Alvaro Velarde

20:30 Días de Santiago, película dirigida por Josué Mendéz
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina


Miércoles, 26 de septiembre

Ciclo de Cine Peruano

19:00-21:00 El diente de oro, cortometraje dirigido por Daniel Rodríguez

120 años de soledad : Una colonia austroalemana en la selva del Perú, documental dirigido por Jorge Marroquín y W. Jörg Förster. Presentación a cargo de su director

Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina


Jueves, 27 de septiembre

Conversatorio con Autores Peruanos

18: 00 "Hijos de la Guerra: la nueva literatura peruana"
Participan: Enrique Planas y Daniel Alarcón, quien presenta su nuevo libro Radio Ciudad Perdida
Modera: Santiago Roncagliolo

19:30 "Las mentiras de la verdad: periodismo literario en el Perú"
Participan: Toño Angulo, Leyla Bartet y Gabriela Wiener
Modera: David Barba

Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala Gran


Viernes, 28 de septiembre

Ciclo de Cine Peruano

17:00 Entre vivos y plebeyos, cortometraje dirigido por Matías Vega Novel

Paloma de papel, película dirigida por Fabrizio Aguilar
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina

19:00 Conversatorio con Autores Peruanos
"El Perú en su literatura"
Participan: Carlos Thorne, Fernando Iwasaki
Modera: Jorge Benavides
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina


Lunes, 1 de octubre


19:00 Mesa Redonda sobre la obra de Gonzalo de Reparaz, geógrafo y cartógrafo catalán
Inauguración de la exposición fotográfica "El Perú de Reparaz: la visión del geógrafo y los sitios del patrimonio"
Cóctel
Lugar: Sala de Exposiciones del Instituto Cartográfico de Cataluña
(Parc de Montjuïc)


Martes, 2 de octubre

20:00 Inauguración del stand de Perú
Organiza: Comisión Nacional Peruana
Lugar: Stand de Perú – Palacio 2 de Fira de Barcelona


Miércoles, 3 de octubre

16:00 Conferencia: "El Perú, sus libros y sus autores"
Participa: Embajador del Perú en España, José Luis Pérez Sánchez Cerro
Lugar: Sala B – Palacio 2

19:00 Diálogo literario entre el escritor peruano Alonso Cueto y el escritor catalán Pedro Zarraluki
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)

20:00 Mesa redonda "Perú al pie del orbe: literatura y migración" con Rocío Ferreira, Carlos Torres Rotondo y el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)


Jueves, 4 de octubre

19:00 Conversaciones entre los poetas Carlos Germán Belli (Perú) y Mario Campaña (Ecuador)
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)

20:00 Diálogo entre Arturo Corcuera e Isaac Goldemberg, quienes presentarán sus últimos libros
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)


Viernes, 5 de octubre

18:00 Ciclo de Cine Peruano

18:00 Boda Andina, documental dirigido por Joel Calero

18:35 303 cortometraje dirigido por Eduardo Mendoza De Echave

19:00 Madeinusa, película dirigida por Claudia Llosa

Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina

19:30 Diálogo literario entre las escritoras Carmen Ollé (Perú) y Cristina Peri Rossi (Uruguay)
Lugar: Casa de América (C/Córcega, 299)

20:30 Escritores peruanos Teresa Ruiz Rosas, Carlos Meneses e Isaac Goldemberg hablarán de sus recientes y premiadas publicaciones
Lugar: Casa de América (C/Córcega, 299)

Sunday, September 16, 2007

Prólogo

Por Carmen Ollé

No es fácil establecer una correspondencia automática entre la vida interna de los poetas y escritores —hombres y mujeres— y los conflictos sociales. La poesía no refleja de manera inmediata, cual cámara fotográfica o documental, el momento histórico, sino que lo procesa. El poeta polaco Adam Zagajewski (Ucrania 1945), sensible al Holocausto, considera que la poesía da forma a la vida interior pero también tiene que velar por la historia: "los momentos de lucidez son históricos, pero se viven en la cotidianeidad, en la vida normal, con un ojo abierto a la historia"[1].
En este sentido, los efectos del conflicto armado interno que vivió nuestro país durante los años ochenta y principios de los noventa se perciben en la poesía escrita por mujeres peruanas a través de diversas formas, en algunos casos cruda y explícita; en otros, de forma velada y misteriosa, pues nada funciona de acuerdo a una teoría mecanicista, que parece echaran en falta algunos críticos cuando demandan una literatura de la violencia.
Más que una mera imitación de la realidad —como pensaba Aristóteles—, la poesía reconstruye una imagen de dicha realidad de manera original; para ello la percepción de los acontecimientos pasa por varios filtros, semejante a un rayo refracto que brota de una realidad perniciosa que se expresa en emociones intraducibles o en imágenes enigmáticas, la mayoría de las veces a través de una simbología que nos recuerda la experiencia poética del expresionismo alemán en la primera mitad del siglo pasado, especialmente a Georg Trakl, cuya corta vida y breve pero intensa, atormentada poesía nos hablan premonitoriamente de desgracias por venir, como las dos guerras mundiales. Mostrando un paisaje melancólico y decadente, temas como el incesto e imágenes de podredumbre (muros de lepra, uvas purpúreas, el grito de los cuervos), la simbología personal de Trakl expresa con fuerza inusitada la debacle de una época en apariencia rica y culta.
No solo es imposible imitar la realidad, ya que ésta es cambiante, sino que —como señala el filósofo Nelson Goodman— no existe un "ojo natural inocente". De ahí que parezca una discusión inútil echarle la culpa a los artistas peruanos por su supuesta indiferencia o mutismo ante los hechos de violencia que, según el Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación[2], arrojaron la cifra de casi 70 mil muertos, además de violaciones a mujeres de origen campesino y efectos psicológicos irreversibles en la población peruana.
La poesía que se publica en este volumen responde a una antigua pregunta que sigue vigente, formulada por el filósofo alemán Adorno después de la Segunda Guerra Mundial: ¿Es posible escribir poesía después de Auschwitz? ¿Es posible escribir poesía durante y después de un conflicto armado como el de hace veinte años en el Perú? La poesía, el arte no cesan, los/las poetas y los escritores seguirán inspirándose en la realidad, sea ésta reflejo del mal; el mal no como lo entendía Bataille desde su concepción romántico-transgresora, sino desde la idea de crímenes políticos y éticos.
Algunos de los poemas en el presente libro datan de la época del conflicto armado, otros salieron a la luz años después del cese de la guerra. Los sentimientos ante el peligro y el miedo en los poemas están asociados con la noche y la soledad, aunque también con el peligro y la incertidumbre: un tajo, una cuchillada, parecen hundirse en la piel.
Por momentos, más o menos explícita, la poesía también se refiere al futuro, uno imposible, el tiempo en los relojes se ha roto o es arena pura. La metáfora es una figura literaria que elude la descripción directa para darle un vuelco interior a la representación de la realidad objetiva, las palabras se cargan de nuevos significados y revelan una realidad más sutil. Alcohol, ciénagas, decadencia, mármoles íntimos, estas palabras se combinan y asocian de manera original para impresionar al lector en un poema sobre los que van a la guerra. Los niños, dónde están, se pregunta una de las poetas antologadas, han sido sacrificados, la patria los prefiere muertos, dice.
A veces basta un diente de plata en una sonrisa de mujer humilde y trabajadora, como único recuerdo del esposo, para revivir el dolor que sigue latente en medio de la pobreza. Y otra vez la metáfora, la imagen del mar como hierba mala, puertas sin aldaba para ingresar en un mundo delirante del que no hay retorno. Cómo encajar la rutina diaria en una conflagración, los pensamientos se vuelven obsesivos; las compulsiones, secretas; la vigilia parece una pesadilla. Las imágenes hablan más que las balas en el universo poético.
No todo es expresión de una voz lírica monologante en esta antología. La voz del otro/a se deja escuchar, la palabra de la mujer campesina nos habla con la voz de sus adentros para denunciar la violencia sexual, método del enemigo en la guerra para someter a las mujeres, para despojarlas de su dignidad. Es la otra cara de la poesía, la que dialoga con las lideresas populares asesinadas, con las guerrilleras muertas en combate o con los íconos de la cultura popular.
Entonces escuchamos música del recuerdo, a Leonardo Favio, y la poeta reinventa la historia a través de la fusión de palabras: "Baviolada" es el oxímoron, la contradicción perfecta: dos en uno: mujer violada y balada romántica, y la canción de Favio "Hoy la vi..." se transforma en odio, en asco, en basura.
Incluso el arte paradigmático de Ayacucho, el retablo, está presente en un poema para narrar el odio. En este trozo de madera de naturaleza religiosa una historia dentro de otra historia cobra vida, es una historia de horror, todo crimen lo es; otra mujer, víctima de la violencia sexual, implora y evoca la muerte de su amado esposo, asesinado. Canta y danza para nosotros, también ella está muerta, la hicieron volar en pedazos.
Los textos poéticos no se están quietos, viajan por todo el país, se internan entre montañas, llegan a lugares olvidados por el Estado peruano, a los escenarios de los enfrentamientos entre el ejército y Sendero luminoso. Cuando no, deambulan temerosos por la universidad, la cual ha sido intervenida por uno y otro bando y ya no es un referente cultural sino el sitio donde el peligro es inminente Es lo mismo, dentro o afuera, la locura nos llama. Tanto en el terreno de lo íntimo como en el mundo exterior, el mal se ha instalado.
La enfermedad es el mal dentro del cuerpo, un cuerpo que ya no vive, no grita, no ama, encerrado en un hospital, el seno cercenado, mientras en la calle se escuchan balazos. En un contexto como ese hasta la poesía se vuelve pestilencia. La enfermedad y el mal; el deseo y la muerte; obsesionados entre sí. Y en medio del peligro, la noche nos atrae.
Sin embargo, la violencia también engendra, también es madre para las poetas. Madre Violencia no puede detenerse, escribe anhelante; en cambio, la música de una flauta "leve y fina" nos llena de paz, de sosiego.
Soledad, no solo la del ser abandonado a su destino aciago, sino soledad física, soledad entre matorrales, aunque de ahí también emana salvador el olor dulce de una retama que nace del tapial para redimirnos; es decir, siempre hay un resquicio, una vía por la que ingrese paz y sosiego. No todo está perdido entre tanta soledad y muerte. Si morbidez y miseria quedan registradas y pareciera no haber señales de salvación, una flor amarilla puede limpiar la suerte, es el vaticinio de las poetas al final de esta antología, que surge como el testimonio literario de una época oscura y sangrienta.

[1] "Adan Zagajewski/Poeta" en El País, sábado 19 de noviembre de 2005, p. 38.
[2] Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación está disponible en www.cverdad.org.pe

Thursday, September 06, 2007

Una tristeza convertida en cansancio

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César Ángeles se lanza con A rojo

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Una memoria en el vacío

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"Vivo en un lugar memorable"

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Un equilibrista en la ciudad

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Monday, August 27, 2007

La palabra vecina: Dossier escritores

ROSSELLA DI PAOLO (Perú). Nació en Lima en 1960. Poeta y profesora universitaria. Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado cuatro libros de poesía: Prueba de galera (1985), Continuidad de los cuadros (1988), Piel alzada (1993) y Tablillas de San Lázaro (2001). Su lenguaje poético, pulcro y riguroso, transmite serenidad y belleza ante el torbellino de las emociones humanas. Sus poemas han sido recogidos en diversas revistas literarias y antologías nacionales y extranjeras, siendo la más reciente: La mitad del cuerpo sonríe. Antología de la poesía peruana contemporánea (2005), realizada por Víctor Manuel Mendiola para el Fondo de Cultura Económica de México.

FERNANDO BALSECA (Ecuador). Nació en Guayaquil en 1959. Poeta, ensayista y periodista. Se desempeña como profesor universitario en la Universidad Andina Simón Bolívar. En la década del setenta participó activamente en el Colectivo Sicoseo. Según Iván Carvajal, la poesía de Balseca "es ejercicio de cuchillería: cuchillos dirigidos hacia la carne del mundo, de la historia, de los hombres concretos, del propio poeta". De su obra poética, destacan los siguientes libros: Cuchillería del fanfarrón (1981); Sol, abajo y frío (1985); A medio decir (2003). También es autor del conjunto de cuentos Color de hormiga (1976). Fue el editor de la antología de poesía ecuatoriana La palabra perdurable (1991).

OSWALDO REYNOSO (Perú). Nació en Arequipa en 1931. Narrador, poeta, profesor universitario y periodista. En 1977 viaja a la República Popular China, donde permanece hasta 1989. Se desempeñó como profesor y corrector de estilo en la Agencia de Noticias Xinhua (Beijing). Los inocentes (1961), relatos de adolescentes marginales urbanos escritos un lenguaje coloquial y popular, constituye un hito en la tradición narrativa peruana. Sus novelas En octubre no hay milagros (1965), El escarabajo y el hombre (1970) y Los eunucos inmortales (1995) consolidan su delicado trabajo de orfebre del lenguaje. En busca de Aladino (1993) y El goce de la piel (2005) son dos relatos breves que trasuntan erotismo y una provocadora moral hedonista.

RAÚL PÉREZ TORRES (Ecuador). Nació en Quito en 1941. Narrador, poeta y periodista. Miembro fundador de la revista La bufanda del sol, importante publicación de los jóvenes escritores en los años setenta. Su vasta obra cuentística ha merecido diversos premios: Musiquero joven, musiquero viejo -Premio Nacional José de la Cuadra- (1977); En la noche y en la niebla -Premio Casa de las Américas- (1979); Sólo cenizas hallarás -Premio Juan Rulfo, Francia, y Premio Julio Cortázar, España (1995). También ha incursionado en otros géneros: La dama de rojo (teatro, 1983), Teoría del desencanto (novela, 1985) y Poemas para tocarte (1994). Su obra narrativa formaliza un sensualismo amargo y desbordado. Un erotismo teñido de tragedia y remordimiento que cautiva a los lectores.

FIDEL TUBINO (Perú). Nació en Lima en 1951. Filósofo y ensayista. Doctor en filosofía por la Universidad Católica de Lovaina. Actualmente es Decano de la Facultad de Estudios Generales de Letras de la Pontificia Universidad Católica y Coordinador de la Red Internacional de Estudios Interculturales. Desde una perspectiva interdisciplinaria, sus investigaciones abordan temas vinculados con la integración entre cultura y política, y las identidades étnicas en las sociedades modernas. Tiene múltiples publicaciones en revistas especializadas. Es coautor de los siguientes libros: Interculturalidad: Un Desafío (1992), Los efectos de la globalización en la educación (1994), Derechos Humanos y pueblos indígenas (1996), Jenetian. El juego de las identidades en tiempos de lluvia (2007).

ALEJANDRO MOREANO (Ecuador). Nació en Quito en 1944. Ensayista, novelista y profesor universitario. Editorialista del diario Hoy. Se ha especializado en política, globalización y cultura en Latinoamérica. Entre sus libros de ensayos destaca: El Apocalipsis Perpetuo (2003), en el que reflexiona como intelectual militante sobre el nuevo orden mundial, el poder imperial norteamericano y las guerras culturales contemporáneas. Es coautor de Identidad y cambios culturales en la globalización (1995), Universidad, Estado y sociedad (1994) y El sistema político en el Ecuador contemporáneo (1990). También ha publicado la novela El devastado jardín del paraíso (1990).

ALONSO CUETO (Perú)- Nació en Lima en 1954. Estudió literatura en el Perú y en los Estados Unidos, obteniendo el grado de Doctor en Literatura por la Universidad de Texas. Sus novelas y cuentos exploran espacios íntimos, fantasías amorosas y los trabajos de la memoria siempre desde la perspectiva de héroes descolocados. Su primera novela El tigre blanco (1985) obtuvo el Premio Wiracocha del grupo Editorial Planeta. En el 2005, obtuvo el Premio Herralde de novela con La hora azul. Este año, ha sido finalista del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta–Casa de América por El susurro de la mujer ballena. Sus libros han sido traducidos al inglés, chino, alemán, búlgaro y francés.

JAVIER VÁSCONEZ (Ecuador). Nació en Quito en 1946. Narrador y editor. Ha publicado las siguientes novelas: El viajero de Praga (1996) y La sombra del apostador (1999). Su maestría verbal se luce en dos novelas cortas: El secreto (1996) y El retorno de las moscas (2006). "Quito es sin duda el referente y el modelo de mi ciudad literaria. Mantengo una relación contradictoria con ella, de amor y de odio, de auténtico asombro". En el género cuento, destacan: Ciudad lejana (1982), El hombre de la mirada oblicua -Premio Joaquín Gallegos Lara- (1986), Café concert (1995), Un extraño en el puerto (1998) e Invitados de honor (2002). Sus relatos han sido traducidos a diferentes idiomas como el alemán, francés, inglés, italiano y sueco.

MARIO MONTALBETTI (Perú). Nació en Lima en 1953. Sus poemas transmiten un aprendizaje lúcido y lúdico de epigramas latinos, poesía anglosajona y antipoesía hispanoamericana. Su libro Perro negro (1978) es una parodia del sentimentalismo amoroso, una despiadada ironía de las formas y discursos de la cavilación filosófica. Fin desierto (1997), Llantos Elíseos (2002) y Cinco segundos de horizonte (2005) consolidan su original camino poético y su pasión por los destellos y las aporías del lenguaje. Obtuvo el Primer Premio de Poesía en los Juegos Florales de la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1973 y el Premio de Poesía José María Arguedas en 1977.

MARÍA FERNANDA ESPINOSA (Ecuador). Nació en Salamanca en 1964. Poeta, lingüista y geógrafa PhD (c). Se ha especializado en estudios amazónicos y derechos indígenas. Actualmente se desempeña como Ministra de Relaciones Exteriores de la República del Ecuador. Ha publicado los poemarios Caymándote (1990), Tatuaje de Selva (1992), Loba Triste (2000) y Antología (2005). Su poesía explora con originalidad las tramas de la memoria y los pliegues de la piel. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1990. Sus poemas han aparecido en diversas antologías extranjeras y en revistas como: International Poetry Review (1994), Hispamérica (1996), Revista Alforja de México (2002) y Hueso Húmero (2004).

FERNANDO AMPUERO (Perú). Nació en Lima en 1949. Escritor y periodista. Después de realizar un largo viaje por América Latina y Europa, escribió y publicó Paren el mundo que acá me bajo (1972), un conjunto de cuentos que luego apareció en versión corregida y aumentada con el título Deliremos juntos (1975). Sus cuentos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, alemán, búlgaro y húngaro. Ha sido editor de la revista Caretas y hoy se desempeña como Jefe de la Unidad de Investigación de El Comercio. Sus novelas Caramelo verde (1992) y Puta linda (2006) han sido celebradas por sus tramas, lenguaje y parodias que dialogan creativamente con la cultura de masas.

CARLOS CARRIÓN (Ecuador). Nació en Malacatos (Loja) en 1944. Narrador, ensayista, crítico literario y catedrático universitario. Editorialista del diario quiteño Hoy. Ha publicado las novelas: El deseo que lleva tu nombre (1990), Una niña adorada (1993) y Una guerra con nombre de mujer (1995). Sus apreciados libros de cuentos trazan una obra densa formada por múltiples registros narrativos. El corazón es un animal en celo (1995) obtuvo el Premio Nacional Joaquín Gallegos Lara y El más hermoso animal nocturno, el Premio Nacional José de la Cuadra (1982). Sus cuentos han sido antologados en diversos libros y se han publicado en revistas mexicanas y españolas.


En la foto: Alonso Cueto y Oswaldo Reynoso.

La palabra vecina

PROGRAMA

Martes 4 de septiembre
18:30 horas: Ceremonia de inauguración
19:00 horas: Mesa I Poetas
Rossella di Paolo y Fernando Balseca
Moderador: Ana María Gazzolo
20:30: Cóctel de inauguración
Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso
Jirón Ucayali 391 – Lima

Miércoles 5 de septiembre
18:30 horas: Mesa II Narradores
Oswaldo Reynoso y Raúl Pérez Torres
Moderador: Enrique Planas
Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso
Jirón Ucayali 391 – Lima

Jueves 6 de septiembre
18:30 horas: Mesa III Diálogo sobre imaginarios
Ensayistas: Fidel Tubino y Alejandro Moreano
Moderador: José Ignacio López Soria
Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso
Jirón Ucayali 391 – Lima

Martes 11 de septiembre
18:30 horas: Mesa IV Narradores
Javier Vásconez y Alonso Cueto
Moderador: José Donayre
Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso
Jirón Ucayali 391 – Lima
Hora: 18:30

Miércoles 12 de septiembre
18:30 horas: Mesa V Poetas
Mario Montalbetti y María Fernanda Espinosa
Moderador: Antonio Cisneros
Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso
Jirón Ucayali 391 – Lima

Jueves 13 de septiembre
18:30 horas: Mesa VI Narradores
Fernando Ampuero y Carlos Carrión
Moderador: Marcel Velázquez Castro
20:00 horas: Cóctel de clausura
Lugar: Organización de Estados Iberoamericanos (O.E.I.)
Calle San Ignacio de Loyola 554 - Miraflores

Sunday, August 26, 2007

Cielo abierto

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Thursday, August 23, 2007

Jornada por las Memorias Ausentes

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Wednesday, August 22, 2007

Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel

Por Róger Santiváñez

Hacía tiempo que un nuevo libro de poesía no llamaba mi atención como ha sucedido con Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel. Y me he preguntado por las razones de este parecer. Esta breve nota trata de responder dicha interrogante.
En primer lugar habría que mencionar la habilidad de la autora para situarse y entroncar su obra en el devenir de la mejor tradición de nuestra poesía. Hay una lúcida apropiación –por ejemplo de Eielson- en estos versos: la salud como aspaviento de leche y petróleo, / la infancia socavando lo repentino, las velas, las luces, / el humo de la cocina y la estrella fija en el cielo. Pero este distinto nombrar de la realidad, no se queda en sus resonancias intertextuales sino que proyecta una imaginería muy personal en Cabel. Allí está el núcleo de su capacidad renovadora: palideces madrugada en las diurnas calles vivas / repletas de juncos y puros corazones mojados. Aquí la joven poeta expresa de manera muy suya –fresca y creativa- su visión de la ciudad y sus aconteceres. Un claro rasgo de su estilo es la adjetivación doble encadenada, que no es un invento suyo, pero sí un logro de su plasmación textual: pincelada azul escarlata o silbido celeste iluminado.
Otro interesante rasgo de su escritura es la dispersión de los sujetos. En este punto Cabel se muestra absolutamente post-moderna. Nunca queda claro quién habla en el poema, ni a quien se lo dirige. Inclusive –a veces- los destinatarios son varios, están confundidos, o usan máscaras a la hora de la representación. Y al final queda abierto el sentido del poema: pronto te veré y no sé como andaremos. / quizás de pies, o de cabeza. / tú lo tendrás a él. / lo imagino como a ti./ con los ojos gigantes, cargados de vértigo. / como un perfil asustado, como un fragmento de tu cabello. […] de carne, hecho una prolongación de tu sonrisa. Al parecer, una entraña fenomenológica estaría alumbrando el misterio de esta poesía. Un volver a las cosas mismas (Husserl) –las cosas como son- queda claro en cierto verso de Cabel que reza así: "no hay más miedo que este").
A pesar de todo esto, pueden identificarse algunos temas. El amor, la familia, en cuyo centro mora la perfección enemiga que no podemos identificar, pero que la poeta con rara sabiduría acepta: mientras yo miraba el cielo / como ayuno y hacia arriba / recordando la cara de la luna, y en cada espacio que se colaba aquí dentro, / recibía. / callada. Y así se va configurando este libro, "armando los trozos que componen núcleos tristemente dispersos" como nos dice la autora. Pero al final, nos queda una imagen compacta. Un solo tono y una sola dicción adecuadamente conseguidos. Si la literatura universal está presente (entre los castillos de K) está también el muy peruano vals de colores. O momentos de intenso lirismo como: la historia de la rosa en el cabello mío.
En suma, se trata de un nuevo libro que nos presenta desgarradas imágenes de una poesía que trabaja sus tormentos: yo soy un animal que se amolda a tu cama repleto de espinas, lleno de cercos y púas. Soy la mortaja que en tu vientre se revuelca pidiéndote madre. Y en donde lo cotidiano aparece en las risas de las músicas de las mujeres de las radios; pero ésta no es una poesía coloquial, ni tampoco neo-barroca. Busca más bien su propio y personal rumbo sugiriendo efecto mariposa. Sin exagerar, porque Andrea Cabel posee el don; podemos decir de ella, lo que Ezra Pound dijo de Rimbaud: a vivid and indubitable genius.

[Roberts Pool, Collingswood, 13 de agosto de 2007]

Wednesday, August 15, 2007

Febrero lujuria de Christian Reynoso (fragmento capítulo 31)

La noche llegó a Lago Grande. Los focos de neón se encendieron y la Parada de Danzas continuó como si la noche, invisible, con el tul de la complicidad, pasara de largo, desapercibida, sin captar la atención de los espectadores. Los trajes de luces cambiaron de color con el reflejo neón, y el mareo nocturno empezó a sentirse: dios, prístino, con sabor a eternidad.
De pronto, en ese vaivén festivo, sin que nadie se diese cuenta aparecieron ante el palco oficial los sicuris del barrio Mañazo: caramelo dulce, cerveza dorada, tufillo de amanecida, caldo de cabeza. Y formados en media luna soplaron las zampoñas de seis y siete cañas produciendo un diálogo musical entre sus soplidos, pregunta respuesta pregunta respuesta y las melodías del sicu cobraron vida. Y al centro, marcando el ritmo, se escuchó el sonido del bombo y la tarola; y todos, con pasitos ligeros, envueltos en la música, se perdieron entre los danzarines. Y es que en Mañazo no hay fórmulas creadas. La libertad es el alma y esencia del conjunto y cada quien baila a su manera desplegando el paso del sicu, que es una mezcla de movimientos entrecortados con grácil compás y furor exorcista. Y los disfraces, de todo y nada, extraños, coloridos, vibrantes. Y eso es Mañazo, ¡un caso!, como gritan a viva voz. Y fueron aplaudidos por los espectadores y queridos por la tradición y fiesta que irradiaban. Y ahí estaba Paco Macedo, alto, fornido, bruto, con el bigote rubio y disfrazado de vikingo; y más atrás, sin respiración y con la cara morada del cansancio el poeta Aramayo con su traje de diablo caporal; y a su lado, el indio Tomaylla con su largo cabello negro, vestido de piel roja y ondeando amenazantes hachas; y metros más allá, la chica Santisteban con su paso elegante y sonrisa a flor de piel que miraba al flaco Zea, y él, que bailaba y saludaba a la gente, chino de risa y tropezándose en sus pasos; y al final del conjunto, los espectadores que se contagiaron del ritmo y se unieron a la fiesta, entusiastas, sibaritas, sin disfraz, con botellas de cerveza a la mano y cigarrillos a la boca. Y recordaron al Volvo Montesinos, el china diabla de cabello amarillo rizado, impetuoso, jacarero y excéntrico que nunca dejaba de bailar, y a Tufo, su perro. ¿Y dónde estaban? ¿En el cielo, en el infierno o en Mañazo?; y él, el Volvo que venía siempre al último, bailando solito, con los labios pintados, pícaro, moviendo la carterita, levantándose la falda y alejándose cada vez más del conjunto, los miró desde la muerte en su guarida de Huajsapata y rió, ebrio y feliz, y se rascó la panza, y les dijo: ¡salud! Y nadie dejó de bailar porque Mañazo seducía, emborrachaba y liberaba; y de pronto, en el frenesí del sicuri, llegaron a una esquina y se perdieron, se equivocaron, y cambiaron el curso de su recorrido, y ya nadie supo a dónde ir, y empezaron a regresar por donde habían venido, atropellando a los contrarios y qué importaba dijeron, si con Mañazo no había caso, y nuevamente el repique de la tarola ametralló y los sonidos de las zampoñas emergieron desde las gargantas: saliva dulce, ron con Coca-Cola, bolita de coca, mamita Candelaria, Mañazo, Mañazo, energía del diablo, latido del corazón.

Monday, August 06, 2007