Fecha: MIÉRCOLES, 22 de FEBRERO del 2006
Hora: De las 17:30h. a las 21:00h.
Lugar: BALL ROOM, MANOIR GLENDON, (2275 Bayview Ave., Toronto)
PROGRAMA:
17:30h. Principio de la Jornada, Margarita Feliciano (Directora Genral de la Celebración Cultural del Idioma Español), presentadora
17:40h. Palabras de bienvenida por parte del Dr. Ken McRoberts (Principal Decano Glendon College, York University) , del Dr. Jerzy Kowal (Director Dpto. Estudios Hispánicos, Glendon College, York University) y del Sr. Pedro Rey (Consulado General del Perú en Toronto)
18:10h. Sr. Roberto Vásquez de Velasco (Consejero económico-comercial, Consulado General del Perú en Toronto): "Algunas consideraciones sobre la realidad peruana actual"
18:25h. Dr. Fernando Mata (sociólogo, Gobierno del Canadá, Ottawa): "Realidad demográfica de la inmigración peruana en el Canadá".
18:40h. Sra. Rosa María Luza (Patronato de las Artes en el Perú): "Arte colonial del Perú"
18:55h. Dr. Luis Abanto (Universdad de Ottawa): "Música andina y espacios urbanos"
19:10h. Comentario y discusión
19:15h. Lectura de obra original (narrativa y poesía) a cargo de la Sra. Borka Sattler (Agregada Cultural de la Embajada del Perú en Canadá), del Sr. Paolo de Lima (Universidad de Ottawa) y del Sr. Guillermo Rose (escritor)
20:00h. PISCO DE HONOR, Cortesía del Consulado General del Perú en Toronto
21:00h. Fin de la Jornada y agradecimientos: Prof. Margarita Feliciano
Wednesday, February 22, 2006
Wednesday, February 08, 2006
José Antonio Mazzotti: Presentación a En brazos de la carne
Palabras enviadas por el poeta y editor José Antonio Mazzotti para la presentación de En brazos de la carne, de Grecia Cáceres, el 8 de febrero del 2006 en el Centro Cultural de España, Lima.
He tenido el placer de editar más de treinta libros de poesía a través del sello ASALTOALCIELO desde 1987 y pocos me han despertado tanto cariño como este de Grecia Cáceres, a quien apenas conozco personalmente desde el Encuentro de Narradores Peruanos de Madrid en mayo del 2005. ¿Qué hacían dos poetas entre tanto narrador? Pues, bueno, Grecia es también una exitosa novelista desde su residencia en Francia, y yo iba a hablar de la narrativa de Kloaka y del Inca Garcilaso con motivo de los 400 años de La Florida. Ese cruce casi fortuito dio origen a una conversación largamente postergada. Ella sabía de mí a través de muchos amigos comunes y quizá de mi poesía; yo sabía de ella porque su primer libro de poemas, De las causas y los principios, publicado en Lima en 1992, me había dejado la fuerte impresión de que atrás existía una excelente poeta, capaz de jugar con el lenguaje por dentro, y a la vez mostrando la maestría de la expresión sencilla y directa. No me equivoqué en lo absoluto. Su conversación fina, su forma de cambiar el tono al hablar de poesía lo confirmaban. Me atreví a pedirle algo nuevo, tratando de rescatar su alma de las demandas mundanas de la narración. Pero no hizo falta demasiado esfuerzo. Grecia nunca había abandonado la poesía y me prometió un libro inédito, que llegó a mi pantalla a las pocas semanas.
Desde entonces no he dejado de paladear los versos de En brazos de la carne, libro que reafirma la condición esencial de poeta que Grecia Cáceres alberga como autora. A la vez, este libro enriquece la producción de las voces de su hornada, la del 90, y de las poetas mujeres en general. ¿Su mayor cualidad? Tal vez transcribir con el descoyuntamiento verbal, la imaginería corporal, el ritmo jadeante y ansioso, los avatares de una experiencia insustituible como la maternidad. Como pocos, este libro supera el facilismo tradicional de muchos autores y autoras anteriores para ahondar en la relación madre-hijo también desde la experimentación formal. Comienza diciendo:
En brazos de la carne
mi carne se estremece
poco a poco portales forzados
se abren
los goznes gritan o soy yo
¿Qué voz?
Un peso abajo insoportable y el olvido de sí
Es el momento del parto, de ese infinito dolor que se resuelve en una espera aparentemente eterna:
Yo cierro los ojos
manos crispadas intento levantarme
el mundo se ha hecho opaco
mi peso que comparto
el otro ser que porto me impide huir
se impulsa
choca
se desliza y bloquea
no pasa no avanza más
La espera da su resultado. Ha nacido una criatura como un pequeño guerrero que se ha abierto paso "entre los brazos de la carne" para escapar de su prisión amniótica:
Y
Es
Un guerrero cansado y muy joven
sin barbas y desnudo
su lengua es ajena
sus ojos se abren apenas
son azules y se llenan
de repente de
luz.
El bárbaro ha cruzado
las montañas, las nieves
los celajes
los campos devastados
los ríos encrespados
las noches más inmensas
el barro y la roca dura
El bárbaro ha forzado los portales
las murallas los fosos y las fieras
los goznes explotados lo han dejado
nacer
Esos goznes, las extremidades maternas, han sido barridos con una fuerza física que el poema destila a través de un cauce sin puntuación, porque el fluido constante de sustancias corporales desciende en forma de palabras que a la vez se acumulan sobre la página en blanco. Y sin embargo, la poeta-madre, reconoce su vulnerabilidad y su condición de fuente de vida para sus retoños. El último poema es casi descarnado y a la vez intensamente natural. Comienza diciendo:
Como una perra echada
en la baldosa fría
ofreciendo su flanco a las voraces
crías
He citado versos de diversos poemas para dar una semblanza muy inicial de esta valiosa escritora, que es sin duda una de las mejores voces de la poesía peruana surgidas en el fin de siglo. Me enorgullezco de haber ayudado, como partero figurado, a la aparición de este hermoso libro, y desde las frías latitudes de la Nueva Inglaterra, extiendo mi abrazo amistoso y fraterno a Grecia Cáceres, deseándole una larguísima y robusta progenie de palabras.
José Antonio Mazzotti
Boston, 8 de febrero del 2006
He tenido el placer de editar más de treinta libros de poesía a través del sello ASALTOALCIELO desde 1987 y pocos me han despertado tanto cariño como este de Grecia Cáceres, a quien apenas conozco personalmente desde el Encuentro de Narradores Peruanos de Madrid en mayo del 2005. ¿Qué hacían dos poetas entre tanto narrador? Pues, bueno, Grecia es también una exitosa novelista desde su residencia en Francia, y yo iba a hablar de la narrativa de Kloaka y del Inca Garcilaso con motivo de los 400 años de La Florida. Ese cruce casi fortuito dio origen a una conversación largamente postergada. Ella sabía de mí a través de muchos amigos comunes y quizá de mi poesía; yo sabía de ella porque su primer libro de poemas, De las causas y los principios, publicado en Lima en 1992, me había dejado la fuerte impresión de que atrás existía una excelente poeta, capaz de jugar con el lenguaje por dentro, y a la vez mostrando la maestría de la expresión sencilla y directa. No me equivoqué en lo absoluto. Su conversación fina, su forma de cambiar el tono al hablar de poesía lo confirmaban. Me atreví a pedirle algo nuevo, tratando de rescatar su alma de las demandas mundanas de la narración. Pero no hizo falta demasiado esfuerzo. Grecia nunca había abandonado la poesía y me prometió un libro inédito, que llegó a mi pantalla a las pocas semanas.
Desde entonces no he dejado de paladear los versos de En brazos de la carne, libro que reafirma la condición esencial de poeta que Grecia Cáceres alberga como autora. A la vez, este libro enriquece la producción de las voces de su hornada, la del 90, y de las poetas mujeres en general. ¿Su mayor cualidad? Tal vez transcribir con el descoyuntamiento verbal, la imaginería corporal, el ritmo jadeante y ansioso, los avatares de una experiencia insustituible como la maternidad. Como pocos, este libro supera el facilismo tradicional de muchos autores y autoras anteriores para ahondar en la relación madre-hijo también desde la experimentación formal. Comienza diciendo:
En brazos de la carne
mi carne se estremece
poco a poco portales forzados
se abren
los goznes gritan o soy yo
¿Qué voz?
Un peso abajo insoportable y el olvido de sí
Es el momento del parto, de ese infinito dolor que se resuelve en una espera aparentemente eterna:
Yo cierro los ojos
manos crispadas intento levantarme
el mundo se ha hecho opaco
mi peso que comparto
el otro ser que porto me impide huir
se impulsa
choca
se desliza y bloquea
no pasa no avanza más
La espera da su resultado. Ha nacido una criatura como un pequeño guerrero que se ha abierto paso "entre los brazos de la carne" para escapar de su prisión amniótica:
Y
Es
Un guerrero cansado y muy joven
sin barbas y desnudo
su lengua es ajena
sus ojos se abren apenas
son azules y se llenan
de repente de
luz.
El bárbaro ha cruzado
las montañas, las nieves
los celajes
los campos devastados
los ríos encrespados
las noches más inmensas
el barro y la roca dura
El bárbaro ha forzado los portales
las murallas los fosos y las fieras
los goznes explotados lo han dejado
nacer
Esos goznes, las extremidades maternas, han sido barridos con una fuerza física que el poema destila a través de un cauce sin puntuación, porque el fluido constante de sustancias corporales desciende en forma de palabras que a la vez se acumulan sobre la página en blanco. Y sin embargo, la poeta-madre, reconoce su vulnerabilidad y su condición de fuente de vida para sus retoños. El último poema es casi descarnado y a la vez intensamente natural. Comienza diciendo:
Como una perra echada
en la baldosa fría
ofreciendo su flanco a las voraces
crías
He citado versos de diversos poemas para dar una semblanza muy inicial de esta valiosa escritora, que es sin duda una de las mejores voces de la poesía peruana surgidas en el fin de siglo. Me enorgullezco de haber ayudado, como partero figurado, a la aparición de este hermoso libro, y desde las frías latitudes de la Nueva Inglaterra, extiendo mi abrazo amistoso y fraterno a Grecia Cáceres, deseándole una larguísima y robusta progenie de palabras.
José Antonio Mazzotti
Boston, 8 de febrero del 2006
Contemplación del cuerpo
Contemplación del cuerpo
Carmen Ollé reedita Noches de adrenalina, poemario que indaga sobre la corporalidad de la mujer
Corregida y aumentada, Noches de adrenalina (Flora Tristán/ Lluvia, 2006) acaba de ser nuevamente reeditada. Carmen Ollé, su autora, reflexiona en esta entrevista sobre algunas posturas de la crítica respecto de su obra.
Por Carlos M. Sotomayor
Una nueva reedición de Noches de Adrenalina confirma, de alguna manera, su vigencia...
Este es una reedición corregida y con un poema más, pensando en un lector de esta época. Yo pienso que todo varía, los productos culturales también cambian con el tiempo. Le quité, por ejemplo, esos devaneos vanguardistas que había recogido en España, el último coletaje del vanguardismo catalán.
A este poemario se le suele endilgar el rótulo de fundacional...
Qué pena, ¿no? Porque eso de lo fundacional me resulta limitante. Generalmente lo fundacional se queda allí. Pero no creo que sea fundacional, porque hubo una tendencia mundial en ese momento a fijarse en el cuerpo físico como un terreno cultural y también político. Y en esa época Blanca Varela también escribió sobre el cuerpo, las otras chicas también. Pero no a partir de mi libro. Patricia Alba y María Dreyfus se inspiran, por ejemplo, en la poesía de Moro.
Otra apreciación recurrente de cierta crítica es catalogar el libro como poesía erótica...
Sí. Yo creo que en la segunda parte, a la que no ha llegado la crítica, sí hay erotismo. Hay, incluso, momentos eróticos oscuros. Pero la primera es más un registro de la corporeidad efímera por nuestro paso en esta Tierra. Y el cuerpo, también, como un terreno político y cultural. Yo creo que apenas leyeron, de manera sesgada, la palabra vagina pensaron en erotismo, pero no se fijaron en lo que iba desde un principio: se habla de un cuerpo que ha dado a luz, que se ha llenado de un cuerpo nicótico. Eso no tiene nada de erótico.
¿A qué atribuye esa mirada sesgada?
Hay de parte de ciertos sectores de la sociedad ilustrada un rechazo al cuerpo sexuado y a la voz sexuada en el poema. Pero eso no es nuevo, desde el renacimiento, y antes, el cuerpo femenino era un cuerpo velado, oculto, incluso por los médicos. Hablar del cuerpo femenino y de sus eflujos es algo "asqueante", no se toma como algo natural.
¿Cómo ve a los poetas más jóvenes?
Entre los más jóvenes hay de todo, pero creo que hay que esperar todavía que eso vaya plasmádose con más calma y menos angurria, para que de allí salga algo bueno. Pero yo no estoy detrás como Lauer y Montalbetti haciendo registro de los últimos productos juveniles. No tengo tiempo.
¿Sería muy prematuro...?
Es muy prematuro empezar a poner calificativos a la gente joven, después eso la pueden condicionar. A la gente joven yo le recomiendo que esté sola, aparte, y que, además, no busque prólogos para sus libros. Que se pongan a escribir sus cosas en silencio, sin ruido; pero yo lo que veo, y hay que decirlo, es una desesperación por publicar y ser reconocido ya. No tiene sentido.
Carmen Ollé reedita Noches de adrenalina, poemario que indaga sobre la corporalidad de la mujer
Corregida y aumentada, Noches de adrenalina (Flora Tristán/ Lluvia, 2006) acaba de ser nuevamente reeditada. Carmen Ollé, su autora, reflexiona en esta entrevista sobre algunas posturas de la crítica respecto de su obra.
Por Carlos M. Sotomayor
Una nueva reedición de Noches de Adrenalina confirma, de alguna manera, su vigencia...
Este es una reedición corregida y con un poema más, pensando en un lector de esta época. Yo pienso que todo varía, los productos culturales también cambian con el tiempo. Le quité, por ejemplo, esos devaneos vanguardistas que había recogido en España, el último coletaje del vanguardismo catalán.
A este poemario se le suele endilgar el rótulo de fundacional...
Qué pena, ¿no? Porque eso de lo fundacional me resulta limitante. Generalmente lo fundacional se queda allí. Pero no creo que sea fundacional, porque hubo una tendencia mundial en ese momento a fijarse en el cuerpo físico como un terreno cultural y también político. Y en esa época Blanca Varela también escribió sobre el cuerpo, las otras chicas también. Pero no a partir de mi libro. Patricia Alba y María Dreyfus se inspiran, por ejemplo, en la poesía de Moro.
Otra apreciación recurrente de cierta crítica es catalogar el libro como poesía erótica...
Sí. Yo creo que en la segunda parte, a la que no ha llegado la crítica, sí hay erotismo. Hay, incluso, momentos eróticos oscuros. Pero la primera es más un registro de la corporeidad efímera por nuestro paso en esta Tierra. Y el cuerpo, también, como un terreno político y cultural. Yo creo que apenas leyeron, de manera sesgada, la palabra vagina pensaron en erotismo, pero no se fijaron en lo que iba desde un principio: se habla de un cuerpo que ha dado a luz, que se ha llenado de un cuerpo nicótico. Eso no tiene nada de erótico.
¿A qué atribuye esa mirada sesgada?
Hay de parte de ciertos sectores de la sociedad ilustrada un rechazo al cuerpo sexuado y a la voz sexuada en el poema. Pero eso no es nuevo, desde el renacimiento, y antes, el cuerpo femenino era un cuerpo velado, oculto, incluso por los médicos. Hablar del cuerpo femenino y de sus eflujos es algo "asqueante", no se toma como algo natural.
¿Cómo ve a los poetas más jóvenes?
Entre los más jóvenes hay de todo, pero creo que hay que esperar todavía que eso vaya plasmádose con más calma y menos angurria, para que de allí salga algo bueno. Pero yo no estoy detrás como Lauer y Montalbetti haciendo registro de los últimos productos juveniles. No tengo tiempo.
¿Sería muy prematuro...?
Es muy prematuro empezar a poner calificativos a la gente joven, después eso la pueden condicionar. A la gente joven yo le recomiendo que esté sola, aparte, y que, además, no busque prólogos para sus libros. Que se pongan a escribir sus cosas en silencio, sin ruido; pero yo lo que veo, y hay que decirlo, es una desesperación por publicar y ser reconocido ya. No tiene sentido.
Tuesday, February 07, 2006
11 poetas de los 90
Inquisiciones
11 poetas de los 90
Por Abelardo Oquendo
La cometida de José Carlos Irigoyen contra la poesía peruana escrita a partir de la década de 1980 ("nosotros, los poetas del 90 somos la continuación del fracaso que se inició en los 80") fue eficaz: atrajo la atención no solo sobre los últimos 20 años de nuestra escritura poética del siglo pasado sino también sobre la que inauguraba el XXI. Así, la "poesía post-2000", empezó con los ojos de los lectores y los críticos vueltos hacia ella.
Mientras Mario Montalbetti y Mirko Lauer dialogaban sobre los novísimos en Hueso húmero (No.45, Dic. 2004) y anunciaban una antología de la misma (devenida un "zappeo" anónimo en el No.47), Alberto Valdivia Baselli y Gonzalo Portals Zubiate publicaban en la sexta entrega de Ajos & Zafiros "Sombras de vidrio. Antología de la poesía escrita por mujeres. (1989-2004)", precedida de un estudio más bien polémico. Pero ya antes Odumodneurtse, periódico de poesía, había alentado el debate en torno de la calidad de los poetas nacionales finiseculares, abriéndole sus páginas.
La mesa estaba, pues, servida para las antologías. Fruto reciente llevado a ella -dado a la luz en Guadalajara, Jalisco, por Ediciones Arlequín- es el breve volumen Los relojes se han roto. Antología de la poesía peruana de los noventa, cuya selección y prólogo se deben a Enrique Bernales y Carlos Villacorta, poetas ambos que integraron el grupo Inmanencia y hacen sus doctorados en literatura en la Universidad de Boston. Siguiendo la tendencia a seccionar por décadas el movimiento literario, los antólogos hablan de los poetas de los 90 como de una generación, la "generación de la violencia". Dice Bernales: "a diferencia de épocas pasadas en la poesía peruana, los nuevos creadores de fines del siglo XX crecieron bajo el efecto de una sangrienta guerra civil y esta crucial experiencia marcó sus vidas profundamente" aun cuando, aclara, "hay que precisar que muy pocos de ellos hicieron una referencia explícita sobre estos acontecimientos en sus textos". Lo que se da –y esto lo expresa bien Érika Ghersi en un ensayo sobre "Las poetas de los 90 y la violencia política" (Intermezzo tropical, No.3)- lo que se da en esos textos es un diálogo en profundidad con el drama de su tiempo.
Ghersi es también una poeta de finales del XX, años pródigos en libros de poemas, pero no forma parte de los 11 elegidos por Villacorta y Bernales, que en su orden de aparición son estos: Montserrat Álvarez, Roxana Crisólogo, Xavier Echarri, Victoria Guerrero, Lorenzo Elguero, Miguel Ildefonso, Carlos Oliva, Josemari Recalde, Martín Rodríguez Gaona, José Carlos Yrigoyen y Chrystian Zegarra.
A muchos parecerá, para no hacer mudanza en la costumbre, que algunos sobran y otros faltan. Y habrá entre ellos quienes se hagan oír, seguramente.
11 poetas de los 90
Por Abelardo Oquendo
La cometida de José Carlos Irigoyen contra la poesía peruana escrita a partir de la década de 1980 ("nosotros, los poetas del 90 somos la continuación del fracaso que se inició en los 80") fue eficaz: atrajo la atención no solo sobre los últimos 20 años de nuestra escritura poética del siglo pasado sino también sobre la que inauguraba el XXI. Así, la "poesía post-2000", empezó con los ojos de los lectores y los críticos vueltos hacia ella.
Mientras Mario Montalbetti y Mirko Lauer dialogaban sobre los novísimos en Hueso húmero (No.45, Dic. 2004) y anunciaban una antología de la misma (devenida un "zappeo" anónimo en el No.47), Alberto Valdivia Baselli y Gonzalo Portals Zubiate publicaban en la sexta entrega de Ajos & Zafiros "Sombras de vidrio. Antología de la poesía escrita por mujeres. (1989-2004)", precedida de un estudio más bien polémico. Pero ya antes Odumodneurtse, periódico de poesía, había alentado el debate en torno de la calidad de los poetas nacionales finiseculares, abriéndole sus páginas.
La mesa estaba, pues, servida para las antologías. Fruto reciente llevado a ella -dado a la luz en Guadalajara, Jalisco, por Ediciones Arlequín- es el breve volumen Los relojes se han roto. Antología de la poesía peruana de los noventa, cuya selección y prólogo se deben a Enrique Bernales y Carlos Villacorta, poetas ambos que integraron el grupo Inmanencia y hacen sus doctorados en literatura en la Universidad de Boston. Siguiendo la tendencia a seccionar por décadas el movimiento literario, los antólogos hablan de los poetas de los 90 como de una generación, la "generación de la violencia". Dice Bernales: "a diferencia de épocas pasadas en la poesía peruana, los nuevos creadores de fines del siglo XX crecieron bajo el efecto de una sangrienta guerra civil y esta crucial experiencia marcó sus vidas profundamente" aun cuando, aclara, "hay que precisar que muy pocos de ellos hicieron una referencia explícita sobre estos acontecimientos en sus textos". Lo que se da –y esto lo expresa bien Érika Ghersi en un ensayo sobre "Las poetas de los 90 y la violencia política" (Intermezzo tropical, No.3)- lo que se da en esos textos es un diálogo en profundidad con el drama de su tiempo.
Ghersi es también una poeta de finales del XX, años pródigos en libros de poemas, pero no forma parte de los 11 elegidos por Villacorta y Bernales, que en su orden de aparición son estos: Montserrat Álvarez, Roxana Crisólogo, Xavier Echarri, Victoria Guerrero, Lorenzo Elguero, Miguel Ildefonso, Carlos Oliva, Josemari Recalde, Martín Rodríguez Gaona, José Carlos Yrigoyen y Chrystian Zegarra.
A muchos parecerá, para no hacer mudanza en la costumbre, que algunos sobran y otros faltan. Y habrá entre ellos quienes se hagan oír, seguramente.
La nueva poesía peruana
Entrevista a Harold Alva
Por Tomacini Sinche López
-Harold ¿qué es la nueva poesía peruana y que la diferencia de las voces anteriores?
Defino como nueva poesía peruana a aquella que marca una ruptura de fondo y de forma con la que se escribía hasta inicios del noventa. Me refiero a esa literatura que surge de la mano con esta década de hechos que cambiaron la historia: una globalización que llegó de golpe, la informática, el sexismo, esa nueva situación mundial que avizoraba periódicas crisis en lo político, en lo económico, en lo cultural y que, sin embargo, fue el gran motivo para escribir, quizá, los libros más consistentes de la poesía peruana última.
-¿Qué temas, qué ámbitos, qué ideas propone la nueva poesía peruana?
Básicamente hay una inspección al pasado para trascenderlo, para nutrirse de esas fuentes (que las voces anteriores inmediatas no supieron cubrir), para no ser consumidos por su contexto, sino para poder interpretarlo y escribirlo. De allí que la violencia urbana sea uno de sus principales temas, sin embargo, hay una recuperación de la imagen, una reinvención de lo amoroso, aparece un neo erotismo que se aleja completamente de lo que venían escribiendo las poetas del ochenta. Está el tema ecológico, la preocupación por la trascendencia a modo de los místicos. Yo diría que estos poetas al fin asimilaron que la poesía no tiene color ni partido, que la patria del poema es el propio poeta.
-¿Porqué solo diez poetas? ¿No te parece una cifra demasiado estrecha?
Es posible, pero esta prácticamente ha sido una selección natural, por lo tanto más de diez habría sido forzado. Además se trata de una selección en la que intento presentar las voces más contundentes de los últimos años, poetas que siguen escribiendo y publicando, lo que no significa por supuesto que son todos.
-¿Con qué criterios escoges a los poetas y sus poemas en una antología?
Primero la calidad. El trabajo depurado del lenguaje, todos los poetas seleccionados han obtenido diversos premios literarios, en esta selección hay dos Copé De Oro, Ana Varela y Miguel Ildefonso, está el Premio Horacio, Johnny Barbieri, el Sharles Stillman, Héctor Ñaupari, los premiados en los Juegos Florales de la PUCP, Lorenzo Helguero y el siempre recordado Josémari Recalde, o la ganadora del Poeta Joven Del Perú, Montserrat Alvarez. Yo diría que estos diez son poetas fundacionales, son escritores a los que me he permitido reunir más allá del grupo al que pertenecieron o a ese tipo de argollas que aún a estas alturas existen en este reducido medio. Hay poetas de Neón, de Noble Katerva, de Geranio Marginal, de Mammalia, y poetas que no estuvieron en grupo alguno.
-¿Qué autores no has podido recopilar en "Los Diez" y que merecen ser rescatados?
Más que poetas que no haya podido recopilar hay poetas que merecen ser rescatados, sobretodo poetas de provincia, poetas que tienen muy buenos libros, y que sí pues, por criterios de selección no están en esta muestra, pero que no los descalifica para nada como buenos escritores. Cito el caso de Luis Enrique Robles de Piura, Jorge Hurtado y David Novoa de La Libertad, Marco Cabrera Atoche de Tumbes, Ricardo Ayllón de Ancash, o el arequipeño Jimmy Marroquín.
-¿Qué novedades puedes darnos a conocer de la Editorial Zignos, que diriges?
Con Editorial Zignos vengo trabajando hace ya casi dos años, entre las novedades tenemos Cuerpo de pétalo de la novísima Rocío Fuentes, Putamadre del chileno Héctor Hernández Montecinos, en narrativa Matiz de Azul de Antonio Moretti, hemos reeditado el primer libro de Víctor Coral: Luz de limbo, y en marzo sale el primer libro de cuentos de Miguel Ruiz Effio, La habitación del suicida y el poemario El amor desenterrado del ecuatoriano Jorge Enrique Adoum.
-¿Cuál es tu próximo proyecto?
Estoy terminando una selección de poesía latinoamericana de escritores nacidos a partir de 1977. Particularmente he quedado deslumbrado con lo que se está escribiendo en Chile y en Mexico, sobretodo por el rigor pese a la juventud de estos poetas, creo que nuestros escritores jóvenes, los escritores post 2000 deberían mirar y leer un poco lo que se está produciendo en esos países, poetas como los chilenos Héctor Hernández Montecinos o Paula Ilabaca, o la mexicana Abril Medina que frisa los 21 años, podrían dar una lección de lo que debe ser la poesía.
-Finalmente, ¿Qué tendencias nos deparará la poesía en un futuro?
La poesía es un cuervo sin patria, a nosotros sólo nos queda insistir con este intento de contemplar su recorrido. El resto es sólo vuelo y la poesía está antes y después de cualquier vuelo.
Por Tomacini Sinche López
-Harold ¿qué es la nueva poesía peruana y que la diferencia de las voces anteriores?
Defino como nueva poesía peruana a aquella que marca una ruptura de fondo y de forma con la que se escribía hasta inicios del noventa. Me refiero a esa literatura que surge de la mano con esta década de hechos que cambiaron la historia: una globalización que llegó de golpe, la informática, el sexismo, esa nueva situación mundial que avizoraba periódicas crisis en lo político, en lo económico, en lo cultural y que, sin embargo, fue el gran motivo para escribir, quizá, los libros más consistentes de la poesía peruana última.
-¿Qué temas, qué ámbitos, qué ideas propone la nueva poesía peruana?
Básicamente hay una inspección al pasado para trascenderlo, para nutrirse de esas fuentes (que las voces anteriores inmediatas no supieron cubrir), para no ser consumidos por su contexto, sino para poder interpretarlo y escribirlo. De allí que la violencia urbana sea uno de sus principales temas, sin embargo, hay una recuperación de la imagen, una reinvención de lo amoroso, aparece un neo erotismo que se aleja completamente de lo que venían escribiendo las poetas del ochenta. Está el tema ecológico, la preocupación por la trascendencia a modo de los místicos. Yo diría que estos poetas al fin asimilaron que la poesía no tiene color ni partido, que la patria del poema es el propio poeta.
-¿Porqué solo diez poetas? ¿No te parece una cifra demasiado estrecha?
Es posible, pero esta prácticamente ha sido una selección natural, por lo tanto más de diez habría sido forzado. Además se trata de una selección en la que intento presentar las voces más contundentes de los últimos años, poetas que siguen escribiendo y publicando, lo que no significa por supuesto que son todos.
-¿Con qué criterios escoges a los poetas y sus poemas en una antología?
Primero la calidad. El trabajo depurado del lenguaje, todos los poetas seleccionados han obtenido diversos premios literarios, en esta selección hay dos Copé De Oro, Ana Varela y Miguel Ildefonso, está el Premio Horacio, Johnny Barbieri, el Sharles Stillman, Héctor Ñaupari, los premiados en los Juegos Florales de la PUCP, Lorenzo Helguero y el siempre recordado Josémari Recalde, o la ganadora del Poeta Joven Del Perú, Montserrat Alvarez. Yo diría que estos diez son poetas fundacionales, son escritores a los que me he permitido reunir más allá del grupo al que pertenecieron o a ese tipo de argollas que aún a estas alturas existen en este reducido medio. Hay poetas de Neón, de Noble Katerva, de Geranio Marginal, de Mammalia, y poetas que no estuvieron en grupo alguno.
-¿Qué autores no has podido recopilar en "Los Diez" y que merecen ser rescatados?
Más que poetas que no haya podido recopilar hay poetas que merecen ser rescatados, sobretodo poetas de provincia, poetas que tienen muy buenos libros, y que sí pues, por criterios de selección no están en esta muestra, pero que no los descalifica para nada como buenos escritores. Cito el caso de Luis Enrique Robles de Piura, Jorge Hurtado y David Novoa de La Libertad, Marco Cabrera Atoche de Tumbes, Ricardo Ayllón de Ancash, o el arequipeño Jimmy Marroquín.
-¿Qué novedades puedes darnos a conocer de la Editorial Zignos, que diriges?
Con Editorial Zignos vengo trabajando hace ya casi dos años, entre las novedades tenemos Cuerpo de pétalo de la novísima Rocío Fuentes, Putamadre del chileno Héctor Hernández Montecinos, en narrativa Matiz de Azul de Antonio Moretti, hemos reeditado el primer libro de Víctor Coral: Luz de limbo, y en marzo sale el primer libro de cuentos de Miguel Ruiz Effio, La habitación del suicida y el poemario El amor desenterrado del ecuatoriano Jorge Enrique Adoum.
-¿Cuál es tu próximo proyecto?
Estoy terminando una selección de poesía latinoamericana de escritores nacidos a partir de 1977. Particularmente he quedado deslumbrado con lo que se está escribiendo en Chile y en Mexico, sobretodo por el rigor pese a la juventud de estos poetas, creo que nuestros escritores jóvenes, los escritores post 2000 deberían mirar y leer un poco lo que se está produciendo en esos países, poetas como los chilenos Héctor Hernández Montecinos o Paula Ilabaca, o la mexicana Abril Medina que frisa los 21 años, podrían dar una lección de lo que debe ser la poesía.
-Finalmente, ¿Qué tendencias nos deparará la poesía en un futuro?
La poesía es un cuervo sin patria, a nosotros sólo nos queda insistir con este intento de contemplar su recorrido. El resto es sólo vuelo y la poesía está antes y después de cualquier vuelo.
Thursday, February 02, 2006
El zappeo de Hueso: discrepancias
Inquisiciones. El zappeo de Hueso: discrepancias
Por Abelardo Oquendo
"Por su intención y sus dimensiones –advierte Hueso húmero 47- esta no es una antología sino un muestrario inevitablemente incompleto". Por eso la revista lo denomina "un zappeo", es decir "una vuelta del control remoto por algunos autores y poemarios" post-2000. Más modestia no cabe; sin embargo Rubén Quiroz desoye esas palabras y arremete contra el molino de viento como contra un gigante. ¿Quiénes no están –o quiénes sí- que lo ponen tan fiero? La poesía suele estar tan callada –o silenciada- que es bueno contribuir de vez en cuando a que en torno de la suya se alboroten otras voces. Seguidamente, pues, la de Quiroz.
"Si algo caracterizaba a Lauer como investigador literario era su olfato para pesquisas poéticas de, incluso, atmósfera policial. Por ello, quien haya seguido su estela en la literatura peruana, no puede dejar de reconocerle su preocupación por los estudios culturales nacionales (donde incluye la poesía) y exigirle, a cambio, una amplitud epistemológica en sus aportes al imaginario. Nuestro, ahora exitoso novelista en ciernes, acaba de cometer una tropelía mayúscula, acompañado por su inseparable cada vez más lingüista y menos vate Montalbetti ("Fin desierto", fue notable pero todo lo que sigue no puede ser solo una variación, con algunos poemas acertados, de ello).
"Han juntado al mejor poeta de los 90: Espinosa, al locuaz Yrigoyen, a los empeñosos pero sin talento Ildefonso, Crisólogo y Fernández ( por lo menos no se pueden quejar las corrientes feministas de alguna preferencia falocéntrica), a los buenos poetas Acurio, Laferranderie, Vélez, Martin y Trujillo (podemos percibir y agradecer una elasticidad cronológica antipositivista), con Chirif ( cuya inclusión sigue siendo delirante y todavía no encuentro alguna razón, ni siquiera aristotélica, medianamente razonable), Del Valle (hasta la postjoyceana Beleván, en su nulo aporte a los estudios nietzscheanos, es preferible), Melgar (aburridísimo, monotemático, insulso en su textura poética), Murrugarra (una página de la patafísica Gladis Flores en "Erlebnis" (San Marcos, 2003) es muchísimo más interesante) y Guerrero (sobre sus mismas temáticas Rosario Rivas posee exploraciones más profundas y logradas).
"Las interrogantes inmediatas caen por su propio peso: ¿sólo existen poetas en la capital? ¿Nadie les pasó los poemarios luminosos "Electios" Delgado, "Histología" Portals, "Patología" Valdivia, "La Escuela Cuzqueña" Gonzales, "Ruptura de Heje" Ybarra, "Eros Disperso" Yauri? ¿No han releído "La estructura de las revoluciones científicas" o "Indigenismos 2"? ¿Intentan una repetición de "criollos" & "andinos"? ¿La política sobre la poética? ¿No han conversado con Pablo Guevara para estar el tanto de lo que sucede en poesía última?".
Por Abelardo Oquendo
"Por su intención y sus dimensiones –advierte Hueso húmero 47- esta no es una antología sino un muestrario inevitablemente incompleto". Por eso la revista lo denomina "un zappeo", es decir "una vuelta del control remoto por algunos autores y poemarios" post-2000. Más modestia no cabe; sin embargo Rubén Quiroz desoye esas palabras y arremete contra el molino de viento como contra un gigante. ¿Quiénes no están –o quiénes sí- que lo ponen tan fiero? La poesía suele estar tan callada –o silenciada- que es bueno contribuir de vez en cuando a que en torno de la suya se alboroten otras voces. Seguidamente, pues, la de Quiroz.
"Si algo caracterizaba a Lauer como investigador literario era su olfato para pesquisas poéticas de, incluso, atmósfera policial. Por ello, quien haya seguido su estela en la literatura peruana, no puede dejar de reconocerle su preocupación por los estudios culturales nacionales (donde incluye la poesía) y exigirle, a cambio, una amplitud epistemológica en sus aportes al imaginario. Nuestro, ahora exitoso novelista en ciernes, acaba de cometer una tropelía mayúscula, acompañado por su inseparable cada vez más lingüista y menos vate Montalbetti ("Fin desierto", fue notable pero todo lo que sigue no puede ser solo una variación, con algunos poemas acertados, de ello).
"Han juntado al mejor poeta de los 90: Espinosa, al locuaz Yrigoyen, a los empeñosos pero sin talento Ildefonso, Crisólogo y Fernández ( por lo menos no se pueden quejar las corrientes feministas de alguna preferencia falocéntrica), a los buenos poetas Acurio, Laferranderie, Vélez, Martin y Trujillo (podemos percibir y agradecer una elasticidad cronológica antipositivista), con Chirif ( cuya inclusión sigue siendo delirante y todavía no encuentro alguna razón, ni siquiera aristotélica, medianamente razonable), Del Valle (hasta la postjoyceana Beleván, en su nulo aporte a los estudios nietzscheanos, es preferible), Melgar (aburridísimo, monotemático, insulso en su textura poética), Murrugarra (una página de la patafísica Gladis Flores en "Erlebnis" (San Marcos, 2003) es muchísimo más interesante) y Guerrero (sobre sus mismas temáticas Rosario Rivas posee exploraciones más profundas y logradas).
"Las interrogantes inmediatas caen por su propio peso: ¿sólo existen poetas en la capital? ¿Nadie les pasó los poemarios luminosos "Electios" Delgado, "Histología" Portals, "Patología" Valdivia, "La Escuela Cuzqueña" Gonzales, "Ruptura de Heje" Ybarra, "Eros Disperso" Yauri? ¿No han releído "La estructura de las revoluciones científicas" o "Indigenismos 2"? ¿Intentan una repetición de "criollos" & "andinos"? ¿La política sobre la poética? ¿No han conversado con Pablo Guevara para estar el tanto de lo que sucede en poesía última?".
Los verbos de Rafael Espinosa
Por Enrique Sánchez Hernani
La poesía de carácter culto no es una práctica reciente de nuestra tradición. Se afianza con un libro emblemático de Vallejo, Trilce, y con la poética de los vanguardistas peruanos estudiados por Mirko Lauer. Modernamente, la saga halla ecos con obras como la de Carlos German Belli, pero siempre ha sido un camino arduo y poco transitado. En esta ruta se halla el libro de poesía de Rafael Espinosa, Verbos regulares, quizá más cercano a un volumen publicado en 1972 y cuyo autor es Lauer, Santa Rosita y el péndulo proliferante.
La búsqueda semántica de Espinosa es casi extrema. Su interés, por lo menos el aparente, es forzar a las palabras a entregar nuevos significados, revelaciones no vistas, desconocidas. De alguna manera, entonces, los textos son un homenaje al arte de poetizar, tal como lo sugiere también el título, sobre todo como conciencia del trabajo lingüístico y de su propia búsqueda de contenidos.
El libro exige un lector atento y entrenado, pero la recompensa es grata. Espinosa ha logrado composiciones polivalentes que logran brillar y entusiasman: "Ya pasó, ahora tu sema / es apenas dióxido de carbono / y asombro descascarándose", "La fronda abre dos alas, coloración monótona, verde heterogéneo. / La persistencia de sus variaciones que se suavizan en la sombra", "Es inconcebible el desamparo de la bailarina a este estar indeterminada entre los astros, sus puntas vibratorias".
Los textos de Espinosa abarcan neologismos, palabras creadas por la reciente tecnología y aun términos en otros idiomas, pero no como una muestra incongruente de despilfarro u ostentación, sino por exigencia de su indagación poética.
Bien vale la pena adentrarse en este libro y ordenar sus maravillas.
La poesía de carácter culto no es una práctica reciente de nuestra tradición. Se afianza con un libro emblemático de Vallejo, Trilce, y con la poética de los vanguardistas peruanos estudiados por Mirko Lauer. Modernamente, la saga halla ecos con obras como la de Carlos German Belli, pero siempre ha sido un camino arduo y poco transitado. En esta ruta se halla el libro de poesía de Rafael Espinosa, Verbos regulares, quizá más cercano a un volumen publicado en 1972 y cuyo autor es Lauer, Santa Rosita y el péndulo proliferante.
La búsqueda semántica de Espinosa es casi extrema. Su interés, por lo menos el aparente, es forzar a las palabras a entregar nuevos significados, revelaciones no vistas, desconocidas. De alguna manera, entonces, los textos son un homenaje al arte de poetizar, tal como lo sugiere también el título, sobre todo como conciencia del trabajo lingüístico y de su propia búsqueda de contenidos.
El libro exige un lector atento y entrenado, pero la recompensa es grata. Espinosa ha logrado composiciones polivalentes que logran brillar y entusiasman: "Ya pasó, ahora tu sema / es apenas dióxido de carbono / y asombro descascarándose", "La fronda abre dos alas, coloración monótona, verde heterogéneo. / La persistencia de sus variaciones que se suavizan en la sombra", "Es inconcebible el desamparo de la bailarina a este estar indeterminada entre los astros, sus puntas vibratorias".
Los textos de Espinosa abarcan neologismos, palabras creadas por la reciente tecnología y aun términos en otros idiomas, pero no como una muestra incongruente de despilfarro u ostentación, sino por exigencia de su indagación poética.
Bien vale la pena adentrarse en este libro y ordenar sus maravillas.
Thursday, January 26, 2006
Viaje vertical
Exploraciones internas levantan preguntas sobre la condición humana
Por Iván Thays
Adrián Ormache, abogado de diez mil dólares mensuales, desayunos de trabajo en “La Tiendecita Blanca” y una familia que fotografía perfecto en las páginas sociales, descubre luego de la muerte de su madre que su padre, un marino fallecido también, destacado en Ayacucho durante los años de terrorismo, era un personaje siniestro que violaba presuntas terroristas y apañaba el rapto de campesinas por sus soldados. Pero hubo una, de nombre Miriam, de la que se enamoró y a quien quiso proteger manteniéndola capturada hasta que, finalmente, la muchacha consiguió huir. Ormache decide buscar a esa muchacha pero ¿para qué? Al principio, el relato transcurre dentro de las convenciones de lo policial y, por consiguiente, tanto el diálogo (del que deberían eliminarse varios “oye”) como algunos personajes resultan esquemáticos. Pero a medida que se distancia del género policial la novela da un salto cualitativo. Lo digo sin reparos: quienes se limitan a ver en La hora azul la fábula moral de un hombre limeño, de clase alta, reconciliándose con el mundo andino y desposeído, están descalificados para evaluar una de las novelas más inquietantes de la literatura peruana, y la mejor de Alonso Cueto. La búsqueda de Miriam por barrios marginales de Lima y Ayacucho esconde el verdadero recorrido de Ormache: un sumergible que avanza verticalmente hacia el horror que habita en el interior de todo ser humano y desde ahí se proyecta a la sociedad. De lo que somos testigos es de un personaje trágico en plena revelación o “anagnórisis”: la imagen de su padre es su propia imagen. Al encontrar a Miriam y relacionarse con ella, él no solo desplaza a su padre: se convierte en él y asume sus culpas, reconciliándose con sus propias zonas oscuras y sus contradicciones. No es gratuita, por tanto, la desconcertante escena en que acompaña a una muchacha, que conoce en un café, a una reunión de danzantes de tijera. Hay elementos mágicos y de purificación en esa visita, pero también de pesadilla, de descenso al infierno. Hacia el final de la novela, Ormache se torna intolerante con la superficialidad que lo rodea pues quienes han tenido esa exploración hombre-dentro se vuelven escépticos, cuando no cínicos, al conseguir desmontar el engranaje de las convenciones sociales. Alonso Cueto ha cogido una anécdota coyuntural (basada, según tengo entendido, en un hecho real) y la ha convertido en un cuestionamiento sobre la condición humana. De eso, y no de otra cosa, se trata la literatura.
La hora azul
Alonso Cueto
Anagrama/ Peisa: Lima, 2005
Por Iván Thays
Adrián Ormache, abogado de diez mil dólares mensuales, desayunos de trabajo en “La Tiendecita Blanca” y una familia que fotografía perfecto en las páginas sociales, descubre luego de la muerte de su madre que su padre, un marino fallecido también, destacado en Ayacucho durante los años de terrorismo, era un personaje siniestro que violaba presuntas terroristas y apañaba el rapto de campesinas por sus soldados. Pero hubo una, de nombre Miriam, de la que se enamoró y a quien quiso proteger manteniéndola capturada hasta que, finalmente, la muchacha consiguió huir. Ormache decide buscar a esa muchacha pero ¿para qué? Al principio, el relato transcurre dentro de las convenciones de lo policial y, por consiguiente, tanto el diálogo (del que deberían eliminarse varios “oye”) como algunos personajes resultan esquemáticos. Pero a medida que se distancia del género policial la novela da un salto cualitativo. Lo digo sin reparos: quienes se limitan a ver en La hora azul la fábula moral de un hombre limeño, de clase alta, reconciliándose con el mundo andino y desposeído, están descalificados para evaluar una de las novelas más inquietantes de la literatura peruana, y la mejor de Alonso Cueto. La búsqueda de Miriam por barrios marginales de Lima y Ayacucho esconde el verdadero recorrido de Ormache: un sumergible que avanza verticalmente hacia el horror que habita en el interior de todo ser humano y desde ahí se proyecta a la sociedad. De lo que somos testigos es de un personaje trágico en plena revelación o “anagnórisis”: la imagen de su padre es su propia imagen. Al encontrar a Miriam y relacionarse con ella, él no solo desplaza a su padre: se convierte en él y asume sus culpas, reconciliándose con sus propias zonas oscuras y sus contradicciones. No es gratuita, por tanto, la desconcertante escena en que acompaña a una muchacha, que conoce en un café, a una reunión de danzantes de tijera. Hay elementos mágicos y de purificación en esa visita, pero también de pesadilla, de descenso al infierno. Hacia el final de la novela, Ormache se torna intolerante con la superficialidad que lo rodea pues quienes han tenido esa exploración hombre-dentro se vuelven escépticos, cuando no cínicos, al conseguir desmontar el engranaje de las convenciones sociales. Alonso Cueto ha cogido una anécdota coyuntural (basada, según tengo entendido, en un hecho real) y la ha convertido en un cuestionamiento sobre la condición humana. De eso, y no de otra cosa, se trata la literatura.
La hora azul
Alonso Cueto
Anagrama/ Peisa: Lima, 2005
Wednesday, January 25, 2006
Eugenio Chang-Rodríguez: Presentación a Identidad(es) del Perú en la literatura y las artes
Me es grato hacer uso de la palabra en el Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores para presentar Identidad(es) del Perú en la literatura y las artes. He aceptado participar en este acto cultural en parte porque está vinculado con Ottawa, ciudad que aprecio desde que la visité hace algunos años cuando evalué el programa de postgrado en Estudios Hispánicos de su Universidad y a la que, por compromisos contraídos previamente, en 1996 no pude volver cuando el Embajador Óscar Maúrtua de Romaña, nuestro actual Canciller, me invitó a dictar unas conferencias en esa ciudad.
Como otros latinoamericanos, los peruanos estamos acosados por la problemática de la identidad, tema central del libro que comentamos. ¿Quiénes somos? ¿A qué parcela cultura pertenecemos? ¿De qué manera nuestra pertenencia a una u otra cultura, o a varias, determina nuestro sistema de valores y actitudes? ¿Cómo se sustentan nuestras reflexiones frente a los desafíos diarios de la vida? Los autores de las ponencias recogidas en este tomo tratan de contestar estas y otras preguntas al ocuparse de las obras literarias y artísticas con moderna metodología y estrategia crítica.
Hoy me permito resaltar brevemente algunos de los dieciocho trabajos que más han concitado mi atención, en particular los vinculados con la identidad andina trasladada a los Estados Unidos por centenares de miles que integran su población hispanohablante. Autollamada “latina”, esta población, por ser tan numerosa ocupa el tercer lugar en el mundo, después de México y España. En su ponencia Ulises J. Zevallos (Ohio State University) trata de los múltiples planos de la identidad “andina”. Aplicado a nuestra patria, el vocablo “andino”, tan caro al historiador Franklin Pease, abarca a los habitantes de las tres regiones geográficas del país, que constituyen la mayoría de los 233 926 peruanos registrados en el censo estadounidense de 2000. Según cálculos bien fundamentados, su número ha crecido a medio millón en 2006. Los testimonios de tres de ellos han sido recogidos por Zevallos para mostrar cuánto de sus creencias, valores y competencia lingüística retienen en su nuevo hábitat.
Quienes hemos residido en la Unión Norteamericana por varias décadas, podemos complementar los datos proporcionados en este ensayo. En la década de los años 1940 vivían en el área metropolitana de Nueva York unos cuantos miles de peruanos, en su mayoría residentes legales. Algunos, estudiaban en universidades y colegios. En las décadas siguientes, llegaron veintenas de miles más, particularmente al Estado de Nueva Jersey. Aun así, en el 2006 los peruanos no son tan numerosos como los mexicanos, ecuatorianos y colombianos ni, por supuesto, los caribeños, aunque algunos exageren su número sin la apropiada documentación.
Se ha afirmado que antes de los años de 1970, salir del Perú era entonces "casi privilegio de las clases altas y de los profesionales liberales". Emigrar del Perú era "sinónimo de prestigio, especialmente cuando los destinos eran Europa y EE. UU." afirma un antropólogo social 1. En los decenios siguientes, la ola migratoria se incrementó, principalmente por la explosión demográfica, el deterioro económico y la inseguridad social acentuada por el terrorismo. Varios ensayos de la última sección del volumen que presentamos se ocupan de esta etapa migratoria.
En el proceso de adaptación a la sociedad norteamericana, los peruanos profesionales y económicamente mejor establecidos han desarrollado una reacción defensiva agrupándose en instituciones sociales y profesionales. Los de menor éxito económico han constituido organizaciones religiosas y deportivas paralelas. Es un mérito que un centenar de instituciones peruanas en los Estados Unidos desde 1985 se reúna anualmente en diferentes ciudades de Norteamérica y el Perú, como lo harán en Lima del 19 al 22 de febrero de este año, bajo la presidencia de Julio Salazar, recientemente condecorado por nuestra Cancillería 2.
El otro trabajo del libro que comentamos es “Identidad: Ciro Alegría y Manuel Scorza”. En esta comunicación Alix Camacho (State University of NY, campus de Oneonta) recuerda cómo por medio de la literatura los dos grandes narradores se propusieron integrar al indio a la nación peruana. Algunos de sus párrafos sintetizan las características de la narrativa de Ciro Alegría, sobre las cuales tuve la oportunidad de conversar e intercambiar correspondencia tal como consta en Entre dos fuegos, que se presentará mañana en la Sala Miguel Grau del Congreso de la República. En efecto, Ciro Alegría intentó darle identidad al indígena por medio de sus novelas, cuentos y poesía. Acató el mandato de la modernidad que exige la unificación y homogeneización de los miembros integrantes de la sociedad. Sus esfuerzos se plasman en La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1941). Alix Camacho explica cómo estas obras realistas ofrecen un discurso moderno y dinámico que proyecta los problemas del amerindio en el ámbito nacional creando “universos imaginarios” que dan la impresión de ser reales” 3. Efectivamente, el gran novelista del norte del Perú consiguió sus objetivos configurando el texto con nueva norma de composición, lenguaje y estilo con el fin de mostrar la heterogeneidad de los personajes y revelar su identidad; puso en contrapunto el pasado idílico del mundo incaico, de la comunidad campesina y el doloroso presente; resaltó las diferencias entre explotadores y explotados, blancos y amerindios, mestizos y cholos; todos ellos personificados no como individuos aislados sino como productos de un grupo, colectividad, comunidad o clase social. La verosímil descripción del sujeto en el contexto de la narrativa de Alegría es crucial en la explicación de su identidad.
Alix Camacho es menos convincente en su análisis del neoindigenismo de Manuel Scorza, donde la objetividad es reemplazada por la subjetividad. El autor descuida algunos aspectos fundamentales señalados en nuestro volumen Proyección de lo indígena en las literaturas de la América Hispánica 4. Camacho menciona brevemente la multiplicidad de enfoques y exagera cuando afirman “El tema de la identidad pierde la importancia que le dio el discurso indigenista porque ahora el autor se preocupa de dar a conocer los hechos que causaron la marginación” (p. 59). El artículo enfoca mejor la estructura atemporal de la narrativa de Scorza, al unir el pasado, el presente y el futuro ante la imposibilidad de establecer una cronología en sus libros, según confesión propia (p. 61). Siguiendo un contexto histórico en el que interviene la dimensión mágico‑mítica de su poesía, Scorza publicó La guerra silenciosa, saga integrada por Redoble por Rancas (1970), Historia de Garabombo, el invisible (1972), El jinete insomne (1976), Cantar de Agapito Robles (1976) y La tumba del relámpago (1978) 5.
Como lo he sostenido en otras oportunidades 6, una atmósfera mágica y un lirismo simbólico‑alegórico nutren la realidad de las primeras novelas de Scorza. Aunque rehusó ser considerado autor indigenista, Scorza, como José María Arguedas en Todas las sangres (1964), contribuyó a ampliar la técnica del neoindigenismo. En su versión narrativa, Scorza utiliza algunos rasgos de los escritores del Boom 7. Su experimentación técnica le permite representar más cabalmente el mundo de los comuneros, porque al utiliza el punto de vista de los protagonistas y recurre a los mitos muestra la realidad andina desde dentro.
Como testigo de los hechos, Scorza teje los hilos narrativos, cual si estuviera componiendo una balada popular con timbre patético-satírico. La historia de la expoliación y su secuela de penurias se amplía en sus cinco novelas ligadas entre sí. Empero, el texto de las cuatro primeras novelas es contradictorio. En su intento de resolver la contradicción, en la quinta novela del ciclo el autor opta por la modernidad occidental. A pesar de ello, en las cinco obras narrativas se alternan capítulos que narran simultáneamente dos o más historias de diferentes épocas. Esa fragmentación se desarrolla en el tiempo no-lineal, característico de la cosmovisión mítica del indígena, y le permite al autor incorporar algunos mitos fundamentales 8. Con todo, esta visión no constituye el substrato de su narración, como en Los ríos profundos y en El zorro de arriba y el zorro de abajo de José María Arguedas. Consciente de la deficiencia, Scorza recurre al realismo mágico o inventa mitos literarios para representar la cultura indígena. A menudo, los mitos se encuentran intercalados en el texto con el propósito de representar la perspectiva de los dirigentes indígenas empeñados en emplearlos como armas de resistencia revolucionaria.
Para concluir, mencionaré la última ponencia del libro que presentamos. Escrita por Paolo de Lima, el trabajo se ocupa de la violencia política en el Perú, la globalización y la poesía en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Cubre de 1980 a 1992, cuando aparecieron los “tres tristes tigres”, editores de la efímera revista de poesía Trompa de Eustaquio y ganadores de algunos premios literarios. Paolo de Lima analiza un poema de cada uno de estos “tigres”, en el cual resalta la realidad político-social y el fenómeno de la violencia, expuesta recientemente por la Comisión de la Verdad presidida por Salomón Lerner.
Agradecemos y felicitamos a los editores por haber reunido en el volumen que presentamos importantes aportaciones al tema fundamental de la identidad en la literatura y las artes de nuestra patria.
..................
1 Teófilo Altamirano, Éxodo: peruanos en el exterior (Lima: PUCP, 1992), 61.
2 Una síntesis de la organización y temas debatidos en las cuatro primeras convenciones se encuentra en el segundo capítulo de Teófilo Altamirano, Los que se fueron: peruanos en los Estados Unidos (Lima: PUCP, 1990). Sobre las tres convenciones siguientes, consúltese por el mismo autor Éxodo, 11-123.
3 Antonio Cornejo Polar: “La narrativa de Ciro Alegría: diseño general”, p. 374.
4 Eugenio Chang-Rodríguez y Alfredo Roggiano, eds Revista Iberoamericana: Proyección de lo indígena en las literaturas de la América Hispánica. 50.127 (1984): 337-624.
5 Entrevistado en Madrid por un profesor de la Universidad Complutense, Scorza le declaró: “Yo considero que La tumba del relámpago es el libro épico en el sentido más profundo de la palabra, es el más maduro, y quizá, mi mejor libro. Ahí, los personajes han llegado a acceder a lo épico, pero partiendo de la novela lírica y onírica; todo está al servicio de la tragedia; es una tragedia la que se pinta allí en términos clásicos” (José Julio Perlado, "Manuel Scorza: «Sobre la irrealidad total, he puesto la realidad absoluta»" Entrevista inédita (1979 publicada en Internet).
6 En “Revaloración de la narrativa de Manuel Scorza”, mi ponencia en el Congreso de Narrativa Peruana de Madrid (junio de 2005), por ejemplo.
7 Ibíd.
8 E.g. el fragmento de Dioses y hombres de Huarochirí en el capítulo 35 de Garabombo, el invisible y el mito de Inkarrí, al comienzo de La tumba del relámpago.
Como otros latinoamericanos, los peruanos estamos acosados por la problemática de la identidad, tema central del libro que comentamos. ¿Quiénes somos? ¿A qué parcela cultura pertenecemos? ¿De qué manera nuestra pertenencia a una u otra cultura, o a varias, determina nuestro sistema de valores y actitudes? ¿Cómo se sustentan nuestras reflexiones frente a los desafíos diarios de la vida? Los autores de las ponencias recogidas en este tomo tratan de contestar estas y otras preguntas al ocuparse de las obras literarias y artísticas con moderna metodología y estrategia crítica.
Hoy me permito resaltar brevemente algunos de los dieciocho trabajos que más han concitado mi atención, en particular los vinculados con la identidad andina trasladada a los Estados Unidos por centenares de miles que integran su población hispanohablante. Autollamada “latina”, esta población, por ser tan numerosa ocupa el tercer lugar en el mundo, después de México y España. En su ponencia Ulises J. Zevallos (Ohio State University) trata de los múltiples planos de la identidad “andina”. Aplicado a nuestra patria, el vocablo “andino”, tan caro al historiador Franklin Pease, abarca a los habitantes de las tres regiones geográficas del país, que constituyen la mayoría de los 233 926 peruanos registrados en el censo estadounidense de 2000. Según cálculos bien fundamentados, su número ha crecido a medio millón en 2006. Los testimonios de tres de ellos han sido recogidos por Zevallos para mostrar cuánto de sus creencias, valores y competencia lingüística retienen en su nuevo hábitat.
Quienes hemos residido en la Unión Norteamericana por varias décadas, podemos complementar los datos proporcionados en este ensayo. En la década de los años 1940 vivían en el área metropolitana de Nueva York unos cuantos miles de peruanos, en su mayoría residentes legales. Algunos, estudiaban en universidades y colegios. En las décadas siguientes, llegaron veintenas de miles más, particularmente al Estado de Nueva Jersey. Aun así, en el 2006 los peruanos no son tan numerosos como los mexicanos, ecuatorianos y colombianos ni, por supuesto, los caribeños, aunque algunos exageren su número sin la apropiada documentación.
Se ha afirmado que antes de los años de 1970, salir del Perú era entonces "casi privilegio de las clases altas y de los profesionales liberales". Emigrar del Perú era "sinónimo de prestigio, especialmente cuando los destinos eran Europa y EE. UU." afirma un antropólogo social 1. En los decenios siguientes, la ola migratoria se incrementó, principalmente por la explosión demográfica, el deterioro económico y la inseguridad social acentuada por el terrorismo. Varios ensayos de la última sección del volumen que presentamos se ocupan de esta etapa migratoria.
En el proceso de adaptación a la sociedad norteamericana, los peruanos profesionales y económicamente mejor establecidos han desarrollado una reacción defensiva agrupándose en instituciones sociales y profesionales. Los de menor éxito económico han constituido organizaciones religiosas y deportivas paralelas. Es un mérito que un centenar de instituciones peruanas en los Estados Unidos desde 1985 se reúna anualmente en diferentes ciudades de Norteamérica y el Perú, como lo harán en Lima del 19 al 22 de febrero de este año, bajo la presidencia de Julio Salazar, recientemente condecorado por nuestra Cancillería 2.
El otro trabajo del libro que comentamos es “Identidad: Ciro Alegría y Manuel Scorza”. En esta comunicación Alix Camacho (State University of NY, campus de Oneonta) recuerda cómo por medio de la literatura los dos grandes narradores se propusieron integrar al indio a la nación peruana. Algunos de sus párrafos sintetizan las características de la narrativa de Ciro Alegría, sobre las cuales tuve la oportunidad de conversar e intercambiar correspondencia tal como consta en Entre dos fuegos, que se presentará mañana en la Sala Miguel Grau del Congreso de la República. En efecto, Ciro Alegría intentó darle identidad al indígena por medio de sus novelas, cuentos y poesía. Acató el mandato de la modernidad que exige la unificación y homogeneización de los miembros integrantes de la sociedad. Sus esfuerzos se plasman en La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1941). Alix Camacho explica cómo estas obras realistas ofrecen un discurso moderno y dinámico que proyecta los problemas del amerindio en el ámbito nacional creando “universos imaginarios” que dan la impresión de ser reales” 3. Efectivamente, el gran novelista del norte del Perú consiguió sus objetivos configurando el texto con nueva norma de composición, lenguaje y estilo con el fin de mostrar la heterogeneidad de los personajes y revelar su identidad; puso en contrapunto el pasado idílico del mundo incaico, de la comunidad campesina y el doloroso presente; resaltó las diferencias entre explotadores y explotados, blancos y amerindios, mestizos y cholos; todos ellos personificados no como individuos aislados sino como productos de un grupo, colectividad, comunidad o clase social. La verosímil descripción del sujeto en el contexto de la narrativa de Alegría es crucial en la explicación de su identidad.
Alix Camacho es menos convincente en su análisis del neoindigenismo de Manuel Scorza, donde la objetividad es reemplazada por la subjetividad. El autor descuida algunos aspectos fundamentales señalados en nuestro volumen Proyección de lo indígena en las literaturas de la América Hispánica 4. Camacho menciona brevemente la multiplicidad de enfoques y exagera cuando afirman “El tema de la identidad pierde la importancia que le dio el discurso indigenista porque ahora el autor se preocupa de dar a conocer los hechos que causaron la marginación” (p. 59). El artículo enfoca mejor la estructura atemporal de la narrativa de Scorza, al unir el pasado, el presente y el futuro ante la imposibilidad de establecer una cronología en sus libros, según confesión propia (p. 61). Siguiendo un contexto histórico en el que interviene la dimensión mágico‑mítica de su poesía, Scorza publicó La guerra silenciosa, saga integrada por Redoble por Rancas (1970), Historia de Garabombo, el invisible (1972), El jinete insomne (1976), Cantar de Agapito Robles (1976) y La tumba del relámpago (1978) 5.
Como lo he sostenido en otras oportunidades 6, una atmósfera mágica y un lirismo simbólico‑alegórico nutren la realidad de las primeras novelas de Scorza. Aunque rehusó ser considerado autor indigenista, Scorza, como José María Arguedas en Todas las sangres (1964), contribuyó a ampliar la técnica del neoindigenismo. En su versión narrativa, Scorza utiliza algunos rasgos de los escritores del Boom 7. Su experimentación técnica le permite representar más cabalmente el mundo de los comuneros, porque al utiliza el punto de vista de los protagonistas y recurre a los mitos muestra la realidad andina desde dentro.
Como testigo de los hechos, Scorza teje los hilos narrativos, cual si estuviera componiendo una balada popular con timbre patético-satírico. La historia de la expoliación y su secuela de penurias se amplía en sus cinco novelas ligadas entre sí. Empero, el texto de las cuatro primeras novelas es contradictorio. En su intento de resolver la contradicción, en la quinta novela del ciclo el autor opta por la modernidad occidental. A pesar de ello, en las cinco obras narrativas se alternan capítulos que narran simultáneamente dos o más historias de diferentes épocas. Esa fragmentación se desarrolla en el tiempo no-lineal, característico de la cosmovisión mítica del indígena, y le permite al autor incorporar algunos mitos fundamentales 8. Con todo, esta visión no constituye el substrato de su narración, como en Los ríos profundos y en El zorro de arriba y el zorro de abajo de José María Arguedas. Consciente de la deficiencia, Scorza recurre al realismo mágico o inventa mitos literarios para representar la cultura indígena. A menudo, los mitos se encuentran intercalados en el texto con el propósito de representar la perspectiva de los dirigentes indígenas empeñados en emplearlos como armas de resistencia revolucionaria.
Para concluir, mencionaré la última ponencia del libro que presentamos. Escrita por Paolo de Lima, el trabajo se ocupa de la violencia política en el Perú, la globalización y la poesía en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Cubre de 1980 a 1992, cuando aparecieron los “tres tristes tigres”, editores de la efímera revista de poesía Trompa de Eustaquio y ganadores de algunos premios literarios. Paolo de Lima analiza un poema de cada uno de estos “tigres”, en el cual resalta la realidad político-social y el fenómeno de la violencia, expuesta recientemente por la Comisión de la Verdad presidida por Salomón Lerner.
Agradecemos y felicitamos a los editores por haber reunido en el volumen que presentamos importantes aportaciones al tema fundamental de la identidad en la literatura y las artes de nuestra patria.
..................
1 Teófilo Altamirano, Éxodo: peruanos en el exterior (Lima: PUCP, 1992), 61.
2 Una síntesis de la organización y temas debatidos en las cuatro primeras convenciones se encuentra en el segundo capítulo de Teófilo Altamirano, Los que se fueron: peruanos en los Estados Unidos (Lima: PUCP, 1990). Sobre las tres convenciones siguientes, consúltese por el mismo autor Éxodo, 11-123.
3 Antonio Cornejo Polar: “La narrativa de Ciro Alegría: diseño general”, p. 374.
4 Eugenio Chang-Rodríguez y Alfredo Roggiano, eds Revista Iberoamericana: Proyección de lo indígena en las literaturas de la América Hispánica. 50.127 (1984): 337-624.
5 Entrevistado en Madrid por un profesor de la Universidad Complutense, Scorza le declaró: “Yo considero que La tumba del relámpago es el libro épico en el sentido más profundo de la palabra, es el más maduro, y quizá, mi mejor libro. Ahí, los personajes han llegado a acceder a lo épico, pero partiendo de la novela lírica y onírica; todo está al servicio de la tragedia; es una tragedia la que se pinta allí en términos clásicos” (José Julio Perlado, "Manuel Scorza: «Sobre la irrealidad total, he puesto la realidad absoluta»" Entrevista inédita (1979 publicada en Internet).
6 En “Revaloración de la narrativa de Manuel Scorza”, mi ponencia en el Congreso de Narrativa Peruana de Madrid (junio de 2005), por ejemplo.
7 Ibíd.
8 E.g. el fragmento de Dioses y hombres de Huarochirí en el capítulo 35 de Garabombo, el invisible y el mito de Inkarrí, al comienzo de La tumba del relámpago.
Tuesday, January 24, 2006
La vida o los libros
Por Luis Aguirre
Enrique parece el tipo de estudiante de Literatura destinado a no moverse de los márgenes del libro. A sus 18 años es serio, sabelotodo y tan responsable que es capaz de quedarse un sábado sin salir con tal de cumplir con sus labores de tutor de una academia preuniversitaria. Pero es a través de este trabajo que conoce a Pilar, una madura profesora de Sociología y madre divorciada de uno de sus alumnos, que le enseñará que existe algo más que prepararse, estudiar y hacer una vida académica respetable. “La vida tiene enseñanzas irremplazables que los libros no pueden proporcionar”, sentencia ella. Después de algunos tensos intercambios verbales, que por debajo llevan toda la electricidad de la coquetería intelectual, Enrique -inexperto y virgen- cede ante lo inevitable: caer en el atractivo remolino sexual de Pilar. El es un alumno aplicado y ella una mujer que está dispuesta a enseñarle los misterios de la seducción femenina y a entrenarlo en la satisfacción de ese aleph pequeñito llamado clítoris.
Después del deslumbramiento verbal de Neguijón (2005), Fernando Iwasaki presenta Mírame cuando te ame, una breve novela de prosa limpia escrita en 1993, año en que publicó la colección de relatos A Troya, Helena, y anterior a su novela-colección de relatos El libro del mal amor (2001). Pero a diferencia de esta última -donde cada aventura terminaba en fracaso-, todo lo que le sucede a Enrique tiene el espíritu del triunfo, de una educación erótica que termina muy bien a pesar del destino penoso de Pilar y que se resume en la máxima biográfica que el narrador señala al final: haber sido un “iniciado en la indiferencia del amor”. Ambientada en los años ochenta, Mírame cuando te ame es una versión de color muy local de aquello que los anglosajones han llamado “novela de campus”. Aquí están retratadas las confrontaciones de prestigio entre la Universidad Católica, la San Marcos y la Universidad de Lima, y sus mundos paralelos que caminan a veces de espaldas a la realidad. Pilar es una ex militante de izquierda que con su facha de hippie se presenta ante Enrique como una voz autocrítica, por momentos amargada, de cierta intelectualidad limeña que no puede abandonar sus tics de clase cuando actúa fuera de los salones: “No hay nada peor que un look proletario postizo en una pituca del Villa María”, espeta. Con su feminismo derrotado a cuestas (“no tienes ni idea de lo que es ser divorciada en un país como el Perú”), encuentra en Enrique un cómplice perfecto para su vendetta: el escándalo del sexo en medio del conservadurismo académico. El erotismo sin celos ni posesividades es un arma contestataria más honesta aún que cualquier rollo político o vanidad intelectual.
Iwasaki hace extrañar su gran manejo del lenguaje. Pero sobre todo hace extrañar su gran sentido del humor. Tibia, melancólica y excesivamente expeditiva, Mírame cuando te ame no llega a cumplir todo lo que promete. Pilar es un personaje fascinante, hecha de fuego, rapidez mental y ánimo pedagógico. Y de ella al final no queda más que un suspiro. Demasiado rápido para tan poco: los lectores se quedan con la miel en los labios.
Título: Mírame cuando te ame
Autor: Fernando Iwasaki
Editorial: Peisa (84 p.)
Enrique parece el tipo de estudiante de Literatura destinado a no moverse de los márgenes del libro. A sus 18 años es serio, sabelotodo y tan responsable que es capaz de quedarse un sábado sin salir con tal de cumplir con sus labores de tutor de una academia preuniversitaria. Pero es a través de este trabajo que conoce a Pilar, una madura profesora de Sociología y madre divorciada de uno de sus alumnos, que le enseñará que existe algo más que prepararse, estudiar y hacer una vida académica respetable. “La vida tiene enseñanzas irremplazables que los libros no pueden proporcionar”, sentencia ella. Después de algunos tensos intercambios verbales, que por debajo llevan toda la electricidad de la coquetería intelectual, Enrique -inexperto y virgen- cede ante lo inevitable: caer en el atractivo remolino sexual de Pilar. El es un alumno aplicado y ella una mujer que está dispuesta a enseñarle los misterios de la seducción femenina y a entrenarlo en la satisfacción de ese aleph pequeñito llamado clítoris.
Después del deslumbramiento verbal de Neguijón (2005), Fernando Iwasaki presenta Mírame cuando te ame, una breve novela de prosa limpia escrita en 1993, año en que publicó la colección de relatos A Troya, Helena, y anterior a su novela-colección de relatos El libro del mal amor (2001). Pero a diferencia de esta última -donde cada aventura terminaba en fracaso-, todo lo que le sucede a Enrique tiene el espíritu del triunfo, de una educación erótica que termina muy bien a pesar del destino penoso de Pilar y que se resume en la máxima biográfica que el narrador señala al final: haber sido un “iniciado en la indiferencia del amor”. Ambientada en los años ochenta, Mírame cuando te ame es una versión de color muy local de aquello que los anglosajones han llamado “novela de campus”. Aquí están retratadas las confrontaciones de prestigio entre la Universidad Católica, la San Marcos y la Universidad de Lima, y sus mundos paralelos que caminan a veces de espaldas a la realidad. Pilar es una ex militante de izquierda que con su facha de hippie se presenta ante Enrique como una voz autocrítica, por momentos amargada, de cierta intelectualidad limeña que no puede abandonar sus tics de clase cuando actúa fuera de los salones: “No hay nada peor que un look proletario postizo en una pituca del Villa María”, espeta. Con su feminismo derrotado a cuestas (“no tienes ni idea de lo que es ser divorciada en un país como el Perú”), encuentra en Enrique un cómplice perfecto para su vendetta: el escándalo del sexo en medio del conservadurismo académico. El erotismo sin celos ni posesividades es un arma contestataria más honesta aún que cualquier rollo político o vanidad intelectual.
Iwasaki hace extrañar su gran manejo del lenguaje. Pero sobre todo hace extrañar su gran sentido del humor. Tibia, melancólica y excesivamente expeditiva, Mírame cuando te ame no llega a cumplir todo lo que promete. Pilar es un personaje fascinante, hecha de fuego, rapidez mental y ánimo pedagógico. Y de ella al final no queda más que un suspiro. Demasiado rápido para tan poco: los lectores se quedan con la miel en los labios.
Título: Mírame cuando te ame
Autor: Fernando Iwasaki
Editorial: Peisa (84 p.)
Wednesday, January 18, 2006
Cristino Bogado
Cristino Bogado: Asunción, Paraguay, 1967. Poeta, narrador, ensayista y editor independiente. 1989-1992: Miembro fundador, editor y articulista de Susobicho, revista de los estudiantes de la Universidad Nacional de Asunción sobre temas de filosofía, antropología y literatura. 1995: Colaborador del fanzine sobre temas de rock, cultura y literatura Punto Rojo. 2000-2003: Colaborador del Suplemento Cultural del diario ABC Color (Asunción, Paraguay). 2002-2003: Colaborador del Suplemento Cultural, dirigido por el poeta Douglas Diegues, del diario Gazeta do Povo de la ciudad de Campo Grande, Estado de Matto Grosso (Brasil). Desde 2004: Colaborador de la revista sobre arte y cultura Fahrenheit de la ciudad de México D. F., México. Desde 2004: Miembro del consejo editorial de la revista de poesía Ontem choveu no futuro, editada en Campo Grande, Brasil. Desde 2005: Colaborador de la revista de música, poesía y humanidades Pauta, México DF, México. Ha participado en diversos congresos y recitales nacionales e internacionales; por ejemplo: 2000: Poeta invitado al Primer Encuentro Internacional "Poetas en la Bahía", Asunción, Paraguay, 8, 9, 10 y 11 de junio de 2000; 2001: Conferencista invitado, con el ensayo intitulado "Filosofía y poesía", al Primer Seminario Poético Internacional "Las avenidas multidisciplinarias hacia la poesía", Asunción, Paraguay, 22, 23, 24 y 25 de noviembre de 2001; 2001: Poeta invitado al espectáculo de música y poesía "Homenaje a Charles Bukovsky" (guitarra, clarinete y voz), Espacio Sajonia XXI, Asunción, Paraguay; 2001: Poeta invitado a la Fête de la Poèsie, actividad organizada por la Alianza Francesa, Asunción, Paraguay; 2003: Conferencista invitado a las V Jornadas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) sobre Educación, Literatura y Comunicación, con la conferencia "La filosofía como género literario", 26, 27 y 28 de junio de 2003, Corrientes, Argentina; 2003: Poeta invitado a los recitales internacionales de poesía celebrados en la UNNE con ocasión de las V Jornadas de la Universidad Nacional del Nordeste sobre Educación, Literatura y Comunicación, 26, 27 y 28 de junio de 2003, Corrientes, Argentina: 2004: Poeta invitado a los recitales de música y poesía organizados en el pub La Esquina en mayo de 2004, Asunción, Paraguay; 2005: Conferencista invitado a la Semana Sartriana, realizada en la Alianza Francesa de Asunción y el Café Italiano de la misma ciudad, con la conferencia "El uso del vocablo 'nada' en el Baudelaire de Sartre". Ha publicado textos en antologías como: 2000: Asunción despierta –antología de la poesía actual, VV. AA., Asunción, Paraguay, y 2002: Asunción habita –antología de poesía y prosa contemporáneas, VV. AA., Asunción, Paraguay. Textos suyos se encuentran en diversos sitios de internet; por ejemplo: Desde 2004: Poeta invitado en la antología virtual de poesía paraguaya, dirigida por Joaquín Morales, en la página www.postumodern.com (sección Byzantinisches Tageblatt, número 5); Desde 2005: Narrador invitado en la página argentina de narrativa internacional www.flatusvocis.com. Escritor invitado en la página argentina de literatura latinoamericana contemporánea de la editorial Eloísa, de Buenos Aires, www.eloisacartonera.com.ar. Entre los estudios sobre su obra se puede citar: 2004: Ouroboros –poesía paraguaya 1977-2004, ensayo del escritor, poeta y crítico argentino Jorge Montesino, con antología de textos, publicado en la revista norteamericana de literatura Galerna. Ha publicado los poemarios: La Copa de Satana, Ediciones Cuadernos de la Ura, Asunción, Paraguay, diciembre de 2002, y Dandy ante el vértigo, Jakembó editores, Asunción, Paraguay, noviembre de 2004. Como director de Jakembó editores ha publicado, dentro de su colección de poesía Theis Moira, el libro de su autoría Dandy ante el vértigo, (2004), Heautontimoroumenos (2005), del poeta peruano Miguel Ildefonso, y Musica ficta semitonia subintellecta y hurras a bizancio (2005), ambos de Joaquín Morales. Dentro de su colección de narrativa Ñe'e reí ha editado el volumen de cuentos La luz marchita (2005), de Javier Viveros, Otros títulos de aparición prevista para 2006, son, dentro de la colección de ensayo Bestias-oráculos, El comienzo de lo terrible, de Montserrat Álvarez, y un ensayo filosófico del poeta, aforismólogo y editor mexicano Luigi Amara; dentro de su colección de narrativa, 4 bestias, de Nicolás Granada; y, dentro de su colección de poesía, La conspiración de los ginecólogos, de Jorge Canese. Los escritores interesados pueden escribir a jakemboeditores@gmail.com
“El machismo perjudica a los hombres”
Rocío Silva Santisteban: “El machismo perjudica a los hombres”
DESAMORES • La poeta acaba de publicar “Turbulencias”, un libro de poesía irónica y despiadada.
Por Pedro Escribano
“La vida es un frenesí”, dice con ironía la poeta Rocío Silva Santisteban cuando iniciamos esta conversación a propósito de su último poemario, Turbulencias (ed. estruendomudo), que es un libro de una poesía áspera, despiadada, en donde la mujer –la amada– enfrenta, entre otras embestidas, los rigores del desamor, las sutilezas del machismo y el infortunio, hasta en lo más íntimo, de ser mujer en una sociedad como la nuestra.
Rocío surgió a la literatura peruana en los años 80, junto a esa legión de poetas mujeres que tomaron la mejor arma: la palabra poética.
“En realidad –me corrige Rocío– la mujer se metió en todos los campos. Fue un hito, porque la mujer empezó a participar en la poesía, en la vida cultural hasta en Sendero”. No le falta razón.
La poeta, además de Literatura estudió Derecho. Asimismo, es una de las preocupadas de los estudios de género, mujer y cultura en nuestro medio. Ese interés, que es un propósito de búsqueda de justicia, es otra marca en su poesía que está presente desde su primer poemario, Asuntos circunstanciales (1984).
La mujer y sus respectivos asuntos es un tema caro en la poesía de Rocío Silva Santisteban. Un tema que se le ha filtrado no a través de lecturas, sino a través de la vida, de su historia familiar.
“Mi madre, que era una profesional, políglota, cuando se casó, se convirtió en una ama de casa. Después, cuando se separó de mi padre, ella tuvo que salir al campo, a ganarse la vida, pero con la carga de dos hijos. Y salió adelante. Y esa historia también era de mi abuela, de mis tías, pero en todas ellas había punche, fuerza”, narra la poeta.
–¿ En ti se repite esa historia?
–Se repite en el sentido de que yo, como mi madre y mi abuela y mis tías, no me dejo. Desde que era una niña mi madre me repetía: “nunca dependas de un hombre”. Me enseñó a salir adelante ante todas las dificultades.
–Pero en Turbulencias un poco tú misma te pones en el paredón.
–En este libro juego bastante con mi primer libro, Asuntos circunstanciales, y conmigo mismo. El año pasado fue un año bastante difícil para mí, a pesar de que en ese año también me doctoré. Duro, porque mi padre estuvo en cuidados intensivos en un hospital, a mi madre le dio un derrame cerebral y yo también rompí una relación que me dejó bastante mal parada. La desgracia vino junta. Iba de un hospital a otro, del hospital privado de mi padre al hospital público de mi madre. No podía dormir y me dediqué a escribir y escribir.
–Hay un poema: “Larga marcha a través de la noche”. ¿La noche no era para dormir?
–Sí, era para dormir, pero no podía, me costaba trabajo atravesar la noche. Ese es el sentido de ese poema, así, como larga marcha de Mao, así me era de doloroso y difícil.
–En muchos poemas en este libro hay alusiones despiadadas contra ti misma. ¿La poeta, la mujer, se rinde?
–No, no, yo al final no me rindo.
–El último poema del libro dice: “¿Cuántos más pasarán por este cuerpo/ dejando sus fluidos para que yo sea feliz,/ papá?
–Sí, esa pregunta es terrible. Sabes, uno es feliz como un “vago fulgor”, como dice la cita que cito de Luis Hernández quien además cita a Amado Nervo: “Hay amores que nacieron para la luz del día/ y otros que nacieron para un vago fulgor”. Uno tiene que aprovechar al máximo el momento de felicidad. A veces me pregunto, por qué los momentos de dolor son más intensos que los momentos de felicidad. Es que siempre pensamos que los momentos de dolor son eternos y que los de felicidad son efímeros. Nos cuesta mucho aceptar que somos felices. Por lo demás, es cierto, en este libro yo he sido un poco dura conmigo misma.
–Ahora, el libro no encierra una visión patética de la amada, sino al contrario.
–Uno de los poemas habla de la identidad de la mujer como víctima. Las mujeres de América Latina tenemos una tendencia alucinante de estimarnos como víctimas, pues siempre se escucha: “ay, pobrecita de mi hijita”, “yo soy la que me sacrifico por mis hijos”, todo ese victimismo que nos viene de la tradición cristiana. Eso como que nos ha marcado bastante y lo que yo intento es sacurdirme de ese rol de víctima que no nos da nada.
Machismo turbulento
Para Rocío Silva Santisteban todo tiene que ver con el sentido de masculinidad y feminidad con que nos educan. “Lo que ocurre –dice– es que el machismo perjudica tanto a los hombres como a las mujeres. A los hombres, por ejemplo, les plantea un estereotipo de masculinidad que es tan difícil conseguir en los jóvenes”, afirma la poeta.
Es decir, las turbulencias también son de los hombres.
“No creo en los caudillos”
-En un poema, en una muestra de conciencia, la amada dice: “Si yo sola no me cicatrizo/ ¿quién me sanará?”. Si extendemos esta figura al campo político, ¿quién sanará nuestro país, Rocío?
-Si él mismo no se cicatriza, nadie lo va a sanar.
-¿Un líder, un caudillo?
-Yo no creo en los caudillos. Yo creo en la ciudadanía. Seamos responsables cada uno. No esperar a que otros metan la pata y después todos digamos “él tiene la culpa”.
-¿Alguna gente cree que ahora es el turno de una presidenta?
-No creo. No debemos pensar que siempre hemos tenido un papá presidente y que ahora necesitamos de una mamá. Lo que tenemos que hacer es ser adultos. La única manera de salir es ser ciudadanos.
-Y a propósito, ¿te interesaría deslizar los pies” hacia la política?
-Sí me interesaría, pero por ahora no. Hay ciertos derechos que se tienen que conquistar y eso está en el terreno de la política en el sentido más amplio, que es el juego del poder. Pero aquí la política está hasta las patas. Pero por otro lado, hay gente que dice “no, porque me voy a ensuciar con la política”. Creo que uno, finalmente, si uno quiere salir, tiene que meter las manos un poco en la ciénaga.
-¿Y vas a meterlas?
-Yo las he metido bien. Mi tesis de doctorado es un análisis de los discursos de la Comisión de la Verdad. Espero publicarlo este año. La ciudadanía está despertando. En los años 90, lavar la bandera en la Plaza de Armas fue genial, fue arrebatarle los símbolos del Perú a los militares. eso fue revolucionario. ¿Por qué los símbolos patrios deben ser solo de los militares? Por eso me gusta aquella pintura de Claudia Coca en la que una mujer sale de una piscina con un bikini de la bandera peruana. Eso me parece genial.
.........
Todo para qué
a T. Z.
Sospecho que vino con la intención de irse
dejó el carro aparcado afuera
tenía un aire de querer hablar en medio de mucha gente
por temor a lo que yo iba a escuchar...
Pero le entregué el poema,
terminó dos copas de vino
se hartó de darle vueltas al asunto
y me dijo: quiero descansar...
En la cama me montó hasta tres veces
sonriendo, riéndonos, y durmió tranquilo.
Ahora yo: ¿qué debo esperar?
¿Otra infección urinaria?
¿otra crema vaginal?
DESAMORES • La poeta acaba de publicar “Turbulencias”, un libro de poesía irónica y despiadada.
Por Pedro Escribano
“La vida es un frenesí”, dice con ironía la poeta Rocío Silva Santisteban cuando iniciamos esta conversación a propósito de su último poemario, Turbulencias (ed. estruendomudo), que es un libro de una poesía áspera, despiadada, en donde la mujer –la amada– enfrenta, entre otras embestidas, los rigores del desamor, las sutilezas del machismo y el infortunio, hasta en lo más íntimo, de ser mujer en una sociedad como la nuestra.
Rocío surgió a la literatura peruana en los años 80, junto a esa legión de poetas mujeres que tomaron la mejor arma: la palabra poética.
“En realidad –me corrige Rocío– la mujer se metió en todos los campos. Fue un hito, porque la mujer empezó a participar en la poesía, en la vida cultural hasta en Sendero”. No le falta razón.
La poeta, además de Literatura estudió Derecho. Asimismo, es una de las preocupadas de los estudios de género, mujer y cultura en nuestro medio. Ese interés, que es un propósito de búsqueda de justicia, es otra marca en su poesía que está presente desde su primer poemario, Asuntos circunstanciales (1984).
La mujer y sus respectivos asuntos es un tema caro en la poesía de Rocío Silva Santisteban. Un tema que se le ha filtrado no a través de lecturas, sino a través de la vida, de su historia familiar.
“Mi madre, que era una profesional, políglota, cuando se casó, se convirtió en una ama de casa. Después, cuando se separó de mi padre, ella tuvo que salir al campo, a ganarse la vida, pero con la carga de dos hijos. Y salió adelante. Y esa historia también era de mi abuela, de mis tías, pero en todas ellas había punche, fuerza”, narra la poeta.
–¿ En ti se repite esa historia?
–Se repite en el sentido de que yo, como mi madre y mi abuela y mis tías, no me dejo. Desde que era una niña mi madre me repetía: “nunca dependas de un hombre”. Me enseñó a salir adelante ante todas las dificultades.
–Pero en Turbulencias un poco tú misma te pones en el paredón.
–En este libro juego bastante con mi primer libro, Asuntos circunstanciales, y conmigo mismo. El año pasado fue un año bastante difícil para mí, a pesar de que en ese año también me doctoré. Duro, porque mi padre estuvo en cuidados intensivos en un hospital, a mi madre le dio un derrame cerebral y yo también rompí una relación que me dejó bastante mal parada. La desgracia vino junta. Iba de un hospital a otro, del hospital privado de mi padre al hospital público de mi madre. No podía dormir y me dediqué a escribir y escribir.
–Hay un poema: “Larga marcha a través de la noche”. ¿La noche no era para dormir?
–Sí, era para dormir, pero no podía, me costaba trabajo atravesar la noche. Ese es el sentido de ese poema, así, como larga marcha de Mao, así me era de doloroso y difícil.
–En muchos poemas en este libro hay alusiones despiadadas contra ti misma. ¿La poeta, la mujer, se rinde?
–No, no, yo al final no me rindo.
–El último poema del libro dice: “¿Cuántos más pasarán por este cuerpo/ dejando sus fluidos para que yo sea feliz,/ papá?
–Sí, esa pregunta es terrible. Sabes, uno es feliz como un “vago fulgor”, como dice la cita que cito de Luis Hernández quien además cita a Amado Nervo: “Hay amores que nacieron para la luz del día/ y otros que nacieron para un vago fulgor”. Uno tiene que aprovechar al máximo el momento de felicidad. A veces me pregunto, por qué los momentos de dolor son más intensos que los momentos de felicidad. Es que siempre pensamos que los momentos de dolor son eternos y que los de felicidad son efímeros. Nos cuesta mucho aceptar que somos felices. Por lo demás, es cierto, en este libro yo he sido un poco dura conmigo misma.
–Ahora, el libro no encierra una visión patética de la amada, sino al contrario.
–Uno de los poemas habla de la identidad de la mujer como víctima. Las mujeres de América Latina tenemos una tendencia alucinante de estimarnos como víctimas, pues siempre se escucha: “ay, pobrecita de mi hijita”, “yo soy la que me sacrifico por mis hijos”, todo ese victimismo que nos viene de la tradición cristiana. Eso como que nos ha marcado bastante y lo que yo intento es sacurdirme de ese rol de víctima que no nos da nada.
Machismo turbulento
Para Rocío Silva Santisteban todo tiene que ver con el sentido de masculinidad y feminidad con que nos educan. “Lo que ocurre –dice– es que el machismo perjudica tanto a los hombres como a las mujeres. A los hombres, por ejemplo, les plantea un estereotipo de masculinidad que es tan difícil conseguir en los jóvenes”, afirma la poeta.
Es decir, las turbulencias también son de los hombres.
“No creo en los caudillos”
-En un poema, en una muestra de conciencia, la amada dice: “Si yo sola no me cicatrizo/ ¿quién me sanará?”. Si extendemos esta figura al campo político, ¿quién sanará nuestro país, Rocío?
-Si él mismo no se cicatriza, nadie lo va a sanar.
-¿Un líder, un caudillo?
-Yo no creo en los caudillos. Yo creo en la ciudadanía. Seamos responsables cada uno. No esperar a que otros metan la pata y después todos digamos “él tiene la culpa”.
-¿Alguna gente cree que ahora es el turno de una presidenta?
-No creo. No debemos pensar que siempre hemos tenido un papá presidente y que ahora necesitamos de una mamá. Lo que tenemos que hacer es ser adultos. La única manera de salir es ser ciudadanos.
-Y a propósito, ¿te interesaría deslizar los pies” hacia la política?
-Sí me interesaría, pero por ahora no. Hay ciertos derechos que se tienen que conquistar y eso está en el terreno de la política en el sentido más amplio, que es el juego del poder. Pero aquí la política está hasta las patas. Pero por otro lado, hay gente que dice “no, porque me voy a ensuciar con la política”. Creo que uno, finalmente, si uno quiere salir, tiene que meter las manos un poco en la ciénaga.
-¿Y vas a meterlas?
-Yo las he metido bien. Mi tesis de doctorado es un análisis de los discursos de la Comisión de la Verdad. Espero publicarlo este año. La ciudadanía está despertando. En los años 90, lavar la bandera en la Plaza de Armas fue genial, fue arrebatarle los símbolos del Perú a los militares. eso fue revolucionario. ¿Por qué los símbolos patrios deben ser solo de los militares? Por eso me gusta aquella pintura de Claudia Coca en la que una mujer sale de una piscina con un bikini de la bandera peruana. Eso me parece genial.
.........
Todo para qué
a T. Z.
Sospecho que vino con la intención de irse
dejó el carro aparcado afuera
tenía un aire de querer hablar en medio de mucha gente
por temor a lo que yo iba a escuchar...
Pero le entregué el poema,
terminó dos copas de vino
se hartó de darle vueltas al asunto
y me dijo: quiero descansar...
En la cama me montó hasta tres veces
sonriendo, riéndonos, y durmió tranquilo.
Ahora yo: ¿qué debo esperar?
¿Otra infección urinaria?
¿otra crema vaginal?
Monday, January 16, 2006
Entrevista a Rafo León
"El comportamiento del racismo en el Perú es plástico, adaptativo"
El creador de la China Tudela Loveday tiene el convencimiento de que el rechazo entre peruanos se exacerba en elecciones
Entrevista a Rafo León
Por Patricia del Río
Una vez más, la contienda electoral saca la bandera del racismo como blanco de ataque entre los candidatos. Pocas personas tan autorizadas como Rafo León, creador de uno de los personajes que mejor refleja la discriminación en el Perú, para intentar explicar este fenómeno complejo que da cuenta de diferencias irreconciliables entre los peruanos.
El racismo es un tema que se pone en el tapete con cada proceso electoral. ¿Por qué?
Las elecciones son una oportunidad para enfrentarte al tema de la representación, es decir con qué candidato te sientes expresado, reflejado, o lo que estamos viendo ahora, qué candidato te permite odiar de manera legítima.
¿Y a quién o quiénes representa Humala?
Humala, en este momento, es un apellido que agrupa distintas variantes y concentra varios sectores: Antauro, decididamente, es el brazo lumpenesco; está el desquiciado de Ulises, que habla de decapitaciones y ejecuciones; y por supuesto, está Ollanta Humala que representa al cholo achorado militarote, alimeñado, que causa mucho miedo. El apellido Humala, entonces, concentra una serie de peligros que el 'establishment' limeño ve con verdadero espanto.
¿Cómo se refleja ese miedo?
Por ejemplo, estoy francamente impresionado de cómo cierta prensa escrita, televisada y radial, enfrenta el tema Humala. Creo que hay que aclarar la opción Humala, como hay que aclarar todas las demás, pero apertrecharse en un feudo social y reaccionar con paranoia es lo peor que puede pasar en este momento. No solamente porque se termina alimentando al candidato al que se recusa, sino porque ahondas las brechas que en este país son peligrosísimas, y que puede tener una salida muy seria y muy violenta. Esa reacción de la prensa, básicamente joven, me parece sumamente irresponsable.
¿Somos un país muy racista, polarizado?
El racismo en el Perú definitivamente existe. Tenemos datos concretos, dados por el Indecopi, sobre multas a discotecas por discriminación racial, o las terribles cifras del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, así que es un hecho innegable.
¿Más allá de los insultos durante las elecciones, cómo se expresa diariamente?
El comportamiento del racismo en el Perú es muy plástico, es adaptativo. No vivimos en un 'apartheid' con reglas de exclusión establecidas; la discriminación es más bien sutil, pero sumada a ciertas condiciones económicas y a determinadas ideas, configura un fenómeno de exclusión mucho más complejo, que va más allá de lo racial.
Un buen ejemplo de esa conducta discriminadora...
El caso de Toledo, por ejemplo. A él no se le ha perdonado una, por el hecho de ser como es. No solo genera ese rechazo por sus rasgos físicos, sino también por su pertenencia a un patrón de conducta que es considerado bien cholo: no puede ocultar su arribismo, se engolosina en el poder, apenas se le da una oportunidad de codearse con una personalidad enloquece. Creo que eso es lo que la pituquería no admite y no le perdona a Toledo ni al empresario exitoso con el que tienen que convivir en su playa.
Como diría la China Tudela, no le perdonan la osadía de querer ser parte de la GCU (Gente Como Uno).
Claro. ¿Quién es este agentado?, dicen algunas personas, y si bien se trata de una expresión horrorosa, se utiliza, y ese tipo de expresiones, de las que hay muchas, son un reflejo de esa discriminación. A Toledo justamente se le ha atacado tanto porque tiene el síntoma físico del prototipo del cholo, pero también el social.
Lo que demuestra que los problemas de discriminación y exclusión abarcan muchos aspectos complejos... Efectivamente, si nos quedamos simplemente en la evidencia física de la raza no podremos entender nada de lo que está ocurriendo actualmente en el Perú. Por ejemplo, podrá parecer frívolo, pero una tiranía evidente es la cultura del buen gusto. Ese es uno de los elementos de mayor exclusión, por lo menos en Lima. Existen reglas no escritas, tácitas, sobre lo que son el buen y el mal gusto, que se ejercen día a día en ciertos sectores sociales altos, y que constituyen barreras de discriminación absolutamente contundentes.
¿Cuáles son esas reglas?
Creo que nadie sabría formularlas con mucha claridad. Lo más revelador que he leído sobre eso fue un e-mail que circuló hace cinco años por toda Lima: el famoso Cholómetro. Se trataba de una tabla de supuestos comportamientos del patrón cholo. Si te sacabas un puntaje alto, debías pensar seriamente en que algo andaba mal contigo
Pero hasta cierto punto es natural que ciertas cosas te parezcan de mal gusto...
Ciertamente, a mí me produce escalofrío cuando las personas aplauden porque aterriza el avión, o me espanta pensar que mi vecino va a sacar los parlantes y el cajón de cerveza y va a armar una fiesta en el pasillo... Eso es de bastante mal gusto, pero yo también me pregunto cuánto de mal gusto hay en las cirugías plásticas de la pituquería que hace que todas las mujeres se vean exactas y crean que son diferentes... Esa burda manera de apegarse a lo físico es de pésimo gusto, como lo es decorar tu casa bajo los principios del feng shui para que el marido se coquee en el sillón.
Se trata de una discriminación más encubierta...
Sobre todo más sutil. Con todo, la derecha y la pituquería tienen cierta sutileza para expresar esta exclusión. Isaac Humala, por ejemplo, no tiene ninguna. Él declara, abiertamente, que solo les dará ciudadanía a los cobrizos y punto. La derecha no va a ser nunca así de clara
¿Porque es políticamente incorrecto, porque la discriminación es inconsciente? ¿A qué responde la sutileza?
Hay cierta conciencia de que estas cosas no se pueden decir en público, salvo la China Tudela, por supuesto, así que estas expresiones se quedan en el ámbito de la conversación privada, se escuchan en circuitos muy cerrados donde se permite muchísimo.
Ahora, el discriminado no necesita que se lo digan para saberse excluido...
Por supuesto, el discriminado se estrella con su condición cuando llega a una discoteca y no lo dejan entrar; y después de eso va a ser muy difícil que vote o le crea a Lourdes Flores, a Paniagua, o a Salinas. La discriminación se siente, es evidente.
¿Y es cada vez peor?
Difícil decirlo. Por ejemplo, estoy viendo las repeticiones de Ferrando, que resultan muy interesantes verlas con otros ojos, y si comparas eso con Laura Bozzo, te das cuenta de que se ha retrocedido. En el caso de Bozzo, no solo asistes a la imagen de un sector social muy denigrado, sino animalizado. Creo que Ferrando llegó a construir un universo en el que la gente se podía sentir medianamente retratada con un cierto humor, y al ponerle esa distancia les reservaba una cierta dignidad. En el caso de Bozzo, la discriminación es frontal, es brutal, sin ningún matiz.
¿Qué es lo que defiende o perpetúa esta conducta de la exclusión?
Básicamente, la experiencia del privilegio. Sentirte el elemento actuante y terminal de una tradición muy larga de 400 años, donde tú no has participado de un mundo de sujetos de derecho, sino de sujetos de privilegio. Esa situación de privilegio se traduce en el día a día. Por ejemplo, hace unas semanas se juntaron ocho vuelos en el aeropuerto a las 12 de la noche. Era una locura, había miles de personas esperando pasar por migración. En eso llegó una señora limeña típica, de esas regias, se paró y habló en voz muy alta: qué ridículo, no me he pasado ocho horas en un avión para pasarme seis en un aeropuerto. Y se metió y pasó.
Como si fuera dueña del mundo...
Es exactamente eso: el dominio de la realidad a partir de la noción de privilegio. Eso es lo que se defiende.
Y obviamente el que llegue alguien que no representa este privilegio al poder es terrible...
Es la peor amenaza. Ahora la pregunta es por qué, por ejemplo, una vez que Fujimori llegó al poder, ganándole a Vargas Llosa, cierta derecha se le plegó tan rápido. Yo tengo una hipótesis: a los peruanos les fascina el autoritarismo y Fujimori les vendió la idea de que él podía poner el orden que ellos reclamaban. Se convirtió en una especie de buen capataz de la hacienda, que anda con el látigo en la mano y hace el trabajo sucio que tú ni quieres ver...
Algo en lo que perfectamente podría convertirse Ollanta Humala.
Perfectamente, tiene todos los elementos. En primer lugar, porque lo primero que vehiculiza Humala es esa fascinación por el autoritarismo. Además, ya está coqueteando con la derecha, hay quienes lo están buscando
Y en ese escenario los que hoy le temen olvidarían los elementos radicales de su discurso...
Por supuesto. Como decíamos, el racismo en el Perú es muy plástico, se va adaptando. Fujimori tenía todos los elementos para no ser querido por la derecha y se convirtió en líder indiscutible de buena parte de ella.
Pero sin renegar de esa base popular que le dio su voto...
Es que su talento radica en saber darle gusto a la derecha a través de la pasividad del pueblo. Aparentemente ese perverso modelo es el más deseable, porque implica tranquilidad y orden, las cosas están en su lugar y nada se mueve.
Ahora, tú en tus viajes tienes el privilegio de ir a lugares donde no llega nadie. ¿La gente que conoces en estos sitios tan aislados ha enganchado con Humala? ¿Es cierto que el voto viene de ahí, de los absolutamente excluidos?
Creo que el voto de Humala viene de cierto tipo de excluidos del sur. No quiero hacer un juicio apresurado, pero tengo la impresión de que en sectores bajos del interior del país ahora es Humala, pero más tarde podrá ser quien les ofrezca algo elemental. Puede ser una bolsa de arroz o una carretera. Si no, no te explicas por qué ese caudal fujimorista ha pasado a Humala. Creo que no es guiado por un factor cultural ni político, sino por el factor del acomodo y la conveniencia derivados de la miseria.
Porque tienen la esperanza de recibir algo...
Pero ese algo es elementalísimo. El mayor destructor del partido político es la pobreza, es la marginación, es la exclusión, es la miseria. No hay que hacer un trabajo demasiado delicado para tirarte en contra de los partidos políticos tradicionales y ganarte a una masa en este país.
¿Por qué el tema de la exclusión y la discriminación no se discute, por qué solo se usa para el insulto?
Te contestaré como 'yuppie' tecnócrata: una de las cosas que no hay en el Perú -y creo que va a ser muy difícil que haya- es una visión compartida de desarrollo. Cada quien apunta a lo suyo. Por ejemplo, el empresario -que sin duda ha evolucionado- considera que está cumpliendo su responsabilidad con el país a partir de la generación de empleo. Ahí está su cuota. Más allá de eso no está dispuesto a conceder; por tanto, no hay ninguna voluntad de construir un poder democrático que tenga en cuenta, en similares condiciones, a aquella otra gente que es parte de su planilla y punto. Para muchos empresarios sus trabajadores son simplemente recursos. No hay una voluntad dialogante ni concertadora. Esa creo que es la consecuencia más grave de todo este asunto.
¿No hay puntos de encuentro?
Se pueden buscar, pero es bien complicado. Yo analizo, leo y pienso, y siempre llego a una conclusión elemental, cliché como ella sola: el problema está en la escuela, la educación. En el Perú uno mama la exclusión desde el momento en que entra o a una escuela pública o privada. Ahí, oficialmente, se legitima la diferencia. Ese es un elemento clarísimo de diferenciación muy primario que ya no tiene sutura. Puede que a lo largo de la vida haya puntos de coincidencia por intereses económicos, razones laborales o sociales, pero el sentido de la exclusión ya está sembrado.
¿Por qué hay tanto temor al otro?
Tengo la impresión de que estos fenómenos se dan en el Perú de una manera especialmente aguda, pero no tenemos el privilegio. En Chile, donde estuve hace poco, ante la ausencia de elementos de diferenciación gracias a la estabilidad económica han empezado a desempolvar títulos nobiliarios, es la última moda. Y bueno, no hablemos de los horrores europeos con los migrantes. En el fondo el sentido de la diferencia es muy fuerte. Creo que el temor al otro está dado por el horror a la pobreza, a la limitación de tu estándar de consumo.
¿Crees que en algún futuro lejano o cercano habrá posibilidad de integración?
Pienso que sí hay indicadores de que la integración es posible. Si vas a Arequipa, por ejemplo, y hablas con un arequipeño tradicional, te va a salir con el 'rollo' de que hace 25 años están invadidos por los puneños, que la informalidad y el Estado destruyeron el parque industrial que era ejemplar, que están en la miseria, etc. Sin embargo, vas al Saga de Arequipa, que tiene doce multicines, y resulta que no cabe un alfiler, porque es una ciudad repleta de consumidores.
¿De nuevos consumidores?
Claro, físicamente no se parecen en nada a ese señor que me dijo que Arequipa ya no existía. Ahí hay una democratización, por lo menos a partir del consumo. Lo mismo ocurre en los conos en Lima, o con la señora de Huanta que borda flores en las zapatillas y tiene que tratar con un comprador de Ripley. Ahí tenemos verdadera democracia, por lo menos desde un punto de partida elemental, cotidiano, diario.
...................... "Me molesta mucho encontrarme con la pituquería que me celebra a la China"
Una mirada al personaje más representantivo de la discriminación en el Perú
¿Tus columnas de La China te Cuenta que... han contribuido a que la gente se cuestione estas conductas de exclusión?
Yo tengo serias ambivalencias respecto de mi propio personaje, tengo sentimientos de amor y de odio. Sin embargo, sí creo que el humor, aun cuando irrite mucho, es una manera de oxigenar las cosas. Como el humor es juego y no es realidad, puedes atreverte a muchísimo. Ahora, debo confesarte que me molesta muchísimo encontrarme con la pituquería cuando me celebra el personaje. Me pongo de un humor horroroso y siempre que me ocurre, decido que es la última vez que escribo, que no va más
Porque te estás convirtiendo en el abanderado, en el ícono...
En ese aspecto creo que hay efectivamente un asunto de representatividad perversa. Gente que debería sentirse maltratada y es la que más lo celebra. ¡Santo Dios, quién entiende esto! Mario Ghibellini me dijo que eso se llamaba el síndrome Ferrando: adoras a quien te tortura. Cuando dejé de sacar la China por seis meses y me encontraba de casualidad con alguna señora muy pituca que me decía te puedo dar datos para tu columna, ahí sí que me ponía muy mal.
Porque te sientes cómplice...
Claro, de algo que no quiero. Pero a la misma vez hay muchísima gente que hace una lectura distinta, que es capaz de entender el espacio simbólico, que es capaz de diferenciar lo que es el estereotipo de lo que es la realidad.
¿Y los que te tildan de racista no entendieron nada?
Creo que no saben reírse, creo que no saben colocarse frente al personaje. Para empezar, yo no soy el personaje. Ahora también entiendo, no es fácil colocarse frente a la China Tudela.
Sobre todo si has sido víctima de eso de lo que ella se ríe.
Por supuesto. Ahora, salvo una vez que una señora de la comunidad judía me mandó una carta porque sintió que había una China Tudela antisemita -y es probable que la haya habido- no he recibido reclamo directo de ninguna persona que se haya sentido racialmente excluida por el personaje. Las protestas vienen de gente que siente que está representando a los sectores excluidos, ya sea que trabajen en una ONG o que sea la primera dama.
¿De dónde sacas tus 'tips' para la china?
Fíjate que lo que menos usa la China son 'tips'. Es más, yo estoy completamente desactualizado y no tengo ningún contacto con ese mundo pituco.
Pero les has pescado varias...
Bueno, copio cosas que salen en los medios, pero te juro que no ando cazando 'tips'. No me interesa.
Como Rafo León, ¿cómo te sientes frente a la oferta electoral, quién te representa?
Me cuesta mucho trabajo ubicarme frente a todo esto que está pasando. Yo no sé a cuántas personas les esté ocurriendo, pero para mí, cuya fuerza generacional mayor estuvo del lado de la izquierda, de la contestación y de la búsqueda de mundos alternativos, lo que estamos viviendo ahora es muy desconcertante y muy interesante. Es una suerte de reivindicación de ideales de hace 30 años...
Sí, pero ideales que corresponden a problemas aún vigentes, ojo. Por eso hay que estar luchando para no dejarte seducir por populismos como los de Humala.
LA FICHA
NOMBRE: Rafo León.
NACIMIENTO: Lima, 1950.
FORMACIÓN: Estudió Literatura y Lingüística en la PUCP.
TRAYECTORIA: Lleva 25 años como periodista, crítico y columnista en medios escritos. Es creador de personajes reconocidos como Caín y Abel, José del Salto Cadbury y la China Tudela Loveday.
PUBLICACIONES: "La China Tudela: Antología de sus crónicas", "Rutas secretas del Perú. The secret By-ways of Perú", "La China Tudela y la panaca real" y "Viajes de perro. Crónica de travesías y extravíos". Desde hace seis años conduce y dirige el programa "Tiempo de viaje".
El creador de la China Tudela Loveday tiene el convencimiento de que el rechazo entre peruanos se exacerba en elecciones
Entrevista a Rafo León
Por Patricia del Río
Una vez más, la contienda electoral saca la bandera del racismo como blanco de ataque entre los candidatos. Pocas personas tan autorizadas como Rafo León, creador de uno de los personajes que mejor refleja la discriminación en el Perú, para intentar explicar este fenómeno complejo que da cuenta de diferencias irreconciliables entre los peruanos.
El racismo es un tema que se pone en el tapete con cada proceso electoral. ¿Por qué?
Las elecciones son una oportunidad para enfrentarte al tema de la representación, es decir con qué candidato te sientes expresado, reflejado, o lo que estamos viendo ahora, qué candidato te permite odiar de manera legítima.
¿Y a quién o quiénes representa Humala?
Humala, en este momento, es un apellido que agrupa distintas variantes y concentra varios sectores: Antauro, decididamente, es el brazo lumpenesco; está el desquiciado de Ulises, que habla de decapitaciones y ejecuciones; y por supuesto, está Ollanta Humala que representa al cholo achorado militarote, alimeñado, que causa mucho miedo. El apellido Humala, entonces, concentra una serie de peligros que el 'establishment' limeño ve con verdadero espanto.
¿Cómo se refleja ese miedo?
Por ejemplo, estoy francamente impresionado de cómo cierta prensa escrita, televisada y radial, enfrenta el tema Humala. Creo que hay que aclarar la opción Humala, como hay que aclarar todas las demás, pero apertrecharse en un feudo social y reaccionar con paranoia es lo peor que puede pasar en este momento. No solamente porque se termina alimentando al candidato al que se recusa, sino porque ahondas las brechas que en este país son peligrosísimas, y que puede tener una salida muy seria y muy violenta. Esa reacción de la prensa, básicamente joven, me parece sumamente irresponsable.
¿Somos un país muy racista, polarizado?
El racismo en el Perú definitivamente existe. Tenemos datos concretos, dados por el Indecopi, sobre multas a discotecas por discriminación racial, o las terribles cifras del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, así que es un hecho innegable.
¿Más allá de los insultos durante las elecciones, cómo se expresa diariamente?
El comportamiento del racismo en el Perú es muy plástico, es adaptativo. No vivimos en un 'apartheid' con reglas de exclusión establecidas; la discriminación es más bien sutil, pero sumada a ciertas condiciones económicas y a determinadas ideas, configura un fenómeno de exclusión mucho más complejo, que va más allá de lo racial.
Un buen ejemplo de esa conducta discriminadora...
El caso de Toledo, por ejemplo. A él no se le ha perdonado una, por el hecho de ser como es. No solo genera ese rechazo por sus rasgos físicos, sino también por su pertenencia a un patrón de conducta que es considerado bien cholo: no puede ocultar su arribismo, se engolosina en el poder, apenas se le da una oportunidad de codearse con una personalidad enloquece. Creo que eso es lo que la pituquería no admite y no le perdona a Toledo ni al empresario exitoso con el que tienen que convivir en su playa.
Como diría la China Tudela, no le perdonan la osadía de querer ser parte de la GCU (Gente Como Uno).
Claro. ¿Quién es este agentado?, dicen algunas personas, y si bien se trata de una expresión horrorosa, se utiliza, y ese tipo de expresiones, de las que hay muchas, son un reflejo de esa discriminación. A Toledo justamente se le ha atacado tanto porque tiene el síntoma físico del prototipo del cholo, pero también el social.
Lo que demuestra que los problemas de discriminación y exclusión abarcan muchos aspectos complejos... Efectivamente, si nos quedamos simplemente en la evidencia física de la raza no podremos entender nada de lo que está ocurriendo actualmente en el Perú. Por ejemplo, podrá parecer frívolo, pero una tiranía evidente es la cultura del buen gusto. Ese es uno de los elementos de mayor exclusión, por lo menos en Lima. Existen reglas no escritas, tácitas, sobre lo que son el buen y el mal gusto, que se ejercen día a día en ciertos sectores sociales altos, y que constituyen barreras de discriminación absolutamente contundentes.
¿Cuáles son esas reglas?
Creo que nadie sabría formularlas con mucha claridad. Lo más revelador que he leído sobre eso fue un e-mail que circuló hace cinco años por toda Lima: el famoso Cholómetro. Se trataba de una tabla de supuestos comportamientos del patrón cholo. Si te sacabas un puntaje alto, debías pensar seriamente en que algo andaba mal contigo
Pero hasta cierto punto es natural que ciertas cosas te parezcan de mal gusto...
Ciertamente, a mí me produce escalofrío cuando las personas aplauden porque aterriza el avión, o me espanta pensar que mi vecino va a sacar los parlantes y el cajón de cerveza y va a armar una fiesta en el pasillo... Eso es de bastante mal gusto, pero yo también me pregunto cuánto de mal gusto hay en las cirugías plásticas de la pituquería que hace que todas las mujeres se vean exactas y crean que son diferentes... Esa burda manera de apegarse a lo físico es de pésimo gusto, como lo es decorar tu casa bajo los principios del feng shui para que el marido se coquee en el sillón.
Se trata de una discriminación más encubierta...
Sobre todo más sutil. Con todo, la derecha y la pituquería tienen cierta sutileza para expresar esta exclusión. Isaac Humala, por ejemplo, no tiene ninguna. Él declara, abiertamente, que solo les dará ciudadanía a los cobrizos y punto. La derecha no va a ser nunca así de clara
¿Porque es políticamente incorrecto, porque la discriminación es inconsciente? ¿A qué responde la sutileza?
Hay cierta conciencia de que estas cosas no se pueden decir en público, salvo la China Tudela, por supuesto, así que estas expresiones se quedan en el ámbito de la conversación privada, se escuchan en circuitos muy cerrados donde se permite muchísimo.
Ahora, el discriminado no necesita que se lo digan para saberse excluido...
Por supuesto, el discriminado se estrella con su condición cuando llega a una discoteca y no lo dejan entrar; y después de eso va a ser muy difícil que vote o le crea a Lourdes Flores, a Paniagua, o a Salinas. La discriminación se siente, es evidente.
¿Y es cada vez peor?
Difícil decirlo. Por ejemplo, estoy viendo las repeticiones de Ferrando, que resultan muy interesantes verlas con otros ojos, y si comparas eso con Laura Bozzo, te das cuenta de que se ha retrocedido. En el caso de Bozzo, no solo asistes a la imagen de un sector social muy denigrado, sino animalizado. Creo que Ferrando llegó a construir un universo en el que la gente se podía sentir medianamente retratada con un cierto humor, y al ponerle esa distancia les reservaba una cierta dignidad. En el caso de Bozzo, la discriminación es frontal, es brutal, sin ningún matiz.
¿Qué es lo que defiende o perpetúa esta conducta de la exclusión?
Básicamente, la experiencia del privilegio. Sentirte el elemento actuante y terminal de una tradición muy larga de 400 años, donde tú no has participado de un mundo de sujetos de derecho, sino de sujetos de privilegio. Esa situación de privilegio se traduce en el día a día. Por ejemplo, hace unas semanas se juntaron ocho vuelos en el aeropuerto a las 12 de la noche. Era una locura, había miles de personas esperando pasar por migración. En eso llegó una señora limeña típica, de esas regias, se paró y habló en voz muy alta: qué ridículo, no me he pasado ocho horas en un avión para pasarme seis en un aeropuerto. Y se metió y pasó.
Como si fuera dueña del mundo...
Es exactamente eso: el dominio de la realidad a partir de la noción de privilegio. Eso es lo que se defiende.
Y obviamente el que llegue alguien que no representa este privilegio al poder es terrible...
Es la peor amenaza. Ahora la pregunta es por qué, por ejemplo, una vez que Fujimori llegó al poder, ganándole a Vargas Llosa, cierta derecha se le plegó tan rápido. Yo tengo una hipótesis: a los peruanos les fascina el autoritarismo y Fujimori les vendió la idea de que él podía poner el orden que ellos reclamaban. Se convirtió en una especie de buen capataz de la hacienda, que anda con el látigo en la mano y hace el trabajo sucio que tú ni quieres ver...
Algo en lo que perfectamente podría convertirse Ollanta Humala.
Perfectamente, tiene todos los elementos. En primer lugar, porque lo primero que vehiculiza Humala es esa fascinación por el autoritarismo. Además, ya está coqueteando con la derecha, hay quienes lo están buscando
Y en ese escenario los que hoy le temen olvidarían los elementos radicales de su discurso...
Por supuesto. Como decíamos, el racismo en el Perú es muy plástico, se va adaptando. Fujimori tenía todos los elementos para no ser querido por la derecha y se convirtió en líder indiscutible de buena parte de ella.
Pero sin renegar de esa base popular que le dio su voto...
Es que su talento radica en saber darle gusto a la derecha a través de la pasividad del pueblo. Aparentemente ese perverso modelo es el más deseable, porque implica tranquilidad y orden, las cosas están en su lugar y nada se mueve.
Ahora, tú en tus viajes tienes el privilegio de ir a lugares donde no llega nadie. ¿La gente que conoces en estos sitios tan aislados ha enganchado con Humala? ¿Es cierto que el voto viene de ahí, de los absolutamente excluidos?
Creo que el voto de Humala viene de cierto tipo de excluidos del sur. No quiero hacer un juicio apresurado, pero tengo la impresión de que en sectores bajos del interior del país ahora es Humala, pero más tarde podrá ser quien les ofrezca algo elemental. Puede ser una bolsa de arroz o una carretera. Si no, no te explicas por qué ese caudal fujimorista ha pasado a Humala. Creo que no es guiado por un factor cultural ni político, sino por el factor del acomodo y la conveniencia derivados de la miseria.
Porque tienen la esperanza de recibir algo...
Pero ese algo es elementalísimo. El mayor destructor del partido político es la pobreza, es la marginación, es la exclusión, es la miseria. No hay que hacer un trabajo demasiado delicado para tirarte en contra de los partidos políticos tradicionales y ganarte a una masa en este país.
¿Por qué el tema de la exclusión y la discriminación no se discute, por qué solo se usa para el insulto?
Te contestaré como 'yuppie' tecnócrata: una de las cosas que no hay en el Perú -y creo que va a ser muy difícil que haya- es una visión compartida de desarrollo. Cada quien apunta a lo suyo. Por ejemplo, el empresario -que sin duda ha evolucionado- considera que está cumpliendo su responsabilidad con el país a partir de la generación de empleo. Ahí está su cuota. Más allá de eso no está dispuesto a conceder; por tanto, no hay ninguna voluntad de construir un poder democrático que tenga en cuenta, en similares condiciones, a aquella otra gente que es parte de su planilla y punto. Para muchos empresarios sus trabajadores son simplemente recursos. No hay una voluntad dialogante ni concertadora. Esa creo que es la consecuencia más grave de todo este asunto.
¿No hay puntos de encuentro?
Se pueden buscar, pero es bien complicado. Yo analizo, leo y pienso, y siempre llego a una conclusión elemental, cliché como ella sola: el problema está en la escuela, la educación. En el Perú uno mama la exclusión desde el momento en que entra o a una escuela pública o privada. Ahí, oficialmente, se legitima la diferencia. Ese es un elemento clarísimo de diferenciación muy primario que ya no tiene sutura. Puede que a lo largo de la vida haya puntos de coincidencia por intereses económicos, razones laborales o sociales, pero el sentido de la exclusión ya está sembrado.
¿Por qué hay tanto temor al otro?
Tengo la impresión de que estos fenómenos se dan en el Perú de una manera especialmente aguda, pero no tenemos el privilegio. En Chile, donde estuve hace poco, ante la ausencia de elementos de diferenciación gracias a la estabilidad económica han empezado a desempolvar títulos nobiliarios, es la última moda. Y bueno, no hablemos de los horrores europeos con los migrantes. En el fondo el sentido de la diferencia es muy fuerte. Creo que el temor al otro está dado por el horror a la pobreza, a la limitación de tu estándar de consumo.
¿Crees que en algún futuro lejano o cercano habrá posibilidad de integración?
Pienso que sí hay indicadores de que la integración es posible. Si vas a Arequipa, por ejemplo, y hablas con un arequipeño tradicional, te va a salir con el 'rollo' de que hace 25 años están invadidos por los puneños, que la informalidad y el Estado destruyeron el parque industrial que era ejemplar, que están en la miseria, etc. Sin embargo, vas al Saga de Arequipa, que tiene doce multicines, y resulta que no cabe un alfiler, porque es una ciudad repleta de consumidores.
¿De nuevos consumidores?
Claro, físicamente no se parecen en nada a ese señor que me dijo que Arequipa ya no existía. Ahí hay una democratización, por lo menos a partir del consumo. Lo mismo ocurre en los conos en Lima, o con la señora de Huanta que borda flores en las zapatillas y tiene que tratar con un comprador de Ripley. Ahí tenemos verdadera democracia, por lo menos desde un punto de partida elemental, cotidiano, diario.
......................
Una mirada al personaje más representantivo de la discriminación en el Perú
¿Tus columnas de La China te Cuenta que... han contribuido a que la gente se cuestione estas conductas de exclusión?
Yo tengo serias ambivalencias respecto de mi propio personaje, tengo sentimientos de amor y de odio. Sin embargo, sí creo que el humor, aun cuando irrite mucho, es una manera de oxigenar las cosas. Como el humor es juego y no es realidad, puedes atreverte a muchísimo. Ahora, debo confesarte que me molesta muchísimo encontrarme con la pituquería cuando me celebra el personaje. Me pongo de un humor horroroso y siempre que me ocurre, decido que es la última vez que escribo, que no va más
Porque te estás convirtiendo en el abanderado, en el ícono...
En ese aspecto creo que hay efectivamente un asunto de representatividad perversa. Gente que debería sentirse maltratada y es la que más lo celebra. ¡Santo Dios, quién entiende esto! Mario Ghibellini me dijo que eso se llamaba el síndrome Ferrando: adoras a quien te tortura. Cuando dejé de sacar la China por seis meses y me encontraba de casualidad con alguna señora muy pituca que me decía te puedo dar datos para tu columna, ahí sí que me ponía muy mal.
Porque te sientes cómplice...
Claro, de algo que no quiero. Pero a la misma vez hay muchísima gente que hace una lectura distinta, que es capaz de entender el espacio simbólico, que es capaz de diferenciar lo que es el estereotipo de lo que es la realidad.
¿Y los que te tildan de racista no entendieron nada?
Creo que no saben reírse, creo que no saben colocarse frente al personaje. Para empezar, yo no soy el personaje. Ahora también entiendo, no es fácil colocarse frente a la China Tudela.
Sobre todo si has sido víctima de eso de lo que ella se ríe.
Por supuesto. Ahora, salvo una vez que una señora de la comunidad judía me mandó una carta porque sintió que había una China Tudela antisemita -y es probable que la haya habido- no he recibido reclamo directo de ninguna persona que se haya sentido racialmente excluida por el personaje. Las protestas vienen de gente que siente que está representando a los sectores excluidos, ya sea que trabajen en una ONG o que sea la primera dama.
¿De dónde sacas tus 'tips' para la china?
Fíjate que lo que menos usa la China son 'tips'. Es más, yo estoy completamente desactualizado y no tengo ningún contacto con ese mundo pituco.
Pero les has pescado varias...
Bueno, copio cosas que salen en los medios, pero te juro que no ando cazando 'tips'. No me interesa.
Como Rafo León, ¿cómo te sientes frente a la oferta electoral, quién te representa?
Me cuesta mucho trabajo ubicarme frente a todo esto que está pasando. Yo no sé a cuántas personas les esté ocurriendo, pero para mí, cuya fuerza generacional mayor estuvo del lado de la izquierda, de la contestación y de la búsqueda de mundos alternativos, lo que estamos viviendo ahora es muy desconcertante y muy interesante. Es una suerte de reivindicación de ideales de hace 30 años...
Sí, pero ideales que corresponden a problemas aún vigentes, ojo. Por eso hay que estar luchando para no dejarte seducir por populismos como los de Humala.
LA FICHA
NOMBRE: Rafo León.
NACIMIENTO: Lima, 1950.
FORMACIÓN: Estudió Literatura y Lingüística en la PUCP.
TRAYECTORIA: Lleva 25 años como periodista, crítico y columnista en medios escritos. Es creador de personajes reconocidos como Caín y Abel, José del Salto Cadbury y la China Tudela Loveday.
PUBLICACIONES: "La China Tudela: Antología de sus crónicas", "Rutas secretas del Perú. The secret By-ways of Perú", "La China Tudela y la panaca real" y "Viajes de perro. Crónica de travesías y extravíos". Desde hace seis años conduce y dirige el programa "Tiempo de viaje".
Sunday, January 15, 2006
Hotel hotel de poesía
Inquisiciones
Hotel hotel de poesía
Abelardo Oquendo
Estruendomudo es una editorial audazmente interesada en lanzar óperas primas y autores desconocidos. Tras explorar con éxito literario (ignoramos si comercial) la nueva narrativa peruana, se atrevió a incursionar en la poesía y creó para ella la colección hotel hotel.
Al revés de su serie de narrativa, Estruendomudo eligió para inaugurar hotel hotel dos nombres con antecedentes: el de Luis Fernando Chueca, autor de tres poemarios previos, y el de una poeta también con tres libros anteriores: Victoria Guerrero. Pero decir ‘al revés’ no ha sido lo más propio porque no se ha saltado de escritores que se inician a otros que forman ya parte del establecimiento literario, desde que no es este el caso de Guerrero ni de Chueca, jóvenes ambos. En hotel hotel han aparecido Contemplación de los cuerpos, de Chueca, libro que ha logrado la atención de la crítica periodística, una atención mayor que Ya nadie incendia el mundo, de Victoria Guerrero, no obstante ser este un poema infrecuente no solo por su extensión –ocupa todo el libro- sino por su intensidad.
Finalizando el año, hotel hotel acogió a dos poetas noveles, estudiantes aún y sin historia. Tanto es así que los presenta de este modo: “Rafael Robles Olivos (Lima, 1982) estudia ciencias de la comunicación (...). Anteriormente estudió derecho (...) pero se aburrió un poco. Ahora duerme bastante, es arquero los domingos y trata de manejar su adicción a la internet”. De José Miguel Herbozo (Lima, 1984) dice que estudia literatura y “perteneció a la revista Hoguera de silencios. Crítico, salserólogo, poeta. No ha publicado ningún libro. Fríe truchas. Aún sufre de nostalgia por el Ciclista Lima.”
El poemario de Robles se llama Buena suerte Peter Parker y es impúdico y alegre. Tiene poemas como este: “El Hombre Araña se tiró a la chica que ya no me quería./ No quiero imaginarlo / pero es imposible cambiar de sitio la mirada. // Desde el día que ella lo contó / nunca más usé relojes que sirvieran. / Solo me preocupo de guardar los cuchillos afilados / y la agenda telefónica vacía.”
El libro de Herbozo se titula Catedral y la poesía que trae no frecuenta los lugares ni las formas habituales. Véase este poema denominado “Despojos”: “El ojo obnubilado. // Amainado el cuerpo / perturbado por la óptica corrupta // espacio inocuo que acaricia el cristalino / y la pupila // pero también la retina / -cinta que nunca principia-; // allí donde el ojo reposa / la sensación de ausencia / la luz no refinada // escalera en que la luz tan uniforme / le dice al ojo gracias // ahora la ceguera dilucida tu ventana: // agujero de negro que todo lo recibes en silencio, // también el abismo se humedece / por fuera.”
Bastante más que truchas fritas puede esperarse de Herbozo.
Hotel hotel de poesía
Abelardo Oquendo
Estruendomudo es una editorial audazmente interesada en lanzar óperas primas y autores desconocidos. Tras explorar con éxito literario (ignoramos si comercial) la nueva narrativa peruana, se atrevió a incursionar en la poesía y creó para ella la colección hotel hotel.
Al revés de su serie de narrativa, Estruendomudo eligió para inaugurar hotel hotel dos nombres con antecedentes: el de Luis Fernando Chueca, autor de tres poemarios previos, y el de una poeta también con tres libros anteriores: Victoria Guerrero. Pero decir ‘al revés’ no ha sido lo más propio porque no se ha saltado de escritores que se inician a otros que forman ya parte del establecimiento literario, desde que no es este el caso de Guerrero ni de Chueca, jóvenes ambos. En hotel hotel han aparecido Contemplación de los cuerpos, de Chueca, libro que ha logrado la atención de la crítica periodística, una atención mayor que Ya nadie incendia el mundo, de Victoria Guerrero, no obstante ser este un poema infrecuente no solo por su extensión –ocupa todo el libro- sino por su intensidad.
Finalizando el año, hotel hotel acogió a dos poetas noveles, estudiantes aún y sin historia. Tanto es así que los presenta de este modo: “Rafael Robles Olivos (Lima, 1982) estudia ciencias de la comunicación (...). Anteriormente estudió derecho (...) pero se aburrió un poco. Ahora duerme bastante, es arquero los domingos y trata de manejar su adicción a la internet”. De José Miguel Herbozo (Lima, 1984) dice que estudia literatura y “perteneció a la revista Hoguera de silencios. Crítico, salserólogo, poeta. No ha publicado ningún libro. Fríe truchas. Aún sufre de nostalgia por el Ciclista Lima.”
El poemario de Robles se llama Buena suerte Peter Parker y es impúdico y alegre. Tiene poemas como este: “El Hombre Araña se tiró a la chica que ya no me quería./ No quiero imaginarlo / pero es imposible cambiar de sitio la mirada. // Desde el día que ella lo contó / nunca más usé relojes que sirvieran. / Solo me preocupo de guardar los cuchillos afilados / y la agenda telefónica vacía.”
El libro de Herbozo se titula Catedral y la poesía que trae no frecuenta los lugares ni las formas habituales. Véase este poema denominado “Despojos”: “El ojo obnubilado. // Amainado el cuerpo / perturbado por la óptica corrupta // espacio inocuo que acaricia el cristalino / y la pupila // pero también la retina / -cinta que nunca principia-; // allí donde el ojo reposa / la sensación de ausencia / la luz no refinada // escalera en que la luz tan uniforme / le dice al ojo gracias // ahora la ceguera dilucida tu ventana: // agujero de negro que todo lo recibes en silencio, // también el abismo se humedece / por fuera.”
Bastante más que truchas fritas puede esperarse de Herbozo.
Memorial de Casa Grande
Memorial de Casa Grande
SAGA FAMILIAR EN VERSO • El escritor Rodolfo Hinostroza evoca en reciente poemario la historia de varias generaciones de sus ancestros.• El siglo XX peruano desde la perspectiva de una familia de clase media.
Por Javier Ágreda
Más de 30 años después de la publicación de su último poemario –Contra natura (1971)–Rodolfo Hinostroza nos entrega en Memorial de Casa Grande (Lustra, 2005) un conjunto de cinco poemas que narran la historia de las más recientes generaciones de su familia. La de sus ancashinos tíos-abuelos paternos en “Los tíos de Huaraz” y “Las bodas de la tía Luchita”; la de sus abuelos maternos y tíos limeños en “Los hijos de Clausen”; y la de su padre en “Los huesos de mi padre”. Por último, el escritor reflexiona acerca de su propia existencia (“viviendo tantas vidas como ancestros”) y muerte en el poema “Con el sol en los órganos”.
Si bien la obra de Hinostroza, como casi toda la poesía de la generación del 60, se ha caracterizado por incluir elementos narrativos, esta vez estos elementos se vuelven dominantes, dejando fuera las alusiones intertextuales y las reflexiones metaliterarias de la poesía hinostroziana. Además, se abandona todo tipo de retórica y métrica por un lenguaje oral y coloquial: “Mi madre Gloria era/ la chica linda del Callejón del Buque/ de bajoelpuente, en el jirón Trujillo, manyas primo”. El resultado remite a esa tradición de poesía en español que va desde los romances hasta los corridos mexicanos, recreados en uno de estos poemas: “Loco de rabia asesina/ el tal chileno culeo/ se enfrentó con su entenao...”.
Fue el crítico español Fernando de Diego quien motivó a Hinostroza –al pedirle algunas páginas sobre el pasado de su familia– a escribir estos poemas. De Diego destaca, en el prólogo, el valor testimonial de este Memorial que recorre el siglo XX peruano a partir de los avatares de dos familias de diferente origen pero de la misma clase media. Las crisis económicas, la migración, el retrato de la Lima “que se fue”, las injusticias raciales y de género, aparecen en estas páginas ligadas a ciertos aspectos de la cultura popular. De ahí las diferentes menciones fílmicas, culinarias y musicales: “Celia Cruz la cubana/ con la Sonora Matancera desde luego/ que venía para el carnaval de Barranco...”.
Por supuesto, los seguidores de la poesía de Hinostroza se preguntarán si ese valor testimonial justifica la renuncia al complejo y rico universo de Consejero del lobo (1965) y Contra natura; a esa poesía desarrollada a partir de la provechosa lectura de Saint-John Perse, Pound, Eliot y Shakespeare. Demasiadas renuncias solo para incursionar en territorios poéticos bastante transitados, pues en el Perú contamos ya con una serie de testimonios similares, y hasta de una mayor diversidad cultural, que se inician con la obra fundadora de Leoncio Bueno (Trujillo,1921) y abarcan hasta libros de autores de promociones recientes como Casa de familia (1995) de Selenco Vega.
Cosas del lenguaje
“Antes mi poesía era acusada de hermética, difícil, bastante barroca...” ha dicho el poeta en entrevista reciente, “...entonces me he propuesto simplificarla. He hecho una cosa más sencilla, con un lenguaje corriente”. A pesar de este propósito, su entusiasmo por el lenguaje “corriente” no parece ser mayor que su vocación barroca, y en “Con el sol en los órganos”, el poema final del libro, el verso endecasílabo, el más prestigioso de la literatura en español, se vuele dominante. Y con él comienzan a sentirse ciertas resonancias gongorinas: “El mar al borde de la carretera/ con su lonja de sol que reverbera...”.
Perfil
NACIMIENTO. Lima, 1941.
POEMARIOS. Consejero del lobo (1965), Contra natura (1971), Poemas reunidos (1986).
NARRATIVA Y TEATRO. Aprendizaje de la limpieza (1978), Fata Morgana (1994), Apocalipsis de una noche de verano (1986), Cuentos de extremo occidente (2002).
SAGA FAMILIAR EN VERSO • El escritor Rodolfo Hinostroza evoca en reciente poemario la historia de varias generaciones de sus ancestros.• El siglo XX peruano desde la perspectiva de una familia de clase media.
Por Javier Ágreda
Más de 30 años después de la publicación de su último poemario –Contra natura (1971)–Rodolfo Hinostroza nos entrega en Memorial de Casa Grande (Lustra, 2005) un conjunto de cinco poemas que narran la historia de las más recientes generaciones de su familia. La de sus ancashinos tíos-abuelos paternos en “Los tíos de Huaraz” y “Las bodas de la tía Luchita”; la de sus abuelos maternos y tíos limeños en “Los hijos de Clausen”; y la de su padre en “Los huesos de mi padre”. Por último, el escritor reflexiona acerca de su propia existencia (“viviendo tantas vidas como ancestros”) y muerte en el poema “Con el sol en los órganos”.
Si bien la obra de Hinostroza, como casi toda la poesía de la generación del 60, se ha caracterizado por incluir elementos narrativos, esta vez estos elementos se vuelven dominantes, dejando fuera las alusiones intertextuales y las reflexiones metaliterarias de la poesía hinostroziana. Además, se abandona todo tipo de retórica y métrica por un lenguaje oral y coloquial: “Mi madre Gloria era/ la chica linda del Callejón del Buque/ de bajoelpuente, en el jirón Trujillo, manyas primo”. El resultado remite a esa tradición de poesía en español que va desde los romances hasta los corridos mexicanos, recreados en uno de estos poemas: “Loco de rabia asesina/ el tal chileno culeo/ se enfrentó con su entenao...”.
Fue el crítico español Fernando de Diego quien motivó a Hinostroza –al pedirle algunas páginas sobre el pasado de su familia– a escribir estos poemas. De Diego destaca, en el prólogo, el valor testimonial de este Memorial que recorre el siglo XX peruano a partir de los avatares de dos familias de diferente origen pero de la misma clase media. Las crisis económicas, la migración, el retrato de la Lima “que se fue”, las injusticias raciales y de género, aparecen en estas páginas ligadas a ciertos aspectos de la cultura popular. De ahí las diferentes menciones fílmicas, culinarias y musicales: “Celia Cruz la cubana/ con la Sonora Matancera desde luego/ que venía para el carnaval de Barranco...”.
Por supuesto, los seguidores de la poesía de Hinostroza se preguntarán si ese valor testimonial justifica la renuncia al complejo y rico universo de Consejero del lobo (1965) y Contra natura; a esa poesía desarrollada a partir de la provechosa lectura de Saint-John Perse, Pound, Eliot y Shakespeare. Demasiadas renuncias solo para incursionar en territorios poéticos bastante transitados, pues en el Perú contamos ya con una serie de testimonios similares, y hasta de una mayor diversidad cultural, que se inician con la obra fundadora de Leoncio Bueno (Trujillo,1921) y abarcan hasta libros de autores de promociones recientes como Casa de familia (1995) de Selenco Vega.
Cosas del lenguaje
“Antes mi poesía era acusada de hermética, difícil, bastante barroca...” ha dicho el poeta en entrevista reciente, “...entonces me he propuesto simplificarla. He hecho una cosa más sencilla, con un lenguaje corriente”. A pesar de este propósito, su entusiasmo por el lenguaje “corriente” no parece ser mayor que su vocación barroca, y en “Con el sol en los órganos”, el poema final del libro, el verso endecasílabo, el más prestigioso de la literatura en español, se vuele dominante. Y con él comienzan a sentirse ciertas resonancias gongorinas: “El mar al borde de la carretera/ con su lonja de sol que reverbera...”.
Perfil
NACIMIENTO. Lima, 1941.
POEMARIOS. Consejero del lobo (1965), Contra natura (1971), Poemas reunidos (1986).
NARRATIVA Y TEATRO. Aprendizaje de la limpieza (1978), Fata Morgana (1994), Apocalipsis de una noche de verano (1986), Cuentos de extremo occidente (2002).
Wednesday, January 11, 2006
La élite que se perdió el país
Notas al margen
Por Luis Pásara
La élite que se perdió el país
El desencuentro entre la sociedad peruana real y un grupo generacional con vocación pública mantiene la carencia histórica de dirigencia en el país.
Una de las explicaciones más importantes acerca del estado del país es su carencia crónica de una clase dirigente. Esta ausencia nos diferenció de la Argentina de hace mucho y nos ha distanciado de Chile desde el siglo XIX hasta la fecha. El Perú no ha logrado que en él se implante un grupo con visión de futuro y con capacidad de gestión para llevarlo por una senda definida y viable.
Acaso cuando más cerca se estuvo de eso fue entre los años veinte y treinta del siglo XX pero, ya entonces, se hicieron evidentes las dificultades que dejaron al país en manos de gentes improvisadas, atentas sólo a intereses de parte y de corto alcance. Que, cuando no buscaron su propio enriquecimiento, se limitaron a administrar nuestro subdesarrollo, provistos de la grandeza necesaria para ensanchar los limites de lo posible.
En el ambiente creado por el proyecto fracasado de Velasco Alvarado, se empezó a gestar un grupo generacional que hizo su aprendizaje político en la izquierda y que posteriormente se recicló, en varios sentidos. Muchos de sus miembros han sumado a sus calidades profesionales e intelectuales, capacidades de gestión, de producción y de conducción. Unos lo han hecho en grupos de trabajo profesional; otros han desarrollado las llamadas ONG; y, en los últimos años, algunos se desempeñaron en cargos públicos en los que mostraron talento y competencia.
Incluso, unos pocos han vuelto al país, luego de trabajar fuera por un tiempo. Probablemente, otros más retornarían en algún momento si vieran que en el Perú se les abre un espacio para ejercer su vocación pública. Pero, hasta donde puede avizorarse, tal eventualidad es sumamente improbable.
Hace algunas semanas, un distinguido miembro de esa elite sin implantación me confesaba en Lima la angustia que le genera el panorama electoral. Siendo él mismo alguien que no ha tenido militancia política ni alberga ambición personal alguna, según me consta, su preocupación no provenía del hecho de que una candidata de ese sector, Susana Villarán, no lograse siquiera aparecer en las encuestas. El tono desesperado de su voz tenía que ver con el probable dilema de tener que optar, como ciudadano, entre Lourdes Flores y Ollanta Humala.
El episodio ilustra la condición desgajada de esta élite que se ha perdido el país. Es un grupo que no se halla hoy reunido en torno a algún partido o líder pero que, mucho mas grave que eso, no parece encontrar un lugar donde ubicar su posible contribución pública. De hecho, una parte significativa de ellos ya ha optado por el repliegue al trabajo profesional.
La dificultad no reside, pues, en carecer de emplazamiento partidario. El problema de fondo consiste en que esta élite no tiene anclaje social. Pese a los valores de los que son portadores, sus miembros - hoy entre los 40 y 55 años de dad, aproximadamente, maduros en los varios sentidos de la expresión - no corresponden o no expresan a un sector social importante del país.
No pueden, pues, insertarse como elite. Cumplen los requisitos personales pero no tienen los vínculos con la sociedad que les permitirían desempeñar ese papel. Ciertamente, la ausencia o la debilidad de este nexo es un problema que no es sólo de ellos sino del país mismo.
El grueso del país ignora o desprecia a quienes tienen capacidades para formar una élite. O sospecha de ellos, como es el caso de la mayoría de los empresarios, demasiado conservadores o vastos para entender el rol que cabe desempeñar a quien piensa sobre algo distinto a hacer dinero. Carentes de una decisión de largo plazo y de un compromiso con el desarrollo de la nación, a la mayor parte de quienes hacen negocios en el Perú les basta con la ganancia. Lo demás estorba, aunque se ponga así de lado las posibilidades de contar con un país viable, en el cual el inversionista pueda incrementar beneficios.
Quizá la ceguera empresarial importe más debido al peso que este sector tiene en el juego del poder. Pero no es mejor la visión predominante en otros sectores. Las iglesias oscilan entre el conservadurismo y la mediocridad. Los militares, una vez liquidadas las inquietudes revolucionarias de hace mas de tres décadas, apenas atinan a defender porfiadamente las ventajas de sus fueros y ahora pretenden, con desfachatez, que se amnistíen sus crímenes. Y así sucesivamente.
Como si estuviéramos en plena Guerra Fría o en la España franquista, en el gabinete ministerial hay quien todavía hoy se refiere a algunos ex ministros del gobierno actual como "los rojos". Hasta ese punto se halla torpemente ideologizada la visión de las cosas en el país oficial que, radicalmente incapaz de aprender la lección que debieron asimilar con la guerra de Sendero Luminoso, hoy sólo reacciona con torpezas frente al rebrote subversivo.
Entretanto, el país real se halla dividido entre el atraso que viste de pobreza a la mitad de la población y el avance de un sector que se abre paso, haciendo dinero y escalando socialmente. Ni uno ni otros son conscientes de que el país requiere una élite para salir adelante.
Los sectores más pobres prefirieron –y probablemente prefieren– atribuir el papel de redentor a un líder fuerte que, como Fujimori, les arroje algunas migajas. Prevalece entre ellos la sicología del mendigo, que no se cree capaz de salir adelante y se halla a la espera de que la compasión de los que mandan le depare alguna mejora.
A los sectores venidos a más lo público parece tenerlos sin cuidado. Que los dejen hacer lo suyo –que es el billete– y, en consecuencia, alcanzar mejores condiciones de vida para quienes integran su entorno. Una cabeza dirigente para el país no está en sus planes. El estado, que sería uno de los centros de actuación de esa cabeza, parece ser visto, más bien, como una amenaza y no como un recurso que podría facilitar la expansión de este sector emergente.
Quienes avanzan, hoy en el Perú, embisten sin dirección global. Esto es, cada quien trata de moverse, lo más rápido que pueda, en el carril que tiene o cree tener. No se es consciente de que en la medida en que no avancen todos, el ascenso de algunos durará poco. Quizá algunos lo saben pero no les importa, porque sus planes están en otro lugar.
De una u otra manera, el país no está interesado en darse una élite que contribuya a conferirle dirección y perspectiva. Así, avanzando a trompezones, el Perú se dirige ahora a otra elección ruletera en la que puede salir elegido ésta o aquél, debido a razones de imagen. Pero, sin una élite que encare con capacidad los problemas del país, difícilmente podrá cambiar algo de fondo a partir del 28 de julio. Afrontemos el hecho de que el problema no sólo reside en una pobrísima oferta política. Se ha llegado al punto en el que tampoco hay una demanda social de una auténtica élite dirigente.
Por Luis Pásara
La élite que se perdió el país
El desencuentro entre la sociedad peruana real y un grupo generacional con vocación pública mantiene la carencia histórica de dirigencia en el país.
Una de las explicaciones más importantes acerca del estado del país es su carencia crónica de una clase dirigente. Esta ausencia nos diferenció de la Argentina de hace mucho y nos ha distanciado de Chile desde el siglo XIX hasta la fecha. El Perú no ha logrado que en él se implante un grupo con visión de futuro y con capacidad de gestión para llevarlo por una senda definida y viable.
Acaso cuando más cerca se estuvo de eso fue entre los años veinte y treinta del siglo XX pero, ya entonces, se hicieron evidentes las dificultades que dejaron al país en manos de gentes improvisadas, atentas sólo a intereses de parte y de corto alcance. Que, cuando no buscaron su propio enriquecimiento, se limitaron a administrar nuestro subdesarrollo, provistos de la grandeza necesaria para ensanchar los limites de lo posible.
En el ambiente creado por el proyecto fracasado de Velasco Alvarado, se empezó a gestar un grupo generacional que hizo su aprendizaje político en la izquierda y que posteriormente se recicló, en varios sentidos. Muchos de sus miembros han sumado a sus calidades profesionales e intelectuales, capacidades de gestión, de producción y de conducción. Unos lo han hecho en grupos de trabajo profesional; otros han desarrollado las llamadas ONG; y, en los últimos años, algunos se desempeñaron en cargos públicos en los que mostraron talento y competencia.
Incluso, unos pocos han vuelto al país, luego de trabajar fuera por un tiempo. Probablemente, otros más retornarían en algún momento si vieran que en el Perú se les abre un espacio para ejercer su vocación pública. Pero, hasta donde puede avizorarse, tal eventualidad es sumamente improbable.
Hace algunas semanas, un distinguido miembro de esa elite sin implantación me confesaba en Lima la angustia que le genera el panorama electoral. Siendo él mismo alguien que no ha tenido militancia política ni alberga ambición personal alguna, según me consta, su preocupación no provenía del hecho de que una candidata de ese sector, Susana Villarán, no lograse siquiera aparecer en las encuestas. El tono desesperado de su voz tenía que ver con el probable dilema de tener que optar, como ciudadano, entre Lourdes Flores y Ollanta Humala.
El episodio ilustra la condición desgajada de esta élite que se ha perdido el país. Es un grupo que no se halla hoy reunido en torno a algún partido o líder pero que, mucho mas grave que eso, no parece encontrar un lugar donde ubicar su posible contribución pública. De hecho, una parte significativa de ellos ya ha optado por el repliegue al trabajo profesional.
La dificultad no reside, pues, en carecer de emplazamiento partidario. El problema de fondo consiste en que esta élite no tiene anclaje social. Pese a los valores de los que son portadores, sus miembros - hoy entre los 40 y 55 años de dad, aproximadamente, maduros en los varios sentidos de la expresión - no corresponden o no expresan a un sector social importante del país.
No pueden, pues, insertarse como elite. Cumplen los requisitos personales pero no tienen los vínculos con la sociedad que les permitirían desempeñar ese papel. Ciertamente, la ausencia o la debilidad de este nexo es un problema que no es sólo de ellos sino del país mismo.
El grueso del país ignora o desprecia a quienes tienen capacidades para formar una élite. O sospecha de ellos, como es el caso de la mayoría de los empresarios, demasiado conservadores o vastos para entender el rol que cabe desempeñar a quien piensa sobre algo distinto a hacer dinero. Carentes de una decisión de largo plazo y de un compromiso con el desarrollo de la nación, a la mayor parte de quienes hacen negocios en el Perú les basta con la ganancia. Lo demás estorba, aunque se ponga así de lado las posibilidades de contar con un país viable, en el cual el inversionista pueda incrementar beneficios.
Quizá la ceguera empresarial importe más debido al peso que este sector tiene en el juego del poder. Pero no es mejor la visión predominante en otros sectores. Las iglesias oscilan entre el conservadurismo y la mediocridad. Los militares, una vez liquidadas las inquietudes revolucionarias de hace mas de tres décadas, apenas atinan a defender porfiadamente las ventajas de sus fueros y ahora pretenden, con desfachatez, que se amnistíen sus crímenes. Y así sucesivamente.
Como si estuviéramos en plena Guerra Fría o en la España franquista, en el gabinete ministerial hay quien todavía hoy se refiere a algunos ex ministros del gobierno actual como "los rojos". Hasta ese punto se halla torpemente ideologizada la visión de las cosas en el país oficial que, radicalmente incapaz de aprender la lección que debieron asimilar con la guerra de Sendero Luminoso, hoy sólo reacciona con torpezas frente al rebrote subversivo.
Entretanto, el país real se halla dividido entre el atraso que viste de pobreza a la mitad de la población y el avance de un sector que se abre paso, haciendo dinero y escalando socialmente. Ni uno ni otros son conscientes de que el país requiere una élite para salir adelante.
Los sectores más pobres prefirieron –y probablemente prefieren– atribuir el papel de redentor a un líder fuerte que, como Fujimori, les arroje algunas migajas. Prevalece entre ellos la sicología del mendigo, que no se cree capaz de salir adelante y se halla a la espera de que la compasión de los que mandan le depare alguna mejora.
A los sectores venidos a más lo público parece tenerlos sin cuidado. Que los dejen hacer lo suyo –que es el billete– y, en consecuencia, alcanzar mejores condiciones de vida para quienes integran su entorno. Una cabeza dirigente para el país no está en sus planes. El estado, que sería uno de los centros de actuación de esa cabeza, parece ser visto, más bien, como una amenaza y no como un recurso que podría facilitar la expansión de este sector emergente.
Quienes avanzan, hoy en el Perú, embisten sin dirección global. Esto es, cada quien trata de moverse, lo más rápido que pueda, en el carril que tiene o cree tener. No se es consciente de que en la medida en que no avancen todos, el ascenso de algunos durará poco. Quizá algunos lo saben pero no les importa, porque sus planes están en otro lugar.
De una u otra manera, el país no está interesado en darse una élite que contribuya a conferirle dirección y perspectiva. Así, avanzando a trompezones, el Perú se dirige ahora a otra elección ruletera en la que puede salir elegido ésta o aquél, debido a razones de imagen. Pero, sin una élite que encare con capacidad los problemas del país, difícilmente podrá cambiar algo de fondo a partir del 28 de julio. Afrontemos el hecho de que el problema no sólo reside en una pobrísima oferta política. Se ha llegado al punto en el que tampoco hay una demanda social de una auténtica élite dirigente.
Monday, January 09, 2006
Fetichismo (I)
El verdadero fetichismo es exclusivo y excluyente. Pero los fetichistas radicales no abundan.
Por Marco Aurelio Denegri
Dícese que el fetichismo es excluyente, pero no necesariamente exclusivo. Exclusivo significa que excluye o tiene fuerza o virtud para excluir. También significa único, solo. Excluyente significa que excluye o que deja fuera o rechaza. De manera que estos dos adjetivos, exclusivo y excluyente, denotan lo mismo en su primera acepción; pero el adjetivo excluyente no tiene la segunda acepción de exclusivo, vale decir, no significa único o solo, o que excluye a cualquier otra cosa.
El fetichismo verdadero, sensu stricto, con exclusión de las partes genitales, es lo que se llama pars pro toto, la parte por el todo, por el conjunto o totalidad. El interés del fetichista se concentra en la parte, digamos en las manos o en los pies, o en el calzón o las medias, o en el sostén. Lo que pudiera valer el resto del cuerpo está, por decirlo así, concentrado en una sola parte, la cual vale por el conjunto o totalidad; y cuando se trata de prendas de vestir u objetos, éstos valen por sí propios, como elementos excitatorios y de complacencia, sin necesidad de que alguien los use para el disfrute sexual del fetichista. (Flaubert se deleitaba con las zapatillas de Louise Colet y se lo dice repetidas veces a ella en sus cartas.)
El fetichista considera objeto de excitación y deseo alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él. Esa parte o esa prenda fascina al fetichista y lo embelesa, excitándolo considerablemente y produciéndole goce intenso. (Téngase presente que el término fetiche se tomó del francés fétiche y éste del portugués feitiço, embrujo, hechizo, encantamiento.)
El verdadero fetichismo es exclusivo y excluyente. Pero los fetichistas radicales no abundan. Los que abundan son los que, priorizando su fetiche, no desdeñan, sin embargo, otras fuentes de atracción. Un fetichista de esta clase no se fija únicamente en el objeto fetichizado, aunque sí lo privilegia. Privilegia las manos o los pies, o las tres mentas, sobre todo la tetamenta y la nalgamenta, pero eso no le impide interesarse en otras partes de la anatomía. El verdadero fetichista no se interesa en otras partes. Por eso la exclusividad caracteriza su fetichismo.
El fetichismo es la fijación exclusiva y excluyente de una preferencia sexual. Las preferencias que no se fijan exclusivamente ni excluyentemente no son fetichísticas, sensu stricto, sino lato sensu.
Cuando un fetichista –como los chinos de antes– halla todo su goce en el objeto fetichizado o en la parte corporal fetichizada, estamos ante un caso de verdadero fetichismo.
Antiguamente, los chinos habían fetichizado tanto los pies femeninos, diminutos y contrahechos por el vendaje (recuérdese que a las chinas, desde su niñez, se les vendaba los pies); los chinos, decía, habían fetichizado tanto los pies femeninos, que un chino podía alcanzar fácilmente el orgasmo acariciando y besando un pie y poniéndolo en contacto con su pene. Las chinas eran hábiles, podalmente hábiles (podal significa relativo o perteneciente al pie, y lo mismo significa podálico); las chinas eran podalmente hábiles y aun muy hábiles, o sea perhábiles, y en consecuencia podían sujetar con los pies el miembro del varón y comenzar a moverlo y frotarlo y después restregarlo, esto es, frotarlo mucho y con ahínco (así dice el Diccionario). Va de suyo que los orgasmos que se producían por esta acción podal o podálica eran cataclísmicos. Llamábase en la China antigua "Lotos Dorados" a los pies femeninos y eran por cierto estimadísimos.
EN ESTA FOTOGRAFÍA de 1994 se ve a Claudia Schiffer en su mejor momento, luciendo prendas muy fetichizables y así mismo una cabellera blonda que despierta ánimo fetichizante. Hoy la Schiffer es una multípara otoñal y senescente.
Por Marco Aurelio Denegri
Dícese que el fetichismo es excluyente, pero no necesariamente exclusivo. Exclusivo significa que excluye o tiene fuerza o virtud para excluir. También significa único, solo. Excluyente significa que excluye o que deja fuera o rechaza. De manera que estos dos adjetivos, exclusivo y excluyente, denotan lo mismo en su primera acepción; pero el adjetivo excluyente no tiene la segunda acepción de exclusivo, vale decir, no significa único o solo, o que excluye a cualquier otra cosa.
El fetichismo verdadero, sensu stricto, con exclusión de las partes genitales, es lo que se llama pars pro toto, la parte por el todo, por el conjunto o totalidad. El interés del fetichista se concentra en la parte, digamos en las manos o en los pies, o en el calzón o las medias, o en el sostén. Lo que pudiera valer el resto del cuerpo está, por decirlo así, concentrado en una sola parte, la cual vale por el conjunto o totalidad; y cuando se trata de prendas de vestir u objetos, éstos valen por sí propios, como elementos excitatorios y de complacencia, sin necesidad de que alguien los use para el disfrute sexual del fetichista. (Flaubert se deleitaba con las zapatillas de Louise Colet y se lo dice repetidas veces a ella en sus cartas.)
El fetichista considera objeto de excitación y deseo alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él. Esa parte o esa prenda fascina al fetichista y lo embelesa, excitándolo considerablemente y produciéndole goce intenso. (Téngase presente que el término fetiche se tomó del francés fétiche y éste del portugués feitiço, embrujo, hechizo, encantamiento.)
El verdadero fetichismo es exclusivo y excluyente. Pero los fetichistas radicales no abundan. Los que abundan son los que, priorizando su fetiche, no desdeñan, sin embargo, otras fuentes de atracción. Un fetichista de esta clase no se fija únicamente en el objeto fetichizado, aunque sí lo privilegia. Privilegia las manos o los pies, o las tres mentas, sobre todo la tetamenta y la nalgamenta, pero eso no le impide interesarse en otras partes de la anatomía. El verdadero fetichista no se interesa en otras partes. Por eso la exclusividad caracteriza su fetichismo.
El fetichismo es la fijación exclusiva y excluyente de una preferencia sexual. Las preferencias que no se fijan exclusivamente ni excluyentemente no son fetichísticas, sensu stricto, sino lato sensu.
Cuando un fetichista –como los chinos de antes– halla todo su goce en el objeto fetichizado o en la parte corporal fetichizada, estamos ante un caso de verdadero fetichismo.
Antiguamente, los chinos habían fetichizado tanto los pies femeninos, diminutos y contrahechos por el vendaje (recuérdese que a las chinas, desde su niñez, se les vendaba los pies); los chinos, decía, habían fetichizado tanto los pies femeninos, que un chino podía alcanzar fácilmente el orgasmo acariciando y besando un pie y poniéndolo en contacto con su pene. Las chinas eran hábiles, podalmente hábiles (podal significa relativo o perteneciente al pie, y lo mismo significa podálico); las chinas eran podalmente hábiles y aun muy hábiles, o sea perhábiles, y en consecuencia podían sujetar con los pies el miembro del varón y comenzar a moverlo y frotarlo y después restregarlo, esto es, frotarlo mucho y con ahínco (así dice el Diccionario). Va de suyo que los orgasmos que se producían por esta acción podal o podálica eran cataclísmicos. Llamábase en la China antigua "Lotos Dorados" a los pies femeninos y eran por cierto estimadísimos.
EN ESTA FOTOGRAFÍA de 1994 se ve a Claudia Schiffer en su mejor momento, luciendo prendas muy fetichizables y así mismo una cabellera blonda que despierta ánimo fetichizante. Hoy la Schiffer es una multípara otoñal y senescente.
Saturday, January 07, 2006
Corrupción de la memoria
Columna: Asuntos personales
Por Jorge Bruce
CORRUPCIÓN DE LA MEMORIA
La amnistía de Iberico es una regresión a la oscuridad
En ocasiones, sentado tras el diván en mi consultorio, me ha ocurrido lo siguiente: una persona comienza su sesión diciendo “he tenido un sueño… pero no lo recuerdo”. Enfrentado a la frustración inherente a esa típica situación psicoanalítica, he pensado: ¿qué habría ocurrido si Martin Luther King, en vez de pronunciar su célebre discurso que comenzaba diciendo que había tenido un sueño, y que este era el de un mundo más tolerante y justo, hubiese dicho lo mismo que mi paciente? Esto es lo que he evocado ante la propuesta de amnistía para los militares violadores de derechos humanos, presentada por el congresista Luis Iberico. Lo que el fimista nos propone es la negación del sueño del gran líder norteamericano, asesinado por atreverse a imaginar y proponer un mundo más decente y respetuoso de los derechos del otro. Lo que nos está sugiriendo es que olvidemos el sueño, que nos pongamos prácticos y no nos detengamos en procesos innecesarios que desmoralizan a nuestras Fuerzas Armadas.
Deshonrar a la familia militar
La idea de Iberico, prestamente recogida por una serie de candidatos, no apunta solamente a captar esos votos de la “familia militar”, para lo cual fue convocado Luis Giampietri, como parte de una estrategia vergonzosa que es un insulto a la mejor tradición aprista. La amnistía no es solo una medida destinada a acelerar los juicios y abreviar el malestar de militares injustamente perseguidos, con lo cual obviamente todos estamos de acuerdo y es materia judicial, no legislativa ni mucho menos moneda electoral. El verdadero objetivo es el del borrón y cuenta nueva, aduciendo que los crímenes de los que se les acusa fueron cometidos en combate, defendiendo a la patria de los ataques del terrorismo que hoy vuelve a causar muertes y dolor. La verdad es que, tal como lo demuestra fehacientemente el Informe de la CVR y lo narra con seriedad y verosimilitud el libro de Ricardo Uceda, Muerte en el Pentagonito, la mayoría de las víctimas fueron producto de crímenes ajenos a la situación de combate. Fueron actos de crueldad y barbarie de los que esos militares implicados no son, por supuesto, los únicos responsables. Tanto quienes dieron esas órdenes como el poder civil que miró para otro lado, están implicados en esos años de abusos y atrocidades, en donde no solo Sendero, sino desgraciadamente muchos integrantes de las FF.AA. se ensañaron con los más desprotegidos del país.
“He tenido una pesadilla...”
Es indispensable honrar a quienes nos defendieron y por ello sufrieron daños materiales y psíquicos irreparables. Igualmente, es esencial reconocer el terrible perjuicio sufrido por víctimas inocentes, atrapadas en la espiral tanática de un enfrentamiento que era, en el fondo, una violenta puesta en escena de la parte más oscura y negada de la Historia del Perú. Asimismo, es nuestro deber como sociedad reparar tanto a unos como a otros. Pero lo que nunca deberíamos hacer es ceder a la indigna propuesta de Iberico, quien prefiere apagar la luz que con tanta dificultad estamos encendiendo. La moral de las FF.AA. no se va a fortalecer porque los tratemos como si no fueran capaces de enfrentarse al mayor desafío con el que todos nos topamos tarde o temprano: este es la verdad que aguarda en el trasfondo de nuestra memoria, individual y colectiva. Esto es lo que la amnistía pretende anular. Ese encuentro privilegiado entre un hombre y sus demonios. Entre una institución y el juicio de su tiempo. Entre una sociedad y su Historia. Hacer eso, lejos de levantarles la moral, constituye una invitación a la cobardía, esa salida facilista que hace un soberbio maridaje con la impunidad. Iberico nos propone -y buena parte de la clase política aplaude- un pacto con la mentira, es decir con la corrupción de nuestra memoria común. Le debemos tanto a las víctimas inocentes como a los militares dignos, la obligación de rechazar con claridad y energía este nuevo intento de violación de los derechos civiles. O bien la pesadilla, inexorablemente, volverá a comenzar.
Por Jorge Bruce
CORRUPCIÓN DE LA MEMORIA
La amnistía de Iberico es una regresión a la oscuridad
En ocasiones, sentado tras el diván en mi consultorio, me ha ocurrido lo siguiente: una persona comienza su sesión diciendo “he tenido un sueño… pero no lo recuerdo”. Enfrentado a la frustración inherente a esa típica situación psicoanalítica, he pensado: ¿qué habría ocurrido si Martin Luther King, en vez de pronunciar su célebre discurso que comenzaba diciendo que había tenido un sueño, y que este era el de un mundo más tolerante y justo, hubiese dicho lo mismo que mi paciente? Esto es lo que he evocado ante la propuesta de amnistía para los militares violadores de derechos humanos, presentada por el congresista Luis Iberico. Lo que el fimista nos propone es la negación del sueño del gran líder norteamericano, asesinado por atreverse a imaginar y proponer un mundo más decente y respetuoso de los derechos del otro. Lo que nos está sugiriendo es que olvidemos el sueño, que nos pongamos prácticos y no nos detengamos en procesos innecesarios que desmoralizan a nuestras Fuerzas Armadas.
Deshonrar a la familia militar
La idea de Iberico, prestamente recogida por una serie de candidatos, no apunta solamente a captar esos votos de la “familia militar”, para lo cual fue convocado Luis Giampietri, como parte de una estrategia vergonzosa que es un insulto a la mejor tradición aprista. La amnistía no es solo una medida destinada a acelerar los juicios y abreviar el malestar de militares injustamente perseguidos, con lo cual obviamente todos estamos de acuerdo y es materia judicial, no legislativa ni mucho menos moneda electoral. El verdadero objetivo es el del borrón y cuenta nueva, aduciendo que los crímenes de los que se les acusa fueron cometidos en combate, defendiendo a la patria de los ataques del terrorismo que hoy vuelve a causar muertes y dolor. La verdad es que, tal como lo demuestra fehacientemente el Informe de la CVR y lo narra con seriedad y verosimilitud el libro de Ricardo Uceda, Muerte en el Pentagonito, la mayoría de las víctimas fueron producto de crímenes ajenos a la situación de combate. Fueron actos de crueldad y barbarie de los que esos militares implicados no son, por supuesto, los únicos responsables. Tanto quienes dieron esas órdenes como el poder civil que miró para otro lado, están implicados en esos años de abusos y atrocidades, en donde no solo Sendero, sino desgraciadamente muchos integrantes de las FF.AA. se ensañaron con los más desprotegidos del país.
“He tenido una pesadilla...”
Es indispensable honrar a quienes nos defendieron y por ello sufrieron daños materiales y psíquicos irreparables. Igualmente, es esencial reconocer el terrible perjuicio sufrido por víctimas inocentes, atrapadas en la espiral tanática de un enfrentamiento que era, en el fondo, una violenta puesta en escena de la parte más oscura y negada de la Historia del Perú. Asimismo, es nuestro deber como sociedad reparar tanto a unos como a otros. Pero lo que nunca deberíamos hacer es ceder a la indigna propuesta de Iberico, quien prefiere apagar la luz que con tanta dificultad estamos encendiendo. La moral de las FF.AA. no se va a fortalecer porque los tratemos como si no fueran capaces de enfrentarse al mayor desafío con el que todos nos topamos tarde o temprano: este es la verdad que aguarda en el trasfondo de nuestra memoria, individual y colectiva. Esto es lo que la amnistía pretende anular. Ese encuentro privilegiado entre un hombre y sus demonios. Entre una institución y el juicio de su tiempo. Entre una sociedad y su Historia. Hacer eso, lejos de levantarles la moral, constituye una invitación a la cobardía, esa salida facilista que hace un soberbio maridaje con la impunidad. Iberico nos propone -y buena parte de la clase política aplaude- un pacto con la mentira, es decir con la corrupción de nuestra memoria común. Le debemos tanto a las víctimas inocentes como a los militares dignos, la obligación de rechazar con claridad y energía este nuevo intento de violación de los derechos civiles. O bien la pesadilla, inexorablemente, volverá a comenzar.
Los derechos humanos y el terrorismo
Los derechos humanos y el terrorismo – I
Cesar del Águila Ochoa
Lima
La iniciativa de dar una amnistía a los militares ha dado pie a los `defensores de los derechos humanos´ para que disparen contra los miembros de las Fuerzas Armadas y policiales que participaron en la lucha contra el terrorismo, lo cual, en un contexto en el que Sendero Luminoso ha reiniciado sus operaciones armadas, pone en peligro la seguridad interna del país. Lo que no logro entender es cómo, si la guerra aún no [ha] terminado, nos ponemos cabe entre nosotros mismos buscando juzgar al soldado que puso el pecho para que vivamos con cierta tranquilidad.
Los derechos humanos y el terrorismo – II
Jorge Zárate
Lima
Trabajé varios años en provincias muy olvidadas de la sierra y de la selva, donde pude recoger testimonios increíbles de la violencia terrorista. Por eso, al escuchar y leer en los medios –incluido Perú21– a quienes defienden y liberan a los subversivos (usualmente `pitucazos´ con afán de figuración mediática y política, como los que formaron parte de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) a los que dirigen las ONG `progresistas´), no dejo de sentir indignación y desilusión. Gracias a ellos, nuestra patria está a punto de caer nuevamente en el infierno del terrorismo y tienen el cinismo de envalentonarse cuando se les dice sus verdades en la cara.
Los derechos humanos y el terrorismo – III
Vladimir A. Cerna Barreto
Lima
Lamento mucho las declaraciones de los principales referentes de nuestra variopinta ‘clase’ política con respecto a la judicialización de las violaciones a los derechos humanos derivadas de las investigaciones realizadas por la CVR, especialmente las del señor Arturo Woodman. Con su incorporación a la plancha presidencial de Unidad Nacional, mi voto por esa opción estaba un 70% seguro, pero ahora sé que debo evaluar dicho apoyo, pues Woodman utiliza los mismos argumentos de los llamados políticos `tradicionales´ y acentúa la percepción conservadora de su opción política ¿Acaso él nos quiere decir que los militares no deberían ser ni siquiera investigados, pues la lucha antisubversiva los facultaría a quedar excluidos del estado de derecho? Ojalá que el señor Woodman recuerde que quienes fueron sometidos a violaciones sistemáticas de sus derechos humanos, tanto por Sendero Luminoso como por malos militares, forman parte del pueblo peruano.
Los derechos humanos y el terrorismo - IV
Walter Caballero Rodríguez
Lima
Nuestro país no va a la par con los cambios que se han dado en el mundo con respecto a la violación de los derechos humanos. Proponer amnistiar a todos los militares que cometieron excesos en la guerra antisubversiva me parece una soberana estupidez, la cual ha sido propuesta por un congresista que está totalmente perdido en temas militares. Santiago Martin Rivas y compañía estarán saltando en un pie.
Respuesta de Perú21: Son los jueces y no los políticos quienes deben decidir, con agilidad e independencia, estos asuntos.
Cesar del Águila Ochoa
Lima
La iniciativa de dar una amnistía a los militares ha dado pie a los `defensores de los derechos humanos´ para que disparen contra los miembros de las Fuerzas Armadas y policiales que participaron en la lucha contra el terrorismo, lo cual, en un contexto en el que Sendero Luminoso ha reiniciado sus operaciones armadas, pone en peligro la seguridad interna del país. Lo que no logro entender es cómo, si la guerra aún no [ha] terminado, nos ponemos cabe entre nosotros mismos buscando juzgar al soldado que puso el pecho para que vivamos con cierta tranquilidad.
Los derechos humanos y el terrorismo – II
Jorge Zárate
Lima
Trabajé varios años en provincias muy olvidadas de la sierra y de la selva, donde pude recoger testimonios increíbles de la violencia terrorista. Por eso, al escuchar y leer en los medios –incluido Perú21– a quienes defienden y liberan a los subversivos (usualmente `pitucazos´ con afán de figuración mediática y política, como los que formaron parte de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) a los que dirigen las ONG `progresistas´), no dejo de sentir indignación y desilusión. Gracias a ellos, nuestra patria está a punto de caer nuevamente en el infierno del terrorismo y tienen el cinismo de envalentonarse cuando se les dice sus verdades en la cara.
Los derechos humanos y el terrorismo – III
Vladimir A. Cerna Barreto
Lima
Lamento mucho las declaraciones de los principales referentes de nuestra variopinta ‘clase’ política con respecto a la judicialización de las violaciones a los derechos humanos derivadas de las investigaciones realizadas por la CVR, especialmente las del señor Arturo Woodman. Con su incorporación a la plancha presidencial de Unidad Nacional, mi voto por esa opción estaba un 70% seguro, pero ahora sé que debo evaluar dicho apoyo, pues Woodman utiliza los mismos argumentos de los llamados políticos `tradicionales´ y acentúa la percepción conservadora de su opción política ¿Acaso él nos quiere decir que los militares no deberían ser ni siquiera investigados, pues la lucha antisubversiva los facultaría a quedar excluidos del estado de derecho? Ojalá que el señor Woodman recuerde que quienes fueron sometidos a violaciones sistemáticas de sus derechos humanos, tanto por Sendero Luminoso como por malos militares, forman parte del pueblo peruano.
Los derechos humanos y el terrorismo - IV
Walter Caballero Rodríguez
Lima
Nuestro país no va a la par con los cambios que se han dado en el mundo con respecto a la violación de los derechos humanos. Proponer amnistiar a todos los militares que cometieron excesos en la guerra antisubversiva me parece una soberana estupidez, la cual ha sido propuesta por un congresista que está totalmente perdido en temas militares. Santiago Martin Rivas y compañía estarán saltando en un pie.
Respuesta de Perú21: Son los jueces y no los políticos quienes deben decidir, con agilidad e independencia, estos asuntos.
Subscribe to:
Posts (Atom)