Thursday, September 27, 2007
Wednesday, September 26, 2007
Friday, September 21, 2007
Leopoldo nos pasea s.e.u.o.
Esta vez Manuel pone particular interés en que su libro se presente como objeto y, sin poder ni querer negarnos a la invitación, ingresamos a él por sus aspectos gráficos, donde una cuidada edición de Cecilia Podestá nos muestra a un Leopoldo ya anciano, al relator, quien con una mirada ceñuda y apariencia kabukis, indirectas en su orientalidad y mascaraje, nos remontan a un futuro incierto donde sólo los años de la vejez pueden fijar algunas pocas verdades que son las que suscriben Pessoa y Macedonio Fernández en los bellísimos epígrafes, tal vez ni siquiera pocas verdades, si no quizás la única: lo eternos que podemos llegar a ser cuando nos hemos conocido y amado.
Frente a tan serio planteamiento, el lector se prepara, obligado a tomar distancia reflexiva cuando Leopoldo cuenta en el poema inicial que ya tiene 100 años, la sorpresa es que no sólo esta preguntándose por dónde comenzar a morir sino sobre todo por dónde comenzar a vivir. ¿Quién, si no ha vivido intensamente, puede plantearse esta clase de preguntas?, ¿Un niño de 10 años por ejemplo, como los que se precian, que tiene todo en sus manos sin que nadie se de cuenta, y más importante aún, que no le importa?. ¿O es a otro Leopoldo a quien deben interesarle estas minucias? ¿Al de 50 años que en un origami desarrugado que semejan 100 para aceptarlos debe tener en cuenta el prestigio y el acreditamiento?.
Entre el espontaneísmo y el cálculo social necesario se debaten otros Leopoldos en medio del deseo, el temor a la muerte y su bonus de sabiduría cuando se trabaja en la aceptación, la ataraxia, la plenitud de las facultades y fuerzas, el azar, un relativismo proliferante y los logros, entre otros.
Todo y nada en la vida de un hombre que esta dispuesto a un retorno asegurado por la trascendencia que brinda el amor cumplido, insisto, quizás la única verdad. Después de todo y tanto, el summa summarum de los poetas del 80, entre los que Manuel Liendo es un digno representante, es que, salvo el amor todo es ilusión.
A la tarea conclusiva de este primer poema capital contribuyen aquellos del amor en sus vertientes mas poderosas (filial, fraternal, inicial, amical, docente, nostálgico) y más al alcance y en el radio propio de elección de un individuo normal pero no normado, regular pero camuflado, que no le entra a la metafísica del lenguaje, ni a la elucubración lingüística o al ad efesios formal e innecesario cual arquitecto que diseña para el tablero y no para un cliente con quien debe convenir previamente, llámese en este caso, un lector de esos que Montalbetti decía que siempre hay uno por lo menos en algún lugar a tener en cuenta.
Y en vuelta de tuerca, poesía vindicativa y reinvinticativa, poesía local, barrial, sanantonina, pa' que te lo sepas, pues.
¿Más? Leopoldo y los sueños, usados como portal para las transmigraciones, locales y temporales, de cuyas disloques hay que regresar distinto, pero entero y ojalá mejor. Marmitas evolutivas al igual que las contemplaciones de la noche y el mar.
¿Y más? Hasta de taquito: cuando hasta el fastidio por recibir encargos de viajes cuenta, contribuyendo a la organicidad de la visión y el relato.
¿Quién sino un hombre de 50 desdoblados años vividos en tenaz y honestísimo desbrozamiento poético, de mirada computadora, como decíamos los locals miraflorinos en los 70s, puede efectuar estos maridajes, en donde saltar desde la caricia al perro hasta la preocupación por las finanzas no suponga escándalo alguno.
Esfera pues, como en la viñeta, cuyos puntos están en todas partes y el centro en ninguna, conteniendo paz finalmente, debida a la fe profesada al amor y a la poesía a pesar de sus incertidumbres y a la imprevisibilidad de la vida.
Miraflores 21 de setiembre del 2007
Un esperado libro que viene desde la primera noche
Por Héctor Hernández Montecinos
Las inclusiones y exclusiones son un tema frecuente en lo que ha sido denominado como la historia de la literatura, desde siempre hasta siempre. Autores, libros, poéticas, encuentros que han sido, o querido ser, silenciados desde las más diversas fuerzas, tanto literarias, morales, económicas, sociales, etc. No se sabe lo que es estar adentro o afuera de algo, el poeta está siempre afuera, desde las convenciones morales hasta de los lugares del poder político; hay excepciones lamentables. Estar adentro implica aceptar una historización de la escritura y desde allí articularse como autor. Todo este exordio es el contexto para presentar a un autor peruano que por edad pertenecería a la generación del 60, pero por su obra y su espectral presencia se ha desencasillado de tales rótulos; es más, podríamos decir que la obra múltiple de este poeta lo hace pertenecer a todas las generaciones y tradiciones literarias.
Walter Curonisy (Lima, 1940) acaba de presentar su obra poética de toda una vida, Rehenes del tiempo, en la cual se reúnen todos los libros que el autor ha mantenido en un estoico secreto por más de un cuarto de siglo. En esta hermosa edición proyectada por el autor bajo el sigiloso cuidado de Elvira Roca Rey, se nos abre un imaginario desbordante, irónico, místico y de una sagacidad en el uso y abuso de la palabra que otros autores próximos a su edad ni siquiera pensaron en abordar. Mircea Eliade, Nietzsche, Jesucristo, Marx, Buson, Catulo, Melville, Pessoa, Cervantes son personajes de esta gran novela poética que deambula por Perú, Portugal, España, Japón, Israel, entre muchísimos lugares más. Desesperadamente nómade y trashumante esta poesía no se calla y se impone ante cualquier normatividad, tanto las de ayer, las de hoy e incluso las que vendrán porque a ciencia cierta Curonisy es un vidente ciego.
Desde cada uno de sus poemas el tiempo ha sido abolido y los únicos rehenes son los mismos textos, pero no rehenes del tiempo sino que del movimiento que este libro impele. Entre el autor y el lector puro movimiento. Entre el ojo y la mano puro movimiento. Entre la portada y la contraportada puro movimiento. Sin duda, este libro que ha permanecido más de dos décadas en los estantes del autor, hoy se nos presenta como una revelación, como un testigo presencial de los grandes momentos de la literatura como materialidad, como síntoma y como hiperlectura. Rehenes del tiempo es uno de los tesoros que la poesía peruana contemporánea tenía reservado para este momento.
Por otro lado, Walter Curonisy que fue uno de los pioneros en el teatro, la televisión y el cine en Perú, es uno de los poetas que suele llamarse místicos, porque desde su voluntario silencio ha creado una idea de Dios Poético por donde deambula su órbita de autores tan importantes como Allen Ginsberg, quien fue amigo de Curonisy durante su estadía en Lima en los años 60, a tal punto que los versos finales de su Reality sandwiches son la constatacion de una fraternidad poética que el Curonisy ha sabido construir y mantener con otros autores como Carlos Germán Belli, Cronwell Jara, Ricardo González Vigil, Luis Eduardo García, Santiago Aguilar y poetas jóvenes que ven en él a una parte entrañable del siglo 20 peruano.
Rehenes del tiempo es un libro a todas luces sorprendente por su multiplicidad de registros, de voces, de máscaras que dialogan, susurran, gritan y enmudecen al mismo tiempo. La construcción de los poemas está tan brillantemente efectuada que la voluminosidad del libro se anula como cantidad, y por tal, quizá esta gran obra tenga el peligro de ser silenciada, pero para cualquier buen lector no se debiera pasar la oportunidad de escarbar en este tesoro poético que se inaugura frente a nuestros ojos. Walter Curonisy y quienes hicieron posibles la existencia de este libro le han hecho un favor inmenso a la literatura peruana y latinoamericana. Un grandioso libro de un autor que ha optado por su digno silencio, su autoexilio en Huanchaco y su oficio de escritor, artífice y mago.
Tuesday, September 18, 2007
Programa Feria del Libro de Barcelona
PERÚ, PAÍS INVITADO DE HONOR
PROGRAMACIÓN CULTURAL Y PROFESIONAL
ORGANIZADA POR LA COMISIÓN NACIONAL PERUANA
Martes, 25 de septiembre
Ciclo de Cine Peruano
18:00 El destino no tiene favoritos, película dirigida por Alvaro Velarde
20:30 Días de Santiago, película dirigida por Josué Mendéz
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina
Miércoles, 26 de septiembre
Ciclo de Cine Peruano
19:00-21:00 El diente de oro, cortometraje dirigido por Daniel Rodríguez
120 años de soledad : Una colonia austroalemana en la selva del Perú, documental dirigido por Jorge Marroquín y W. Jörg Förster. Presentación a cargo de su director
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina
Jueves, 27 de septiembre
Conversatorio con Autores Peruanos
18: 00 "Hijos de la Guerra: la nueva literatura peruana"
Participan: Enrique Planas y Daniel Alarcón, quien presenta su nuevo libro Radio Ciudad Perdida
Modera: Santiago Roncagliolo
19:30 "Las mentiras de la verdad: periodismo literario en el Perú"
Participan: Toño Angulo, Leyla Bartet y Gabriela Wiener
Modera: David Barba
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala Gran
Viernes, 28 de septiembre
Ciclo de Cine Peruano
17:00 Entre vivos y plebeyos, cortometraje dirigido por Matías Vega Novel
Paloma de papel, película dirigida por Fabrizio Aguilar
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina
19:00 Conversatorio con Autores Peruanos
"El Perú en su literatura"
Participan: Carlos Thorne, Fernando Iwasaki
Modera: Jorge Benavides
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina
Lunes, 1 de octubre
19:00 Mesa Redonda sobre la obra de Gonzalo de Reparaz, geógrafo y cartógrafo catalán
Inauguración de la exposición fotográfica "El Perú de Reparaz: la visión del geógrafo y los sitios del patrimonio"
Cóctel
Lugar: Sala de Exposiciones del Instituto Cartográfico de Cataluña
(Parc de Montjuïc)
Martes, 2 de octubre
20:00 Inauguración del stand de Perú
Organiza: Comisión Nacional Peruana
Lugar: Stand de Perú – Palacio 2 de Fira de Barcelona
Miércoles, 3 de octubre
16:00 Conferencia: "El Perú, sus libros y sus autores"
Participa: Embajador del Perú en España, José Luis Pérez Sánchez Cerro
Lugar: Sala B – Palacio 2
19:00 Diálogo literario entre el escritor peruano Alonso Cueto y el escritor catalán Pedro Zarraluki
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)
20:00 Mesa redonda "Perú al pie del orbe: literatura y migración" con Rocío Ferreira, Carlos Torres Rotondo y el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)
Jueves, 4 de octubre
19:00 Conversaciones entre los poetas Carlos Germán Belli (Perú) y Mario Campaña (Ecuador)
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)
20:00 Diálogo entre Arturo Corcuera e Isaac Goldemberg, quienes presentarán sus últimos libros
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)
Viernes, 5 de octubre
18:00 Ciclo de Cine Peruano
18:00 Boda Andina, documental dirigido por Joel Calero
18:35 303 cortometraje dirigido por Eduardo Mendoza De Echave
19:00 Madeinusa, película dirigida por Claudia Llosa
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina
19:30 Diálogo literario entre las escritoras Carmen Ollé (Perú) y Cristina Peri Rossi (Uruguay)
Lugar: Casa de América (C/Córcega, 299)
20:30 Escritores peruanos Teresa Ruiz Rosas, Carlos Meneses e Isaac Goldemberg hablarán de sus recientes y premiadas publicaciones
Lugar: Casa de América (C/Córcega, 299)
PROGRAMACIÓN CULTURAL Y PROFESIONAL
ORGANIZADA POR LA COMISIÓN NACIONAL PERUANA
Martes, 25 de septiembre
Ciclo de Cine Peruano
18:00 El destino no tiene favoritos, película dirigida por Alvaro Velarde
20:30 Días de Santiago, película dirigida por Josué Mendéz
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina
Miércoles, 26 de septiembre
Ciclo de Cine Peruano
19:00-21:00 El diente de oro, cortometraje dirigido por Daniel Rodríguez
120 años de soledad : Una colonia austroalemana en la selva del Perú, documental dirigido por Jorge Marroquín y W. Jörg Förster. Presentación a cargo de su director
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina
Jueves, 27 de septiembre
Conversatorio con Autores Peruanos
18: 00 "Hijos de la Guerra: la nueva literatura peruana"
Participan: Enrique Planas y Daniel Alarcón, quien presenta su nuevo libro Radio Ciudad Perdida
Modera: Santiago Roncagliolo
19:30 "Las mentiras de la verdad: periodismo literario en el Perú"
Participan: Toño Angulo, Leyla Bartet y Gabriela Wiener
Modera: David Barba
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala Gran
Viernes, 28 de septiembre
Ciclo de Cine Peruano
17:00 Entre vivos y plebeyos, cortometraje dirigido por Matías Vega Novel
Paloma de papel, película dirigida por Fabrizio Aguilar
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina
19:00 Conversatorio con Autores Peruanos
"El Perú en su literatura"
Participan: Carlos Thorne, Fernando Iwasaki
Modera: Jorge Benavides
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina
Lunes, 1 de octubre
19:00 Mesa Redonda sobre la obra de Gonzalo de Reparaz, geógrafo y cartógrafo catalán
Inauguración de la exposición fotográfica "El Perú de Reparaz: la visión del geógrafo y los sitios del patrimonio"
Cóctel
Lugar: Sala de Exposiciones del Instituto Cartográfico de Cataluña
(Parc de Montjuïc)
Martes, 2 de octubre
20:00 Inauguración del stand de Perú
Organiza: Comisión Nacional Peruana
Lugar: Stand de Perú – Palacio 2 de Fira de Barcelona
Miércoles, 3 de octubre
16:00 Conferencia: "El Perú, sus libros y sus autores"
Participa: Embajador del Perú en España, José Luis Pérez Sánchez Cerro
Lugar: Sala B – Palacio 2
19:00 Diálogo literario entre el escritor peruano Alonso Cueto y el escritor catalán Pedro Zarraluki
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)
20:00 Mesa redonda "Perú al pie del orbe: literatura y migración" con Rocío Ferreira, Carlos Torres Rotondo y el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)
Jueves, 4 de octubre
19:00 Conversaciones entre los poetas Carlos Germán Belli (Perú) y Mario Campaña (Ecuador)
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)
20:00 Diálogo entre Arturo Corcuera e Isaac Goldemberg, quienes presentarán sus últimos libros
Lugar: Casa América (C/Córcega, 299)
Viernes, 5 de octubre
18:00 Ciclo de Cine Peruano
18:00 Boda Andina, documental dirigido por Joel Calero
18:35 303 cortometraje dirigido por Eduardo Mendoza De Echave
19:00 Madeinusa, película dirigida por Claudia Llosa
Lugar: Biblioteca Francesca Bonnemaison (Sant Pere més Baix, 7)
Sala La Cuina
19:30 Diálogo literario entre las escritoras Carmen Ollé (Perú) y Cristina Peri Rossi (Uruguay)
Lugar: Casa de América (C/Córcega, 299)
20:30 Escritores peruanos Teresa Ruiz Rosas, Carlos Meneses e Isaac Goldemberg hablarán de sus recientes y premiadas publicaciones
Lugar: Casa de América (C/Córcega, 299)
Sunday, September 16, 2007
Prólogo
Por Carmen Ollé
No es fácil establecer una correspondencia automática entre la vida interna de los poetas y escritores —hombres y mujeres— y los conflictos sociales. La poesía no refleja de manera inmediata, cual cámara fotográfica o documental, el momento histórico, sino que lo procesa. El poeta polaco Adam Zagajewski (Ucrania 1945), sensible al Holocausto, considera que la poesía da forma a la vida interior pero también tiene que velar por la historia: "los momentos de lucidez son históricos, pero se viven en la cotidianeidad, en la vida normal, con un ojo abierto a la historia"[1].
En este sentido, los efectos del conflicto armado interno que vivió nuestro país durante los años ochenta y principios de los noventa se perciben en la poesía escrita por mujeres peruanas a través de diversas formas, en algunos casos cruda y explícita; en otros, de forma velada y misteriosa, pues nada funciona de acuerdo a una teoría mecanicista, que parece echaran en falta algunos críticos cuando demandan una literatura de la violencia.
Más que una mera imitación de la realidad —como pensaba Aristóteles—, la poesía reconstruye una imagen de dicha realidad de manera original; para ello la percepción de los acontecimientos pasa por varios filtros, semejante a un rayo refracto que brota de una realidad perniciosa que se expresa en emociones intraducibles o en imágenes enigmáticas, la mayoría de las veces a través de una simbología que nos recuerda la experiencia poética del expresionismo alemán en la primera mitad del siglo pasado, especialmente a Georg Trakl, cuya corta vida y breve pero intensa, atormentada poesía nos hablan premonitoriamente de desgracias por venir, como las dos guerras mundiales. Mostrando un paisaje melancólico y decadente, temas como el incesto e imágenes de podredumbre (muros de lepra, uvas purpúreas, el grito de los cuervos), la simbología personal de Trakl expresa con fuerza inusitada la debacle de una época en apariencia rica y culta.
No solo es imposible imitar la realidad, ya que ésta es cambiante, sino que —como señala el filósofo Nelson Goodman— no existe un "ojo natural inocente". De ahí que parezca una discusión inútil echarle la culpa a los artistas peruanos por su supuesta indiferencia o mutismo ante los hechos de violencia que, según el Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación[2], arrojaron la cifra de casi 70 mil muertos, además de violaciones a mujeres de origen campesino y efectos psicológicos irreversibles en la población peruana.
La poesía que se publica en este volumen responde a una antigua pregunta que sigue vigente, formulada por el filósofo alemán Adorno después de la Segunda Guerra Mundial: ¿Es posible escribir poesía después de Auschwitz? ¿Es posible escribir poesía durante y después de un conflicto armado como el de hace veinte años en el Perú? La poesía, el arte no cesan, los/las poetas y los escritores seguirán inspirándose en la realidad, sea ésta reflejo del mal; el mal no como lo entendía Bataille desde su concepción romántico-transgresora, sino desde la idea de crímenes políticos y éticos.
Algunos de los poemas en el presente libro datan de la época del conflicto armado, otros salieron a la luz años después del cese de la guerra. Los sentimientos ante el peligro y el miedo en los poemas están asociados con la noche y la soledad, aunque también con el peligro y la incertidumbre: un tajo, una cuchillada, parecen hundirse en la piel.
Por momentos, más o menos explícita, la poesía también se refiere al futuro, uno imposible, el tiempo en los relojes se ha roto o es arena pura. La metáfora es una figura literaria que elude la descripción directa para darle un vuelco interior a la representación de la realidad objetiva, las palabras se cargan de nuevos significados y revelan una realidad más sutil. Alcohol, ciénagas, decadencia, mármoles íntimos, estas palabras se combinan y asocian de manera original para impresionar al lector en un poema sobre los que van a la guerra. Los niños, dónde están, se pregunta una de las poetas antologadas, han sido sacrificados, la patria los prefiere muertos, dice.
A veces basta un diente de plata en una sonrisa de mujer humilde y trabajadora, como único recuerdo del esposo, para revivir el dolor que sigue latente en medio de la pobreza. Y otra vez la metáfora, la imagen del mar como hierba mala, puertas sin aldaba para ingresar en un mundo delirante del que no hay retorno. Cómo encajar la rutina diaria en una conflagración, los pensamientos se vuelven obsesivos; las compulsiones, secretas; la vigilia parece una pesadilla. Las imágenes hablan más que las balas en el universo poético.
No todo es expresión de una voz lírica monologante en esta antología. La voz del otro/a se deja escuchar, la palabra de la mujer campesina nos habla con la voz de sus adentros para denunciar la violencia sexual, método del enemigo en la guerra para someter a las mujeres, para despojarlas de su dignidad. Es la otra cara de la poesía, la que dialoga con las lideresas populares asesinadas, con las guerrilleras muertas en combate o con los íconos de la cultura popular.
Entonces escuchamos música del recuerdo, a Leonardo Favio, y la poeta reinventa la historia a través de la fusión de palabras: "Baviolada" es el oxímoron, la contradicción perfecta: dos en uno: mujer violada y balada romántica, y la canción de Favio "Hoy la vi..." se transforma en odio, en asco, en basura.
Incluso el arte paradigmático de Ayacucho, el retablo, está presente en un poema para narrar el odio. En este trozo de madera de naturaleza religiosa una historia dentro de otra historia cobra vida, es una historia de horror, todo crimen lo es; otra mujer, víctima de la violencia sexual, implora y evoca la muerte de su amado esposo, asesinado. Canta y danza para nosotros, también ella está muerta, la hicieron volar en pedazos.
Los textos poéticos no se están quietos, viajan por todo el país, se internan entre montañas, llegan a lugares olvidados por el Estado peruano, a los escenarios de los enfrentamientos entre el ejército y Sendero luminoso. Cuando no, deambulan temerosos por la universidad, la cual ha sido intervenida por uno y otro bando y ya no es un referente cultural sino el sitio donde el peligro es inminente Es lo mismo, dentro o afuera, la locura nos llama. Tanto en el terreno de lo íntimo como en el mundo exterior, el mal se ha instalado.
La enfermedad es el mal dentro del cuerpo, un cuerpo que ya no vive, no grita, no ama, encerrado en un hospital, el seno cercenado, mientras en la calle se escuchan balazos. En un contexto como ese hasta la poesía se vuelve pestilencia. La enfermedad y el mal; el deseo y la muerte; obsesionados entre sí. Y en medio del peligro, la noche nos atrae.
Sin embargo, la violencia también engendra, también es madre para las poetas. Madre Violencia no puede detenerse, escribe anhelante; en cambio, la música de una flauta "leve y fina" nos llena de paz, de sosiego.
Soledad, no solo la del ser abandonado a su destino aciago, sino soledad física, soledad entre matorrales, aunque de ahí también emana salvador el olor dulce de una retama que nace del tapial para redimirnos; es decir, siempre hay un resquicio, una vía por la que ingrese paz y sosiego. No todo está perdido entre tanta soledad y muerte. Si morbidez y miseria quedan registradas y pareciera no haber señales de salvación, una flor amarilla puede limpiar la suerte, es el vaticinio de las poetas al final de esta antología, que surge como el testimonio literario de una época oscura y sangrienta.
[1] "Adan Zagajewski/Poeta" en El País, sábado 19 de noviembre de 2005, p. 38.
[2] Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación está disponible en www.cverdad.org.pe
No es fácil establecer una correspondencia automática entre la vida interna de los poetas y escritores —hombres y mujeres— y los conflictos sociales. La poesía no refleja de manera inmediata, cual cámara fotográfica o documental, el momento histórico, sino que lo procesa. El poeta polaco Adam Zagajewski (Ucrania 1945), sensible al Holocausto, considera que la poesía da forma a la vida interior pero también tiene que velar por la historia: "los momentos de lucidez son históricos, pero se viven en la cotidianeidad, en la vida normal, con un ojo abierto a la historia"[1].
En este sentido, los efectos del conflicto armado interno que vivió nuestro país durante los años ochenta y principios de los noventa se perciben en la poesía escrita por mujeres peruanas a través de diversas formas, en algunos casos cruda y explícita; en otros, de forma velada y misteriosa, pues nada funciona de acuerdo a una teoría mecanicista, que parece echaran en falta algunos críticos cuando demandan una literatura de la violencia.
Más que una mera imitación de la realidad —como pensaba Aristóteles—, la poesía reconstruye una imagen de dicha realidad de manera original; para ello la percepción de los acontecimientos pasa por varios filtros, semejante a un rayo refracto que brota de una realidad perniciosa que se expresa en emociones intraducibles o en imágenes enigmáticas, la mayoría de las veces a través de una simbología que nos recuerda la experiencia poética del expresionismo alemán en la primera mitad del siglo pasado, especialmente a Georg Trakl, cuya corta vida y breve pero intensa, atormentada poesía nos hablan premonitoriamente de desgracias por venir, como las dos guerras mundiales. Mostrando un paisaje melancólico y decadente, temas como el incesto e imágenes de podredumbre (muros de lepra, uvas purpúreas, el grito de los cuervos), la simbología personal de Trakl expresa con fuerza inusitada la debacle de una época en apariencia rica y culta.
No solo es imposible imitar la realidad, ya que ésta es cambiante, sino que —como señala el filósofo Nelson Goodman— no existe un "ojo natural inocente". De ahí que parezca una discusión inútil echarle la culpa a los artistas peruanos por su supuesta indiferencia o mutismo ante los hechos de violencia que, según el Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación[2], arrojaron la cifra de casi 70 mil muertos, además de violaciones a mujeres de origen campesino y efectos psicológicos irreversibles en la población peruana.
La poesía que se publica en este volumen responde a una antigua pregunta que sigue vigente, formulada por el filósofo alemán Adorno después de la Segunda Guerra Mundial: ¿Es posible escribir poesía después de Auschwitz? ¿Es posible escribir poesía durante y después de un conflicto armado como el de hace veinte años en el Perú? La poesía, el arte no cesan, los/las poetas y los escritores seguirán inspirándose en la realidad, sea ésta reflejo del mal; el mal no como lo entendía Bataille desde su concepción romántico-transgresora, sino desde la idea de crímenes políticos y éticos.
Algunos de los poemas en el presente libro datan de la época del conflicto armado, otros salieron a la luz años después del cese de la guerra. Los sentimientos ante el peligro y el miedo en los poemas están asociados con la noche y la soledad, aunque también con el peligro y la incertidumbre: un tajo, una cuchillada, parecen hundirse en la piel.
Por momentos, más o menos explícita, la poesía también se refiere al futuro, uno imposible, el tiempo en los relojes se ha roto o es arena pura. La metáfora es una figura literaria que elude la descripción directa para darle un vuelco interior a la representación de la realidad objetiva, las palabras se cargan de nuevos significados y revelan una realidad más sutil. Alcohol, ciénagas, decadencia, mármoles íntimos, estas palabras se combinan y asocian de manera original para impresionar al lector en un poema sobre los que van a la guerra. Los niños, dónde están, se pregunta una de las poetas antologadas, han sido sacrificados, la patria los prefiere muertos, dice.
A veces basta un diente de plata en una sonrisa de mujer humilde y trabajadora, como único recuerdo del esposo, para revivir el dolor que sigue latente en medio de la pobreza. Y otra vez la metáfora, la imagen del mar como hierba mala, puertas sin aldaba para ingresar en un mundo delirante del que no hay retorno. Cómo encajar la rutina diaria en una conflagración, los pensamientos se vuelven obsesivos; las compulsiones, secretas; la vigilia parece una pesadilla. Las imágenes hablan más que las balas en el universo poético.
No todo es expresión de una voz lírica monologante en esta antología. La voz del otro/a se deja escuchar, la palabra de la mujer campesina nos habla con la voz de sus adentros para denunciar la violencia sexual, método del enemigo en la guerra para someter a las mujeres, para despojarlas de su dignidad. Es la otra cara de la poesía, la que dialoga con las lideresas populares asesinadas, con las guerrilleras muertas en combate o con los íconos de la cultura popular.
Entonces escuchamos música del recuerdo, a Leonardo Favio, y la poeta reinventa la historia a través de la fusión de palabras: "Baviolada" es el oxímoron, la contradicción perfecta: dos en uno: mujer violada y balada romántica, y la canción de Favio "Hoy la vi..." se transforma en odio, en asco, en basura.
Incluso el arte paradigmático de Ayacucho, el retablo, está presente en un poema para narrar el odio. En este trozo de madera de naturaleza religiosa una historia dentro de otra historia cobra vida, es una historia de horror, todo crimen lo es; otra mujer, víctima de la violencia sexual, implora y evoca la muerte de su amado esposo, asesinado. Canta y danza para nosotros, también ella está muerta, la hicieron volar en pedazos.
Los textos poéticos no se están quietos, viajan por todo el país, se internan entre montañas, llegan a lugares olvidados por el Estado peruano, a los escenarios de los enfrentamientos entre el ejército y Sendero luminoso. Cuando no, deambulan temerosos por la universidad, la cual ha sido intervenida por uno y otro bando y ya no es un referente cultural sino el sitio donde el peligro es inminente Es lo mismo, dentro o afuera, la locura nos llama. Tanto en el terreno de lo íntimo como en el mundo exterior, el mal se ha instalado.
La enfermedad es el mal dentro del cuerpo, un cuerpo que ya no vive, no grita, no ama, encerrado en un hospital, el seno cercenado, mientras en la calle se escuchan balazos. En un contexto como ese hasta la poesía se vuelve pestilencia. La enfermedad y el mal; el deseo y la muerte; obsesionados entre sí. Y en medio del peligro, la noche nos atrae.
Sin embargo, la violencia también engendra, también es madre para las poetas. Madre Violencia no puede detenerse, escribe anhelante; en cambio, la música de una flauta "leve y fina" nos llena de paz, de sosiego.
Soledad, no solo la del ser abandonado a su destino aciago, sino soledad física, soledad entre matorrales, aunque de ahí también emana salvador el olor dulce de una retama que nace del tapial para redimirnos; es decir, siempre hay un resquicio, una vía por la que ingrese paz y sosiego. No todo está perdido entre tanta soledad y muerte. Si morbidez y miseria quedan registradas y pareciera no haber señales de salvación, una flor amarilla puede limpiar la suerte, es el vaticinio de las poetas al final de esta antología, que surge como el testimonio literario de una época oscura y sangrienta.
[1] "Adan Zagajewski/Poeta" en El País, sábado 19 de noviembre de 2005, p. 38.
[2] Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación está disponible en www.cverdad.org.pe
Thursday, September 06, 2007
Monday, August 27, 2007
La palabra vecina: Dossier escritores
FERNANDO BALSECA (Ecuador). Nació en Guayaquil en 1959. Poeta, ensayista y periodista. Se desempeña como profesor universitario en la Universidad Andina Simón Bolívar. En la década del setenta participó activamente en el Colectivo Sicoseo. Según Iván Carvajal, la poesía de Balseca "es ejercicio de cuchillería: cuchillos dirigidos hacia la carne del mundo, de la historia, de los hombres concretos, del propio poeta". De su obra poética, destacan los siguientes libros: Cuchillería del fanfarrón (1981); Sol, abajo y frío (1985); A medio decir (2003). También es autor del conjunto de cuentos Color de hormiga (1976). Fue el editor de la antología de poesía ecuatoriana La palabra perdurable (1991).
OSWALDO REYNOSO (Perú). Nació en Arequipa en 1931. Narrador, poeta, profesor universitario y periodista. En 1977 viaja a la República Popular China, donde permanece hasta 1989. Se desempeñó como profesor y corrector de estilo en la Agencia de Noticias Xinhua (Beijing). Los inocentes (1961), relatos de adolescentes marginales urbanos escritos un lenguaje coloquial y popular, constituye un hito en la tradición narrativa peruana. Sus novelas En octubre no hay milagros (1965), El escarabajo y el hombre (1970) y Los eunucos inmortales (1995) consolidan su delicado trabajo de orfebre del lenguaje. En busca de Aladino (1993) y El goce de la piel (2005) son dos relatos breves que trasuntan erotismo y una provocadora moral hedonista.
RAÚL PÉREZ TORRES (Ecuador). Nació en Quito en 1941. Narrador, poeta y periodista. Miembro fundador de la revista La bufanda del sol, importante publicación de los jóvenes escritores en los años setenta. Su vasta obra cuentística ha merecido diversos premios: Musiquero joven, musiquero viejo -Premio Nacional José de la Cuadra- (1977); En la noche y en la niebla -Premio Casa de las Américas- (1979); Sólo cenizas hallarás -Premio Juan Rulfo, Francia, y Premio Julio Cortázar, España (1995). También ha incursionado en otros géneros: La dama de rojo (teatro, 1983), Teoría del desencanto (novela, 1985) y Poemas para tocarte (1994). Su obra narrativa formaliza un sensualismo amargo y desbordado. Un erotismo teñido de tragedia y remordimiento que cautiva a los lectores.
FIDEL TUBINO (Perú). Nació en Lima en 1951. Filósofo y ensayista. Doctor en filosofía por la Universidad Católica de Lovaina. Actualmente es Decano de la Facultad de Estudios Generales de Letras de la Pontificia Universidad Católica y Coordinador de la Red Internacional de Estudios Interculturales. Desde una perspectiva interdisciplinaria, sus investigaciones abordan temas vinculados con la integración entre cultura y política, y las identidades étnicas en las sociedades modernas. Tiene múltiples publicaciones en revistas especializadas. Es coautor de los siguientes libros: Interculturalidad: Un Desafío (1992), Los efectos de la globalización en la educación (1994), Derechos Humanos y pueblos indígenas (1996), Jenetian. El juego de las identidades en tiempos de lluvia (2007).
ALEJANDRO MOREANO (Ecuador). Nació en Quito en 1944. Ensayista, novelista y profesor universitario. Editorialista del diario Hoy. Se ha especializado en política, globalización y cultura en Latinoamérica. Entre sus libros de ensayos destaca: El Apocalipsis Perpetuo (2003), en el que reflexiona como intelectual militante sobre el nuevo orden mundial, el poder imperial norteamericano y las guerras culturales contemporáneas. Es coautor de Identidad y cambios culturales en la globalización (1995), Universidad, Estado y sociedad (1994) y El sistema político en el Ecuador contemporáneo (1990). También ha publicado la novela El devastado jardín del paraíso (1990).
ALONSO CUETO (Perú)- Nació en Lima en 1954. Estudió literatura en el Perú y en los Estados Unidos, obteniendo el grado de Doctor en Literatura por la Universidad de Texas. Sus novelas y cuentos exploran espacios íntimos, fantasías amorosas y los trabajos de la memoria siempre desde la perspectiva de héroes descolocados. Su primera novela El tigre blanco (1985) obtuvo el Premio Wiracocha del grupo Editorial Planeta. En el 2005, obtuvo el Premio Herralde de novela con La hora azul. Este año, ha sido finalista del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta–Casa de América por El susurro de la mujer ballena. Sus libros han sido traducidos al inglés, chino, alemán, búlgaro y francés.
JAVIER VÁSCONEZ (Ecuador). Nació en Quito en 1946. Narrador y editor. Ha publicado las siguientes novelas: El viajero de Praga (1996) y La sombra del apostador (1999). Su maestría verbal se luce en dos novelas cortas: El secreto (1996) y El retorno de las moscas (2006). "Quito es sin duda el referente y el modelo de mi ciudad literaria. Mantengo una relación contradictoria con ella, de amor y de odio, de auténtico asombro". En el género cuento, destacan: Ciudad lejana (1982), El hombre de la mirada oblicua -Premio Joaquín Gallegos Lara- (1986), Café concert (1995), Un extraño en el puerto (1998) e Invitados de honor (2002). Sus relatos han sido traducidos a diferentes idiomas como el alemán, francés, inglés, italiano y sueco.
MARIO MONTALBETTI (Perú). Nació en Lima en 1953. Sus poemas transmiten un aprendizaje lúcido y lúdico de epigramas latinos, poesía anglosajona y antipoesía hispanoamericana. Su libro Perro negro (1978) es una parodia del sentimentalismo amoroso, una despiadada ironía de las formas y discursos de la cavilación filosófica. Fin desierto (1997), Llantos Elíseos (2002) y Cinco segundos de horizonte (2005) consolidan su original camino poético y su pasión por los destellos y las aporías del lenguaje. Obtuvo el Primer Premio de Poesía en los Juegos Florales de la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1973 y el Premio de Poesía José María Arguedas en 1977.
MARÍA FERNANDA ESPINOSA (Ecuador). Nació en Salamanca en 1964. Poeta, lingüista y geógrafa PhD (c). Se ha especializado en estudios amazónicos y derechos indígenas. Actualmente se desempeña como Ministra de Relaciones Exteriores de la República del Ecuador. Ha publicado los poemarios Caymándote (1990), Tatuaje de Selva (1992), Loba Triste (2000) y Antología (2005). Su poesía explora con originalidad las tramas de la memoria y los pliegues de la piel. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1990. Sus poemas han aparecido en diversas antologías extranjeras y en revistas como: International Poetry Review (1994), Hispamérica (1996), Revista Alforja de México (2002) y Hueso Húmero (2004).
FERNANDO AMPUERO (Perú). Nació en Lima en 1949. Escritor y periodista. Después de realizar un largo viaje por América Latina y Europa, escribió y publicó Paren el mundo que acá me bajo (1972), un conjunto de cuentos que luego apareció en versión corregida y aumentada con el título Deliremos juntos (1975). Sus cuentos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, alemán, búlgaro y húngaro. Ha sido editor de la revista Caretas y hoy se desempeña como Jefe de la Unidad de Investigación de El Comercio. Sus novelas Caramelo verde (1992) y Puta linda (2006) han sido celebradas por sus tramas, lenguaje y parodias que dialogan creativamente con la cultura de masas.
CARLOS CARRIÓN (Ecuador). Nació en Malacatos (Loja) en 1944. Narrador, ensayista, crítico literario y catedrático universitario. Editorialista del diario quiteño Hoy. Ha publicado las novelas: El deseo que lleva tu nombre (1990), Una niña adorada (1993) y Una guerra con nombre de mujer (1995). Sus apreciados libros de cuentos trazan una obra densa formada por múltiples registros narrativos. El corazón es un animal en celo (1995) obtuvo el Premio Nacional Joaquín Gallegos Lara y El más hermoso animal nocturno, el Premio Nacional José de la Cuadra (1982). Sus cuentos han sido antologados en diversos libros y se han publicado en revistas mexicanas y españolas.
En la foto: Alonso Cueto y Oswaldo Reynoso.
La palabra vecina
Martes 4 de septiembre
18:30 horas: Ceremonia de inauguración
19:00 horas: Mesa I Poetas
Rossella di Paolo y Fernando Balseca
Moderador: Ana María Gazzolo
20:30: Cóctel de inauguración
Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso
Jirón Ucayali 391 – Lima
Miércoles 5 de septiembre
18:30 horas: Mesa II Narradores
Oswaldo Reynoso y Raúl Pérez Torres
Moderador: Enrique Planas
Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso
Jirón Ucayali 391 – Lima
Jueves 6 de septiembre
18:30 horas: Mesa III Diálogo sobre imaginarios
Ensayistas: Fidel Tubino y Alejandro Moreano
Moderador: José Ignacio López Soria
Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso
Jirón Ucayali 391 – Lima
Martes 11 de septiembre
18:30 horas: Mesa IV Narradores
Javier Vásconez y Alonso Cueto
Moderador: José Donayre
Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso
Jirón Ucayali 391 – Lima
Hora: 18:30
Miércoles 12 de septiembre
18:30 horas: Mesa V Poetas
Mario Montalbetti y María Fernanda Espinosa
Moderador: Antonio Cisneros
Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso
Jirón Ucayali 391 – Lima
Jueves 13 de septiembre
18:30 horas: Mesa VI Narradores
Fernando Ampuero y Carlos Carrión
Moderador: Marcel Velázquez Castro
20:00 horas: Cóctel de clausura
Lugar: Organización de Estados Iberoamericanos (O.E.I.)
Calle San Ignacio de Loyola 554 - Miraflores
Sunday, August 26, 2007
Thursday, August 23, 2007
Wednesday, August 22, 2007
Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel
Por Róger Santiváñez
Hacía tiempo que un nuevo libro de poesía no llamaba mi atención como ha sucedido con Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel. Y me he preguntado por las razones de este parecer. Esta breve nota trata de responder dicha interrogante.
En primer lugar habría que mencionar la habilidad de la autora para situarse y entroncar su obra en el devenir de la mejor tradición de nuestra poesía. Hay una lúcida apropiación –por ejemplo de Eielson- en estos versos: la salud como aspaviento de leche y petróleo, / la infancia socavando lo repentino, las velas, las luces, / el humo de la cocina y la estrella fija en el cielo. Pero este distinto nombrar de la realidad, no se queda en sus resonancias intertextuales sino que proyecta una imaginería muy personal en Cabel. Allí está el núcleo de su capacidad renovadora: palideces madrugada en las diurnas calles vivas / repletas de juncos y puros corazones mojados. Aquí la joven poeta expresa de manera muy suya –fresca y creativa- su visión de la ciudad y sus aconteceres. Un claro rasgo de su estilo es la adjetivación doble encadenada, que no es un invento suyo, pero sí un logro de su plasmación textual: pincelada azul escarlata o silbido celeste iluminado.
Otro interesante rasgo de su escritura es la dispersión de los sujetos. En este punto Cabel se muestra absolutamente post-moderna. Nunca queda claro quién habla en el poema, ni a quien se lo dirige. Inclusive –a veces- los destinatarios son varios, están confundidos, o usan máscaras a la hora de la representación. Y al final queda abierto el sentido del poema: pronto te veré y no sé como andaremos. / quizás de pies, o de cabeza. / tú lo tendrás a él. / lo imagino como a ti./ con los ojos gigantes, cargados de vértigo. / como un perfil asustado, como un fragmento de tu cabello. […] de carne, hecho una prolongación de tu sonrisa. Al parecer, una entraña fenomenológica estaría alumbrando el misterio de esta poesía. Un volver a las cosas mismas (Husserl) –las cosas como son- queda claro en cierto verso de Cabel que reza así: "no hay más miedo que este").
A pesar de todo esto, pueden identificarse algunos temas. El amor, la familia, en cuyo centro mora la perfección enemiga que no podemos identificar, pero que la poeta con rara sabiduría acepta: mientras yo miraba el cielo / como ayuno y hacia arriba / recordando la cara de la luna, y en cada espacio que se colaba aquí dentro, / recibía. / callada. Y así se va configurando este libro, "armando los trozos que componen núcleos tristemente dispersos" como nos dice la autora. Pero al final, nos queda una imagen compacta. Un solo tono y una sola dicción adecuadamente conseguidos. Si la literatura universal está presente (entre los castillos de K) está también el muy peruano vals de colores. O momentos de intenso lirismo como: la historia de la rosa en el cabello mío.
En suma, se trata de un nuevo libro que nos presenta desgarradas imágenes de una poesía que trabaja sus tormentos: yo soy un animal que se amolda a tu cama repleto de espinas, lleno de cercos y púas. Soy la mortaja que en tu vientre se revuelca pidiéndote madre. Y en donde lo cotidiano aparece en las risas de las músicas de las mujeres de las radios; pero ésta no es una poesía coloquial, ni tampoco neo-barroca. Busca más bien su propio y personal rumbo sugiriendo efecto mariposa. Sin exagerar, porque Andrea Cabel posee el don; podemos decir de ella, lo que Ezra Pound dijo de Rimbaud: a vivid and indubitable genius.
[Roberts Pool, Collingswood, 13 de agosto de 2007]
Hacía tiempo que un nuevo libro de poesía no llamaba mi atención como ha sucedido con Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel. Y me he preguntado por las razones de este parecer. Esta breve nota trata de responder dicha interrogante.
En primer lugar habría que mencionar la habilidad de la autora para situarse y entroncar su obra en el devenir de la mejor tradición de nuestra poesía. Hay una lúcida apropiación –por ejemplo de Eielson- en estos versos: la salud como aspaviento de leche y petróleo, / la infancia socavando lo repentino, las velas, las luces, / el humo de la cocina y la estrella fija en el cielo. Pero este distinto nombrar de la realidad, no se queda en sus resonancias intertextuales sino que proyecta una imaginería muy personal en Cabel. Allí está el núcleo de su capacidad renovadora: palideces madrugada en las diurnas calles vivas / repletas de juncos y puros corazones mojados. Aquí la joven poeta expresa de manera muy suya –fresca y creativa- su visión de la ciudad y sus aconteceres. Un claro rasgo de su estilo es la adjetivación doble encadenada, que no es un invento suyo, pero sí un logro de su plasmación textual: pincelada azul escarlata o silbido celeste iluminado.
Otro interesante rasgo de su escritura es la dispersión de los sujetos. En este punto Cabel se muestra absolutamente post-moderna. Nunca queda claro quién habla en el poema, ni a quien se lo dirige. Inclusive –a veces- los destinatarios son varios, están confundidos, o usan máscaras a la hora de la representación. Y al final queda abierto el sentido del poema: pronto te veré y no sé como andaremos. / quizás de pies, o de cabeza. / tú lo tendrás a él. / lo imagino como a ti./ con los ojos gigantes, cargados de vértigo. / como un perfil asustado, como un fragmento de tu cabello. […] de carne, hecho una prolongación de tu sonrisa. Al parecer, una entraña fenomenológica estaría alumbrando el misterio de esta poesía. Un volver a las cosas mismas (Husserl) –las cosas como son- queda claro en cierto verso de Cabel que reza así: "no hay más miedo que este").
A pesar de todo esto, pueden identificarse algunos temas. El amor, la familia, en cuyo centro mora la perfección enemiga que no podemos identificar, pero que la poeta con rara sabiduría acepta: mientras yo miraba el cielo / como ayuno y hacia arriba / recordando la cara de la luna, y en cada espacio que se colaba aquí dentro, / recibía. / callada. Y así se va configurando este libro, "armando los trozos que componen núcleos tristemente dispersos" como nos dice la autora. Pero al final, nos queda una imagen compacta. Un solo tono y una sola dicción adecuadamente conseguidos. Si la literatura universal está presente (entre los castillos de K) está también el muy peruano vals de colores. O momentos de intenso lirismo como: la historia de la rosa en el cabello mío.
En suma, se trata de un nuevo libro que nos presenta desgarradas imágenes de una poesía que trabaja sus tormentos: yo soy un animal que se amolda a tu cama repleto de espinas, lleno de cercos y púas. Soy la mortaja que en tu vientre se revuelca pidiéndote madre. Y en donde lo cotidiano aparece en las risas de las músicas de las mujeres de las radios; pero ésta no es una poesía coloquial, ni tampoco neo-barroca. Busca más bien su propio y personal rumbo sugiriendo efecto mariposa. Sin exagerar, porque Andrea Cabel posee el don; podemos decir de ella, lo que Ezra Pound dijo de Rimbaud: a vivid and indubitable genius.
[Roberts Pool, Collingswood, 13 de agosto de 2007]
Wednesday, August 15, 2007
Febrero lujuria de Christian Reynoso (fragmento capítulo 31)
De pronto, en ese vaivén festivo, sin que nadie se diese cuenta aparecieron ante el palco oficial los sicuris del barrio Mañazo: caramelo dulce, cerveza dorada, tufillo de amanecida, caldo de cabeza. Y formados en media luna soplaron las zampoñas de seis y siete cañas produciendo un diálogo musical entre sus soplidos, pregunta respuesta pregunta respuesta y las melodías del sicu cobraron vida. Y al centro, marcando el ritmo, se escuchó el sonido del bombo y la tarola; y todos, con pasitos ligeros, envueltos en la música, se perdieron entre los danzarines. Y es que en Mañazo no hay fórmulas creadas. La libertad es el alma y esencia del conjunto y cada quien baila a su manera desplegando el paso del sicu, que es una mezcla de movimientos entrecortados con grácil compás y furor exorcista. Y los disfraces, de todo y nada, extraños, coloridos, vibrantes. Y eso es Mañazo, ¡un caso!, como gritan a viva voz. Y fueron aplaudidos por los espectadores y queridos por la tradición y fiesta que irradiaban. Y ahí estaba Paco Macedo, alto, fornido, bruto, con el bigote rubio y disfrazado de vikingo; y más atrás, sin respiración y con la cara morada del cansancio el poeta Aramayo con su traje de diablo caporal; y a su lado, el indio Tomaylla con su largo cabello negro, vestido de piel roja y ondeando amenazantes hachas; y metros más allá, la chica Santisteban con su paso elegante y sonrisa a flor de piel que miraba al flaco Zea, y él, que bailaba y saludaba a la gente, chino de risa y tropezándose en sus pasos; y al final del conjunto, los espectadores que se contagiaron del ritmo y se unieron a la fiesta, entusiastas, sibaritas, sin disfraz, con botellas de cerveza a la mano y cigarrillos a la boca. Y recordaron al Volvo Montesinos, el china diabla de cabello amarillo rizado, impetuoso, jacarero y excéntrico que nunca dejaba de bailar, y a Tufo, su perro. ¿Y dónde estaban? ¿En el cielo, en el infierno o en Mañazo?; y él, el Volvo que venía siempre al último, bailando solito, con los labios pintados, pícaro, moviendo la carterita, levantándose la falda y alejándose cada vez más del conjunto, los miró desde la muerte en su guarida de Huajsapata y rió, ebrio y feliz, y se rascó la panza, y les dijo: ¡salud! Y nadie dejó de bailar porque Mañazo seducía, emborrachaba y liberaba; y de pronto, en el frenesí del sicuri, llegaron a una esquina y se perdieron, se equivocaron, y cambiaron el curso de su recorrido, y ya nadie supo a dónde ir, y empezaron a regresar por donde habían venido, atropellando a los contrarios y qué importaba dijeron, si con Mañazo no había caso, y nuevamente el repique de la tarola ametralló y los sonidos de las zampoñas emergieron desde las gargantas: saliva dulce, ron con Coca-Cola, bolita de coca, mamita Candelaria, Mañazo, Mañazo, energía del diablo, latido del corazón.
Monday, August 06, 2007
Tuesday, July 31, 2007
Jaime Higgins sobre Los Íngar
Zavaleta aborda otro aspecto de la vida provinciana [como hemos visto en los relatos "La batalla" (1954) y "El Cristo Villenas" (1955)] en Los Íngar (1955), una novela corta que refiere la enemistad entre la familia epónima y el alcalde y el gobernador del pueblo de Corongo. Nunca se aclara el origen de la enemistad pero el texto, narrado desde la perspectiva de los Íngar, da a entender que las autoridades los persiguen porque los temen como una amenaza para su poder político y porque codician sus mejores tierras. Fabrican una acusación falsa para hacer detener a Sheesha, el jefe de la familia, pero se ven obligadas a ponerlo en libertad cuando el resto de la familia acude en su ayuda como un testigo que prueba su inocencia. Luego envían a uno de sus matones a provocar una pelea, a raíz de la cual los dos hermanos mayores tienen que fugarse para evitar caer en manos de la policía. Finalmente, inventan un pretexto para hacer detener a Llica, el hermano menor, y la novela termina trágicamente cuando muere abaleado al intentar escaparse. El libro muestra así el carácter sórdido de la política pueblerina, que se centra en personalidades y familias más que en ideologías y se lleva a cabo en un clima en que se busca y se explota el poder por fines personales y todos los bandos se muestran dispuestos a recurrir a la fuerza para conseguir sus objetivos. Sin embargo, si la narración representa a los Íngar como víctimas de autoridades abusivas, se insinúa que en gran medida son autores de sus propias desgracias. Una familia pendenciera, viven no sólo peleando con sus enemigos sino riñendo entre sí y aunque se mofan públicamente de la corrupción de las autoridades, el hecho de que Sheesha decline una invitación a ser gobernador sugiere que les interesa más proseguir su vendetta que reformar el pueblo. En efecto, el verdadero tema de la novela viene a ser la violencia autodestructiva que parece ser parte integral de la vida pueblerina. Desde el principio, Zavaleta crea una atmósfera de violencia y de tragedia ineluctable que nos recuerda el teatro de Lorca. La novela empieza con un episodio en que uno de los hermanos aporrea a un enemigo y una nota de premonición es creada por la angustia de la madre viuda, quien constantemente se inquieta por sus hijos. Sobre todo, vemos al hermano menor reprimir sus instintos más sensibles a medida que va asimilando las actitudes de sus hermanos mayores y procura vivir conforme a su modelo machista. Cuando muere abaleado en el último párrafo, el desperdicio de su vida es presentado como la consecuencia trágica e inevitable del círculo vicioso en el cual se halla atrapado.
Jaime Higgins. Historia de la literatura peruana. Lima: Universidad Ricardo Palma, octubre 2006, págs. 277-278.
Jaime Higgins. Historia de la literatura peruana. Lima: Universidad Ricardo Palma, octubre 2006, págs. 277-278.
Saturday, July 28, 2007
Tuesday, July 24, 2007
Dos poemas de Andrea Cabel
[aquí no hay lluvia]
al carrusel de vil.
hay carruseles.
destrucción para nosotros,
silencio de papel,
estrella ciega como el tiempo de un suspiro.
todas las cuerdas del pasado y los agujeros palpitantes
los corredores, el áureo verbo del payaso de suelo
de la noche triunfal en un puñado de hierba
en un bosque azul sin lámparas ni gacelas.
aquí nadie llueve.
no hay silencio en un silbido celeste iluminado,
solo empiezan estas copas de rocío,
estas alondras bebiendo la corola de una criatura sin paladar.
palideces madrugada en las diurnas calles vivas
repletas de juncos y puros corazones mojados.
todo vive y se extinguen los ecos, la certeza asciende
y se ríe el mar de tacto, la espuma como un ave
se retira y nace
por donde descansa una mejilla,
un intocable beso.
[constanza]
temprano cae el sol, solo existir esparce las flores./ de perfil, solo días de mantas al lado / y calladas, un sonido que escucha vagando el vientre, llorando y despeinado./ máscara que sonríe y luego el humo./ el reflejo desgarrándose de tristeza /como las solapas /y las esferas de luz./ mares silentes eligiendo un beso,/ niños príncipe que de espaldas a los astros /pintan las mejillas de los peces y el sollozo de los ríos./ humilde estrella de infancia que atraviesa la cocina y la habitación de la hermana,/ que se sienta/ serena y furiosa./humilde estrella de infancia,/ humilde hermana.
al carrusel de vil.
hay carruseles.
destrucción para nosotros,
silencio de papel,
estrella ciega como el tiempo de un suspiro.
todas las cuerdas del pasado y los agujeros palpitantes
los corredores, el áureo verbo del payaso de suelo
de la noche triunfal en un puñado de hierba
en un bosque azul sin lámparas ni gacelas.
aquí nadie llueve.
no hay silencio en un silbido celeste iluminado,
solo empiezan estas copas de rocío,
estas alondras bebiendo la corola de una criatura sin paladar.
palideces madrugada en las diurnas calles vivas
repletas de juncos y puros corazones mojados.
todo vive y se extinguen los ecos, la certeza asciende
y se ríe el mar de tacto, la espuma como un ave
se retira y nace
por donde descansa una mejilla,
un intocable beso.
[constanza]
temprano cae el sol, solo existir esparce las flores./ de perfil, solo días de mantas al lado / y calladas, un sonido que escucha vagando el vientre, llorando y despeinado./ máscara que sonríe y luego el humo./ el reflejo desgarrándose de tristeza /como las solapas /y las esferas de luz./ mares silentes eligiendo un beso,/ niños príncipe que de espaldas a los astros /pintan las mejillas de los peces y el sollozo de los ríos./ humilde estrella de infancia que atraviesa la cocina y la habitación de la hermana,/ que se sienta/ serena y furiosa./humilde estrella de infancia,/ humilde hermana.
Monday, July 23, 2007
Aguas procelosas. Entre el lirismo y la perturbación
Andrea Cabel
Las falsas actitudes del agua
Editora Mesa redonda / Serie "Taquicardia"
Lima, 2007
Por Luis Fernando Chueca
El agua existe sutil o ferozmente cambiante en sus mil y una formas. Implica flujo, ondulación, vaivén o quietud solo aparente. Es envolvente e indetenible cuando amenaza con desbordarse y diluir aquello que se le acerque, hasta el punto de privar de vida a quien pierda el control dentro de ella. Pero puede, así mismo, prometer renacimiento: purifica. Estas son algunas de sus posibles "actitudes". Pero ¿cuáles son las falsas actitudes del agua?, ¿por qué se califica así a las que son convocadas en este libro?, ¿a qué falsedad se refiere el título? Como el agua, las respuestas serían también múltiples y mutables. Y es que, en primer lugar, aquí no hay agua sino palabras que la representan; que simulan, esconden o sugieren, como toda representación.
"En el agua todo se disuelve, toda forma se desintegra, toda historia queda abolida", dice J.A. Pérez Rioja en su Diccionario de símbolos y mitos. Aquí, dijimos, no hay agua realmente, pero su correlato, el fluido discursivo que engarza las imágenes de este poemario –que aparece ahora en su segunda edición–, opera de manera semejante: promete –como lo anuncia el último poema de la sección central– "hacer con todo ello una historia", sin embargo decide entregar apenas rastros, sutiles huellas de una trama que se niega ante los ojos del lector; aunque esta dimensión de su falsedad no obsta para atisbar algunos de sus nudos (para usar la eielsoniana palabra que el libro recuerda en algunos de sus textos): amor, identidad, pérdida, lejanía, deseo, palabra. En la primera sección todo esto se insinúa, pero antes que ello quedan establecidas, sobre todo, las coordenadas fundamentales del lenguaje utilizado: sensorialidad, sensualidad, plasticidad. Nada demasiado evidente. Palabras e imágenes de materialidad casi inasible. Sensación de tiempo que pasa y arremete sin dejar claras sus razones: "las reglas de las excepciones resplandecen solas y tristes".
En "Fruta partida", segunda sección, algo más podemos vislumbrar. El rompimiento que anuncia el título permite establecer, por la sonoridad del adjetivo, un hilo entre esta frase y "fruta prohibida", y de allí hay solo un paso hacia "paraíso prohibido" y "perdido". Si ya en "Currahee", en la primera parte, se habló del paraíso como "una isla de tierra roja abierta en dos", ahora es más claro que la experiencia esencial de la pérdida está vinculada con el quiebre: la fruta (¿el amor, la autoimagen, el deseo, la seguridad?) se parte como también lo hace el poema liminar del bloque, que duda entre una "criatura como yo / […] / o criatura como tú". La fragmentación como reverso de la identidad y el cuestionamiento de los pronombres personales se magnifican en el recorrido inmediato, que atraviesa el abecedario –los títulos corresponden a las letras–, en que una serie de personajes (Salvador, "ella", Susana, "él", Micaela, la hablante de los poemas) entretejen sus voces y funden, por momentos, sus contornos. La secuencia alfabética invita a pensar en una trama que no puede ser sino imposible o incompleta. Lo que hay, otra vez, son restos desgajados de una historia en la que la pérdida, la postergación o la imposibilidad de lograr lo querido (o soñado) es lo central.
La última sección del poemario, "Todas las mujeres han sido tú", puede proponerse como síntesis de lo anterior. Pero no como resultado de alguna operación lógica, sino en tanto clave mayor del conjunto. Aquí se hacen texto y cuerpo –sobre la base de referencias a personajes femeninos de la literatura, las artes plásticas o, incluso, la vida cotidiana– las ideas de multiplicidad y fragmentación como base de la identidad. La amada, la amiga, la madre son, quizás, así, rostros diversos de un mismo ser. ¿Admiración o reclamo? ¿Disgusto por el descubrimiento de "la máscara del cielo como estrellas pintándose la boca" o fascinación por la capacidad de ser, cada una, todas? Quizás sobre todo, conciencia de que, como el agua (elemento femenino, no olvidemos), el lenguaje tiene la capacidad de fundir todo aquello que entra en él, y construir así su propia realidad, hecha de inevitables presencias y vacíos. Con Las falsas actitudes del agua, Andrea Cabel nos enfrenta, con belleza y solidez, a ese lado admirable y perturbador de la existencia. Excelente entrega.
Las falsas actitudes del agua
Editora Mesa redonda / Serie "Taquicardia"
Lima, 2007
Por Luis Fernando Chueca
El agua existe sutil o ferozmente cambiante en sus mil y una formas. Implica flujo, ondulación, vaivén o quietud solo aparente. Es envolvente e indetenible cuando amenaza con desbordarse y diluir aquello que se le acerque, hasta el punto de privar de vida a quien pierda el control dentro de ella. Pero puede, así mismo, prometer renacimiento: purifica. Estas son algunas de sus posibles "actitudes". Pero ¿cuáles son las falsas actitudes del agua?, ¿por qué se califica así a las que son convocadas en este libro?, ¿a qué falsedad se refiere el título? Como el agua, las respuestas serían también múltiples y mutables. Y es que, en primer lugar, aquí no hay agua sino palabras que la representan; que simulan, esconden o sugieren, como toda representación.
"En el agua todo se disuelve, toda forma se desintegra, toda historia queda abolida", dice J.A. Pérez Rioja en su Diccionario de símbolos y mitos. Aquí, dijimos, no hay agua realmente, pero su correlato, el fluido discursivo que engarza las imágenes de este poemario –que aparece ahora en su segunda edición–, opera de manera semejante: promete –como lo anuncia el último poema de la sección central– "hacer con todo ello una historia", sin embargo decide entregar apenas rastros, sutiles huellas de una trama que se niega ante los ojos del lector; aunque esta dimensión de su falsedad no obsta para atisbar algunos de sus nudos (para usar la eielsoniana palabra que el libro recuerda en algunos de sus textos): amor, identidad, pérdida, lejanía, deseo, palabra. En la primera sección todo esto se insinúa, pero antes que ello quedan establecidas, sobre todo, las coordenadas fundamentales del lenguaje utilizado: sensorialidad, sensualidad, plasticidad. Nada demasiado evidente. Palabras e imágenes de materialidad casi inasible. Sensación de tiempo que pasa y arremete sin dejar claras sus razones: "las reglas de las excepciones resplandecen solas y tristes".
En "Fruta partida", segunda sección, algo más podemos vislumbrar. El rompimiento que anuncia el título permite establecer, por la sonoridad del adjetivo, un hilo entre esta frase y "fruta prohibida", y de allí hay solo un paso hacia "paraíso prohibido" y "perdido". Si ya en "Currahee", en la primera parte, se habló del paraíso como "una isla de tierra roja abierta en dos", ahora es más claro que la experiencia esencial de la pérdida está vinculada con el quiebre: la fruta (¿el amor, la autoimagen, el deseo, la seguridad?) se parte como también lo hace el poema liminar del bloque, que duda entre una "criatura como yo / […] / o criatura como tú". La fragmentación como reverso de la identidad y el cuestionamiento de los pronombres personales se magnifican en el recorrido inmediato, que atraviesa el abecedario –los títulos corresponden a las letras–, en que una serie de personajes (Salvador, "ella", Susana, "él", Micaela, la hablante de los poemas) entretejen sus voces y funden, por momentos, sus contornos. La secuencia alfabética invita a pensar en una trama que no puede ser sino imposible o incompleta. Lo que hay, otra vez, son restos desgajados de una historia en la que la pérdida, la postergación o la imposibilidad de lograr lo querido (o soñado) es lo central.
La última sección del poemario, "Todas las mujeres han sido tú", puede proponerse como síntesis de lo anterior. Pero no como resultado de alguna operación lógica, sino en tanto clave mayor del conjunto. Aquí se hacen texto y cuerpo –sobre la base de referencias a personajes femeninos de la literatura, las artes plásticas o, incluso, la vida cotidiana– las ideas de multiplicidad y fragmentación como base de la identidad. La amada, la amiga, la madre son, quizás, así, rostros diversos de un mismo ser. ¿Admiración o reclamo? ¿Disgusto por el descubrimiento de "la máscara del cielo como estrellas pintándose la boca" o fascinación por la capacidad de ser, cada una, todas? Quizás sobre todo, conciencia de que, como el agua (elemento femenino, no olvidemos), el lenguaje tiene la capacidad de fundir todo aquello que entra en él, y construir así su propia realidad, hecha de inevitables presencias y vacíos. Con Las falsas actitudes del agua, Andrea Cabel nos enfrenta, con belleza y solidez, a ese lado admirable y perturbador de la existencia. Excelente entrega.
Tuesday, July 17, 2007
Monday, July 16, 2007
Fragmento de La casa amarilla
Lejos de la ventana de su habitación, el temblor en las manos vino como un gesto inesperado, un tic del cual no tenía control, sollozando enseguida sin lograr desahogarse, viendo de reojo la lámpara de arrugas chinescas sobre la mesita de noche, el ropero apolillado en forma de mastodonte, las reproducciones de Van Gogh pendidas bocabajo contra la pared. Súbita inquietud de Delicia bajo un cielo de telarañas, reprochada consigo misma por no haber ingerido los sedantes, nerviosa en el ademán de alisarse el cabello, a la hora de la siesta general cuando las demás fingían un sueño de plomo y las llaves de los dormitorios colgaban, resignadas, en los clavos oxidados de la portería.Un pajarito la llamó desde la rama deshojada de una higuera; pero ella esta vez no le hizo caso. Trémula a los pies de la cama, era un ángel con las alas cortadas, una mariposa incolora aguardando tiempos mejores. El silencio parecía aplastarla, cohibirla en esas cuatro paredes que eran su hogar, su ciudad, y entonces cerró los ojos para no sentir, como si aquello bastara. Hacía semanas que no conseguía dominarse, mirar con calma los objetos que la rodeaban, sacudida por sobresaltos que la despertaban en la madrugada y propiciaban un ir y venir inútil dentro del cuarto. Su rostro denotaba los tormentos de esos instantes, y su cabello alborotado era el perfecto bosque invadido por duendes en miniatura. Lívidas ojeras perfilaban a una Delicia-osito panda, a una joven que aparentaba aún conservar el acné y las uñas mordisqueadas, detenida en un tiempo sin edad y sin gloria que la mantenía en el aire.
"Hoy no es un buen día", pensó, chasqueando la lengua, dejando que tibias lágrimas bajaran por sus mejillas; gotas cristalinas, vivas, formando hilillos en una cara pálida, angulosa, cara de mojigata triste. Solo los primeros resplandores del crepúsculo la alegraban, aunque tuviera que soportar inconstantes latidos en la sien, y entre bostezo y bostezo dibujaba una sonrisa blanca, infantil, que desaparecía en cuanto le tocaban la puerta y debía reunirse con las demás. Trataba de evitar en todo lo posible el contacto con ellas, ser una suerte de compañera de ruta que anda del brazo, cómplice de gelatinas y de prozacs. Prefería más bien la privacidad, la lectura atenta de un libro de aventuras, la música suave proveniente del I pod, antes que compartir la mesa en el comedor o los programas de televisión en el salón de esparcimiento. Reacia a los juegos en grupo, una de sus distracciones era contemplar el jardín desde su ventana, ver cómo las aves se posaban sobre los muros desportillados que rodeaban el lugar. Ahora, sin embargo, ni siquiera eso se animaba a hacer, estática en un extremo del cuarto y sin ganas de registrar en su diario, como lo hacía a menudo, esa tarde insípida que no tenía cuándo acabar. En la penumbra de su mente, algo la mortificaba, iba hendiendo los borrosos pensamientos que se agolpaban sin orden ni concierto, poniéndola cada vez más intranquila en medio de imágenes que surgían de improviso, recuerdos que la herían sobremanera, hasta el punto de inducirla a clavar las uñas en la colcha y soltar un gemido.
Todavía pensaba en su casa. Vagos instantes volvían cual fogonazos para inquietarla, actos violentos que la atemorizaron como la asustaban ahora, quieta en su postura de piedra, sollozando pero sin moverse, sutil figura congelada que no cede ni ante el vuelo de una mosca. Podía pasarse así toda la tarde, de pronto igual que una fotografía, inmovilizada tras el ¡click! en un espacio limitado que permitía el correr de los minutos, el transcurso de las horas. ¿Qué acontecía por su cabeza durante aquel lapso? Cualquier niño curioso que la viera en dicha situación diría que incubaba sapos y culebras. Pero Delicia no hallaba respuesta, cuando de un momento a otro parpadeaba y se preguntaba qué había ocurrido, por qué el sol ya no alumbraba con la misma intensidad. Estas ausencias eran comunes si se abandonaba a elucubrar, si caía en hondas aflicciones que la carcomían por dentro; sin embargo, luego de padecer, retornaba del letargo como de un pesado sueño y restablecía sus sentidos al compás del reloj despertador.
Se levantó, fue hacia el tocador —donde el espejo rajado le devolvió su rostro partido por la mitad— y extrajo los cosméticos del cajón. Maquillarse era un divertimento, una forma de pasar el rato, pintar su faz cariacontecida con los fulgores del arco iris. Colores primarios que le daban realce a sus facciones; colores secundarios que distinguían los rasgos meditativos; sombras y rubores para disimular los sinsabores, y un toquecito de polvo en la nariz y en los pómulos a fin de cubrir el miedo repentino. Agrandar los ojos y la boca era crear su propio autorretrato; depilar las cejas, un acercamiento al pudor. A veces Delicia se volvía la madona renacentista italiana, con escaso lápiz labial, y en otras ocasiones, arrebatada por el brillo y la exageración, una cabaretera francesa salida de los lienzos de Toulouse-Lautrec. Ya no estaba para las morisquetas de infancia, menos aún para los guiños y besuqueos de mujer fatal; no obstante, la mona-Delicia sacaba la lengua en un rapto de travesura y libertad, y bizqueaba de cuando en cuando por el regusto de verse fea, cambiada, irreconocible. Sumida en el fragor de la contemplación, una tras otra se fueron sucediendo las diversas caras que ostentó desde la niñez hasta la adolescencia, quedando solamente como único signo inalterable un par de hoyuelos en los carrillos. El resto, la coquetería en los labios, el destello en los ojos almendrados, habían sucumbido al rigor de los sobresaltos, aun por encima de sus veintitrés años. "¿Quién soy?", se preguntó, intrigada. "¿Cuál es mi cara verdadera?". De niña jugaba con los coloretes de mamá, pintándose a hurtadillas círculos y aspas mientras cantaba una alegre canción; de púber, en su mirada soñadora entraba la luz, el viento y las flores, perdida en el laberinto de sus primeros descubrimientos. Una era más dúctil, menos seria, inocente; la otra repasaba con minuciosidad los pormenores de cada paso que debía tomar, y ambas parecían hermanarse en un mismo espíritu interrogador. Pero esta que tenía al frente aplastaba a las dos con drástica insolencia, esta última borraba a las anteriores como si jamás hubieran existido.
Ya no se reconocía detrás del rouge ni del rímel en abundancia; no se hallaba en esa máscara de payasa seria, entristecida, en esa tez que denotaba insomnios y pesadumbres, ansiedades y privaciones, atravesada por la rajadura del espejo a causa de un fuerte golpe de su propio puño. Se miraba con asombro, con curiosidad, presa de un súbito escalofrío, y no podía creer que ella fuera ella, que aquel semblante aletargado formara parte de su reciente fisonomía. "¡Cómo podemos ser muchas en una sola!", meditó, "ir quitándonos la piel día a día, conforme pasan nuestras íntimas tempestades, hasta convertirnos en unas perfectas extrañas". Lanzó un último vistazo a la figura pintada al desgaire y comenzó a desmaquillarse con ambas manos, a la carrera. Luego se levantó de la silla y fue a embadurnar las paredes. Sus dedos estampaban líneas, trazos, huellas digitales; sus palmas, manchas diversas que se unían a las otras manchas impregnadas con anterioridad. Signos y curvas, bocetos inacabados, tréboles y formas por doquier intentaban un acercamiento al arte, tal vez a un incipiente cubismo, quizás al nido de los fauves, o a lo mejor a ribetes más sencillos, esbozos de animales, siluetas al azar, remedos de Altamira. Su cuarto lleno de garabatos era la arteria viva de emociones personales, el resumen de sus impulsos y desahogos, su rúbrica desplegada. Cuando se aburría y no tenía ganas de leer, no solo eran los cosméticos los materiales que usaba para macular la pared, sino también lápices, crayolas, plumones y lapiceros con los que llenaba, además, las páginas de su diario íntimo.
Responde Morote
El historiador Herbert Morote rechaza acusaciones de Bryce EcheniquePor Maribel de Paz
En entrevista publicada en la edición anterior de Caretas, el escritor Alfredo Bryce Echenique desestimó las acusaciones de plagio en su contra y acusó al historiador Herbert Morote (quien le ha entablado un juicio por plagio) de pagarle a un diario local por ensañarse con él. Aquí, responde Morote desde España.
Usted estaba esperando que el señor Bryce le pida disculpas, pero en lugar de eso él lo ha acusado de pagarle a la prensa para que lo ataquen.
Yo decidí acudir a la justicia en lugar de entrar en dimes y diretes. Entonces, cuando se destaparon todos estos escándalos de plagio, yo me he mantenido al margen. He decidido no declarar hasta que Indecopi dé su fallo, a pesar de que otros colegas suyos han querido sacarme alguna declaración. Indecopi tiene que pronunciarse en estos días.
Ha declarado usted que piensa entablar un nuevo juicio a Bryce.
A Álvarez Rodrich no lo conozco y no conozco a ningún amigo que lo conozca. Pienso entablarle (a Bryce) un juicio penal por difamación. Ahora se puede poner de rodillas pero ya no me interesan sus disculpas. Pero lo peor, ¿sabe lo que me molesta? Que Bryce diga que el plagio es el gran homenaje. Una persona que es un ejemplo para muchos peruanos no puede declarar eso. Que vaya uno y que lo violen, ¿es un gran homenaje? ¿Qué te roben tus libros es un gran homenaje? Yo creo que Bryce se quiere hacer el loco y cree que puede ir de libre con una impunidad del tiempo de la Colonia. Primero que no tiene secretaria, segundo que el complot fujimontesinista no es verdad, tercero que ya no era Tarantino el que va a hacer su película. Se va ahogando con sus propias mentiras. A Bryce Echenique no ha habido ningún escritor del Perú o del mundo que lo apoye.
Apelando al título de uno de sus libros, le pregunto: ¿Pero... tiene Bryce salvación?
Yo creo que no. Mira, a Bryce se le puede perdonar. Si fuese inteligente y no un arrogante señorito limeño diría: "señores, he cometido un error, he mentido, disculpen, no lo vuelvo a hacer más". Todo el mundo diría: "bueno, pues, fue un momento de locura, un año fatal, un año horrible", y se acabó.
En la foto: Herbert Morote.
En la foto: Herbert Morote.
Thursday, July 12, 2007
Saturday, July 07, 2007
Plumas tiernas
Disidentes: última camada de narradores peruanos en antologíaDisidentes, pero no queda claro de qué. Si bien el prefacio traza líneas de ruta como "el quiebre, (…) la búsqueda de la voz propia, (…) la mirada introspectiva y (…) el cuidado del lenguaje", el mismo prólogo es desaliñado. Obviando el preámbulo y sus fallas gramaticales, la paleta de narradores convocados por Revuelta Editores es amplia en matices. Algunos visibles en el extranjero, como Daniel Alarcón y Santiago Roncagliolo. Otros visibles en la prensa nacional, como Ezio Neyra, Luis Hernán Castañeda y Carlos Yushimito. Otros tantos premiados a nivel local, como Augusto Effio (mención honrosa en El Cuento de las Mil Palabras 2006), Leonardo Aguirre (mención honrosa 2004), Claudia Ulloa (ganadora en el 98) y Alexis Iparraguirre (Premio Nacional PUCP de Narrativa 2005). Algunos (cuatro) de ellos ya aparecieron antes en la Selección Peruana (2005) de la también joven editorial Estruendomudo. Son veinte autores en total, reunidos más por la edad (nacieron entre 1970 y 1984) que por sus similitudes estilísticas. También el talento ha sido repartido en forma disímil. Mejor hablar de sus similitudes: referentes (literarios) extranjeros, visos oníricos e indiscriminados crossovers entre géneros literarios. Disidentes, pero de sí mismos. (C.C.)
Thursday, July 05, 2007
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